miércoles, 2 de septiembre de 2020

Neolengua, lengua de consenso y otras lenguas de censura, por François-B. Huyghe


Controlar la lengua es poder controlar y orientar a las multitudes. De las jergas profesionales al lenguaje inclusivo hay todo un arsenal desplegado para hacer, del necesario orden de las palabras y las frases, una puesta a disposición de ambas a las ideas. Censura oficial y autocensura individual pueden conjugarse al servicio de un totalitarismo verbal para favorecer un supuesto bien. La mayor parte de los lectores estarán de acuerdo en que la lengua es un sistema de signos que, a priori, está hecho para comunicarse. Pero también hace que se interiorice un poder: utilizar algunas palabras, en cierta forma, prohíbe pensar algunas ideas. Leer artículo