La profecía (adversa) de Karl Marx sobre el capitalismo financiero actual, por Diego Fusaro


En el tercer libro de El Capital, el filósofo alemán había anticipado el establecimiento de una nueva aristocracia financiera compuesta por usureros y parásitos que viven gracias a las estafas bancarias y a los robos legalizados.

El tercer libro del Capital de Karl Marx anticipa lo que se logró en el marco del nuevo orden mundial posterior a 1989, a saber, el establecimiento de una nueva aristocracia financiera compuesta de usureros y parásitos que viven gracias a las estafas bancarias y a los robos legalizados. Así es que Marx escribe en referencia a la creación financiera del capital:

"Reproduce una nueva aristocracia financiera (neue Finanzaristokratie), una nueva categoría de parásitos en forma de pensadores de proyectos, fundadores y simples directores nominales; todo un sistema de fraude y engaño relacionado con las fundaciones, las emisiones de acciones y el comercio de acciones".

Marx sigue efectivamente cómo el tránsito de la sociedad industrial a la financiera se caracteriza también por el paso de la riqueza productiva y empresarial a la parásita y el robo propios del "capitalismo financiero", como lo llamaba Luciano Gallino. Expulsada por la Revolución Francesa y la burguesía industrial, la aristocracia feudal se levantó de nuevo en la forma sin precedentes de la aristocracia financiera evocada por Marx, instalada ahora en el poder en el marco del capitalismo absoluto y financiero después de 1989. Claudio Tuozzolo insistió en ello en su ensayo "República: ¿trabajo, decrecimiento o finanzas? Marx y el capitalismo de los ingresos financieros" (2013), al que nos referimos aquí.

Ya no hay más trabajo, pero el ingreso se convierte una vez más en el eje del modo de producción neofeudal del capitalismo flexible. En palabras de Marx en referencia a la aristocracia financiera, "el beneficio se presenta exclusivamente en forma de renta" y "el beneficio total se embolsa únicamente en forma de interés, es decir, es una simple compensación por la propiedad del capital". La diferencia entre el capitalismo industrial y el capitalismo financiero, que sólo ahora se ha hecho realidad, ya está claramente subrayada por Marx, que muestra cómo, con el capitalismo financiero, la clase media y el mundo empresarial acaban por disolverse.

Si, de hecho, en el capitalismo empresarial, el capital es "propiedad privada de los productores individuales", con el advenimiento de la economía financiarizada, se produce la separación entre la propiedad y los productores: la consecuencia paradójica es que, en palabras de Marx, dentro de la producción capitalista misma, se logra "la anulación de la industria capitalista privada". El productor capitalista es sustituido ahora por el especulador financiero: si el primero arriesgaba su capital propio y acumulado, el segundo arriesga con una propiedad que no le pertenece y afirma que "otros ahorrarán para él".

Cima de la dinámica de absolutización y autonomía de la economía como proceso autorreferencial, el capitalismo financiero de la fase absoluta ya no se basa -como escribe y los "individuos realmente activos en la producción, desde el gestor hasta el último jornalero". Estos últimos son utilizados por la economía financiera como sus herramientas, como funcionarios del crecimiento infinito del valor: se controlan mutuamente y están sujetos a sanciones inflexibles contra todo aquel que no cumpla de la mejor manera su función como agente de valorización. El capital devora a sus propios agentes. Traducción: Carlos X. Blanco Martín. ■Fuente: fanpage.it