Elección de Zelensky: una oportunidad para Ucrania y para la verdadera Europa, por Henri Temple


La elección de Volodymyr Zelensky como presidente de Ucrania es más importante de lo que parece. Se trata de un acontecimiento que puede cambiarlo todo en el país ucraniano y redistribuir las cartas del juego diplomático en Europa.

Con la expresión “todo es posible” el actor y humorista Volodymyr Zelensky ha resumido su elección con el 73% de los votos a la presidencia ucraniana. Esta frase recuerda a la célebre de Richelieu: “La política es el arte de hacer posible lo que es necesario”. Y, en efecto, todo es posible, lo que no significa que se haga todo lo que es necesario.

Zelensky, una derrota para Merkel

Posible para Ucrania, en primer lugar. La población ucraniana ha madura políticamente y quiere, por mayoría de tres cuartos, la paz, el fin de la pobreza, el retorno de las libertades democráticas, el fin de la corrupción. A los que objetan la falta de experiencia del nuevo presidente, sería suficiente responderles que su predecesor Petro Porochenko tampoco la tenía, y que ha acumulado, en cinco años, el tomar partido por la guerra, el desprecio de las minorías, la corrupción, las milicias neonazis y la sumisión internacional a la Alemania de Merkel y a los Estados Unidos. Además, Angela Merkel había recibido, la semana anterior, a Porochenko, pero no a Zelensky, que Yves Le Drian había recomendado recibir en París.

Ciertamente, Zelensky no tendrá vía libre antes de seis meses, desgraciadamente, porque el parlamento será elegido en octubre. Sin embargo, es todo el “sistema Maidán” el que ha caído porque el nuevo presidente (un rusófono) ya ha anunciado que quiere relanzar el proceso de paz, es decir, los acuerdos de Minsk de 2014 y 2015.

Recordemos lo esencial: vigilancia y verificación del cese del juego por parte de la OSCE con la rápida liberación de prisioneros y amnistía; descentralización de los poderes, federalización en el este rusófono y en el oeste (Cárpatos); diálogo nacional y elecciones regionales. A pesar de los acuerdos firmados, Porochenko había rechazado el federalismo, se había negado a debatir con las “repúblicas del Donbass” y había proseguido, incluso incrementado, los actos de guerra. 

Con razón, los señores Zakharchenko y Plotnisky, respectivamente representantes de las "repúblicas" de Donetsk y Lugansk, estiman que la constitución de Ucrania debería ser modificada y que el país debe cambiar. Y es cierto que, además de la guerra que se ha librado contra ellos, Kiev se ha negado a pagar los salarios de los funcionarios, las pensiones, la atención médica y ha prohibido a estas poblaciones hablar su lengua materna (el ruso), así como participar en los escrutinios.

Otra Ucrania es otra Europa

Pero todo será también posible para Europa ‒la verdadera, la gran Europa‒ en un momento en que Bruselas se marchita y Trump está, finalmente, en condiciones de poder hacer lo que había prometido en su programa. Y esto coincide con el inminente abatimiento político y económico de Alemania, el Brexit, y la oleada demócrata-populista en Francia, Polonia, Chequia, Hungría, Austria, Italia, Finlandia, España, y en todas partes de Europa. En los Estados Unidos, la investigación rusa ha sido un fiasco y Trump ha salido reforzado. Además, ya no desea el lastre financiero y político de la OTAN, que él juzga demasiado costosa y obsoleta, y en consecuencia, ya no considera intervenir en Ucrania, lo que casi fue un casus belli para los rusos.

Por fin podrá celebrarse una gran conferencia sobre la paz y el desarrollo de la gran Europa. Las cuestiones geopolíticas serán las infecciones crónicas de Chipre y la Transnistria, incluso las de Montenegro, Kosovo y Macedonia. Pero los grandes temas serán, sin duda, Ucrania y Moldavia. Moldavia, que tiene un gran potencial agrícola, tiene vocación de entrar en la Unión europea y reunirse con sus hermanos de Rumanía. Ucrania no entrará en la UE ni en la OTAN. Territorio potencialmente rico y más extenso que Francia, debería tener el estatuto de país de ósmosis en la gran futura cooperación eurorrusa: deberíamos imaginar un amplio tratado de cooperación entre Europa del Oeste y Europa del Este (Ucrania, Bielorrusia, Rusia). En lugar de dejar partir, con dolor de corazón, a la inmensa Rusia hacia China, como podrían hacer temer los acuerdos de Shanghai.

¿Hacia una segunda Unión europea?

Será entonces indispensable extraer las consecuencias del fracaso del sistema bruselense y pensar la “segunda” Unión europea en torno a unos cuantos principios: todos los países de Europa Occidental deberán formar parte de esta segunda UE, sin excepción; toda Europa será pacificada y las armas nucleares no amenazarán a ningún país europeo; Las naciones recuperarán las opciones democráticas de sus destinos, siendo sustituido el actual Parlamento europeo por un “Parlamento de Parlamentos” con representantes de los parlamentos nacionales; la Comisión de Bruselas será sustituida por grupos intergubernamentales para conducir los grandes proyectos industriales y de investigación; el “acero del derecho comunitario” será mantenido transitoriamente, pero se pondrá el acento en el derecho transfronterizo; los ingresos percibidos en un país serán objeto de imposición en ese país; la economía será puesta al servicio de las naciones y no a la inversa; la política ecológica se centrará en los transportes mundiales, que contaminan el aire y destruyen el empleo, y en la polución atmosférica procedente de Alemania.  Fuente: Causeur