El gran proyecto de una universidad populista de Bannon se atasca


En un antiguo monasterio italiano, Steve Bannon, el exestratega de Trump, quiere montar una escuela de “gladiadores” para defender el “occidente judeocristiano”. Pero el silencio que reina todavía entre esos muros seculares atestigua el eco limitado que el americano encuentra en el Viejo continente.

Fundado en 1204 en el verde entorno del Piamonte de los Abruzos, a un centenar de kilómetros al este de Roma, la cartuja de Trisulti, convertida en monasterio cisterciense en 1947, decaía por falta de vocaciones.

El año pasado, el ministerio de Cultura confió la concesión para 19 años y por 100.000 euros al año al instituto católico Dignitatis Humanae (DHI), un centro de estudios dirigido por el británico Benjamin Harnwell, cercano a Bannon.

En las austeras celdas de los monjes, entre setos esculpidos y caminos de piedra, Harnwell quiere formar a los futuros líderes soberanistas, “guerreros culturales” contra el secularismo, el yihadismo, la inmigración clandestina y la explotación de los pobres por una poderosa élite. Será una formación hardcore, una especie de retiro espiritual, “para sacar de verdad todo lo que no es importante del alma humana y hacer entrar todo lo que es bueno y que pueda ser trabajado”.

Steve Bannon ha prometido ya un millón de dólares para financiar el proyecto pero, por el momento, parece ser el único en haber aportado realmente su parte. El americano ha encontrado un terreno fértil en Italia, dirigida desde junio de 2018 por una coalición entre la Liga y el Movimiento 5 estrellas (M5S). Para Bannon, si esta experiencia funcionara, podría “cambiar la política a nivel mundial”.

El sueño de Steve
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"El sueño de Steve era juntar una especie de populismo de izquierdas y un tipo de nacionalismo de derechas y hacer una entidad cohesionada”, y la unión Liga-M5S es el mejor ejemplo en el mundo, asegura Harnwell.

El poder le funciona por el momento a la Liga de Salvini, que obtuvo el 17% de los votos en las legislativas de marzo de 2018, pero que hoy tiene más del 32% de la intención de voto si mañana se celebraran nuevas elecciones. Esto da alas a Salvini, que lanzó a comienzos de abril un llamamiento para la formación de un gran grupo soberanista, “el más importante en el Parlamento europeo”, con Marine Le Pen, Viktor Orbán y Geerts Wilders.

Esta federación de nacionalismos europeos es también el gran proyecto de Steve Bannon: después de su expulsión de la Casa Blanca, lanzó en Bruselas la fundación The Movement para poner en red a los partidos nacionalistas y populistas con vistas a las pasadas elecciones europeas y proponerles análisis y estrategias. Pero, con excepción de Salvini, los interesados no han puesto mucha atención en la máquina de guerra americana. Incluso si la mayor parte de ellos tienen el viento en popa en sus países, su unión en el Parlamento europeo es hipotética: los acentos comunes euroescépticos o antiinmigración no son suficientes para enmascarar sus profundas diferencias.

Disparos cruzados entre la Liga y el M5S
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En Italia, la campaña de Salvini se ha visto empañada por las acusaciones de corrupción contra un secretario de Estado de la Liga, y el M5S, en caída libre, ha reclamado ya con grandes aspavientos su dimisión. El proyecto de escuela de Bannon podría ser víctima de los disparos cruzados que se intercambian los dos aliados. Harnwell espera acoger a un puñado de estudiantes para tres semanas de formación ya desde este año, facturadas hasta 1.000 euros por persona, y contar con un total de 250 estudiantes cuando el proyecto haya llegado a la velocidad de crucero.

Haciendo genuflexiones en la capilla barroca y deambulando en las salas con techos decorados con frescos, asegura que un millar de potenciales estudiantes ya se han puesto en contacto con él. Pero solamente el 20% viene del Viejo continente. La mayor parte de sus discípulos serían anglosajones: británicos, americanos, canadienses y australianos. Ahora bien, por el momento, el antiguo monasterio no aloja más que a un montón de gatos callejeros. Habría que rehacer los tejados y las tuberías, instalar servicios, e internet…


Sabiendo que el monumento está clasificado como patrimonio nacional, superar la burocracia italiana ya sería un auténtico logro en sí mismo. Pero el ministerio de Cultura, dirigido por el M5S, podría deshacer la concesión. Ya ha anunciado que ha abierto una investigación sobre las condiciones de su atribución. ■ Fuente: Le Point