Progresismo: ¿la hora del reflujo? El abuso del progresismo puede provocar una marea conservadora, por Jérôme Blanchet-Gravel


Racismo sistémico, apropiación cultural, violencia simbólica... ¡Occidente no lo soporta más! Empachadas por conceptos abstractos creados por universitarios y difundidos por las asociaciones, las sociedades occidentales comienzan a manifestar su voluntad de volver a los valores clásicos.

Era previsible: los años precedentes han estado marcados por una sucesión de falsos escándalos que han revelado el verdadero rostro de los caballeros de la rectitud. Todos sus grandes temas aparecen en los medios, después de haber sido elaborados en las universidades. Como las muñecas rusas, cada tema contiene otro, que a su vez anuncia el siguiente. Desde el racismo sistémico a la apropiación cultural, pasando por el “privilegio blanco”, se muestran intratables. Los Torquemada de todo lo que es occidental han triunfado.

La pequeña derecha que sube, sube y sube…

Pero el retorno del péndulo está en curso. No sólo el ascenso de las derechas por todo el mundo tiene ya el efecto de controlar los excesos de la rectitud, sino que esta última comienza a dudar de sí misma. La constancia de Trump en los Estados Unidos no es ajena a todo esto. La victoria de Bolsonaro en Brasil tampoco, igual que la resistencia cultural de algunos países de Europa del Este. Reprimida durante mucho tiempo, la identidad sale a la superficie. La desgraciada identidad, dirán algunos, quizás pueda ser, finalmente, la identidad victoriosa.

Se han empleado en multiplicar los tabúes y las prohibiciones. Han surfeado sobre la ola de la deconstrucción sin darse cuenta de que estaban provocando un tsunami en sentido contrario. Han querido asegurar su control sobre la lengua, importando de los Estados Unidos una multitud de conceptos que la población no puede digerir. Han descrito el mundo con palabras que el pueblo no conoce, para marcar su distancia con él y hacerle pasar por ignorante. Han racializado todas las relaciones sociales en nombre del antirracismo.

El retorno de lo real

Se han convertido en habituales los conceptos de racismo sistémico, de violencia simbólica y de apropiación cultural, herramientas ideológicas destinadas a bloquear el debate. Han llegado a inventar, incluso, la “laicidad abierta” para no proponer nada más que la ausencia de laicidad. Si la primera función del lenguaje es la de describir la realidad, es obligatorio constatar que aquel es cada vez menos real. Para ciertos intelectuales, su tarea ya no es describir la realidad, sino hacer abstracción de las cuestiones que preocupan a la gente corriente. El pueblo siempre se equivoca, pretenden los neoprogresistas, contrariamente a lo que decía Rousseau.

Como en el vasto mundo de la sexualidad, los tabúes y las prohibiciones sólo producen fenómenos de represión. En los Estados Unidos, varios observadores ya han escrito que el fenómeno Trump estaba directamente dirigido a romper con la corrección política. De hecho, la represión vinculada a las prohibiciones a menudo conduce a desviaciones. El advenimiento de Trump es una extravagancia de la historia que ha llegado como respuesta al gran desbordamiento. ¿Tomará nota de ello la izquierda norteamericana?

Este año será conservador o no será

El primer ministro canadiense Justin Trudeau declaró que quería vigilar de cerca los movimientos opuestos a la inmigración. Una declaración que no le va a servir de gran cosa. Incluso en Canadá, un país que parece evolucionar al margen de la historia, un cierto renacimiento conservador parece estar echando raíces. Pese a la inclinación de los canadienses por el humanitarismo vestido de rosa, un pequeño cambio se está produciendo, pequeño cambio, quizás, pero no insignificante dentro del laboratorio de la feliz mundialización. 

En los años precedentes, gobiernos de tendencias conservadoras han llegado al poder. Pese a las divergencias entre estos gobiernos, los partidos de la derecha van poniendo fin a varios lustros de gobiernos liberal-progresistas. Y ello sin contar con la crítica del multiculturalismo, que se extiende como un reguero de pólvora. Hay un perfume de conservadurismo en el aire, cada vez más difícil de ignorar por todo Occidente. Fuente: Causeur