¿A dónde nos lleva la procreación médica asistida para mujeres solas y parejas de mujeres? Entrevista a François Olivennes y Dominique Folscheid, por Brice Perrier


François Olivennes publicó en 2018 un alegato en favor de la PMA (procreación médica asistida) para todas las mujeres, y Dominique Folscheid acaba de terminar un ensayo en el cual la fabricación de futuros bebés en laboratorio aparece como la apertura de una caja de Pandora del transhumanismo. Ginecólogo, François Oliviennes aporta a las mujeres la asistencia médica a la procreación, dirigiéndolas frecuentemente hacia bancos de esperma y centros extranjeros ante la falta de este servicio en Francia. El filósofo Dominique Folscheid es profesor en la Escuela de ética del hospital La Salpétrière, frecuentado por el personal de salud, donde invita a reflexionar sobre un cambio fundamental. Confrontando las dos visiones, entendemos la realidad de una práctica en su dimensión antropológica.

En los próximos meses vamos a debatir sobre la PMA solo para mujeres pero, ¿no se inscribe simplemente en el orden de las cosas y el espíritu de la época?

D.F. A eso, respondo positivamente.

F.O. Se inscribe efectivamente en una evolución de la sociedad y del modelo familiar.

Por otra parte, lo presentan como inevitable, puesto que las mujeres están acudiendo ya al extranjero para recurrir a ello, y Francia va por detrás.

F.O. Así es, ya que lo que va a ser autorizado aquí existe en Bélgica desde 1983. Hay que ser científico, y responder a una sola pregunta: ¿los hijos así concebidos son tan infelices como dicen los que se oponen? No, hay estudios que lo demuestran.

De ahí su fórmula dirigida a sus madres: ¡que las dejen en paz!

F.O. Sobre todo cuando esos niños no son muy numerosos. No van a perturbar la sociedad.

D.F. Su visión corresponde a la realidad a falta de conocer el sentido. ¿A dónde vamos?

¿Hacia lo que usted califica de revolución antropológica?

D.F. Estamos en el tren del progresismo, que no tiene por qué ser el del progreso. La PMA para todas constituye un vagón atado a uno precedente, pero se nos olvidan los siguientes vagones. Sin embargo, están ya enganchados a ese tren propulsado por una locomotora llamada la técnica. Por la tecnificación integral vamos a llegar a una operación de producción.

¿Con una desexualización de la concepción del niño que tiene relación con la naturaleza humana?

D.F. Han saltado tres cerrojos. Primero, en 1978, con el nacimiento de Louise Brown, el primer bebé creado fuera del sexo. Su autor, Robert Edwards, tuvo el premio Nobel por su acción contra la esterilidad, pero se ve eso es el velo que cubre otra cuestión. Se eliminó la relación entre un hombre y una mujer, ya que fue suficiente con tener unos gametos masculino y femenino. En segundo lugar, llegó el matrimonio para todos, que no concierne más que a una pequeña minoría pero que cambió la definición del matrimonio al no hacer falta ya la diferencia entre sexos. Por último, el tercer cerrojo es el momento en el que nos encontramos hoy en día, en la ausencia de motivación médica ya que las mujeres de que se trata no son infecundas. Solamente les falta un hombre, con varias posibilidades, lo cual causará problemas al legislador. Ya que están las lesbianas, pero también las mujeres solas. Con mujeres vírgenes que desean un hijo pero que no quieren un hombre, o con jóvenes viudas que no quieren un nuevo compañero, aunque desean ser madres, a ser posible, gracias al esperma del marido difunto. De ahí el problema de la inseminación post-mortem que se practica ya en España. Hay mujeres que rechazarán también la edad límite de 43 años y recurrirán a donación de ovocitos. Todo está ya pensado. Francia cree superar su retraso, pero otras etapas ya han sido cubiertas en el extranjero. ¿Cómo integrar todo ello en nuestras leyes de bioética? ¿Qué límite vamos a ponernos?

F.O. Desde los comienzos de la PMA se oyen los mismos argumentos sobre las peligrosas derivaciones que van a cambiar a la humanidad. Cuando Louise Brown nació, no todo el mundo dijo bravo. La Iglesia rechazaba el bautismo y muchos se posicionaron contra la fecundación in vitro (FIV). Lo mismo con la llegada del diagnóstico preimplantación (DPI) que permite a las parejas portadoras de una enfermedad de evitarla a sus hijos. También se dijo que los franceses iban a poder escoger hasta el color de los ojos de sus hijos pero, ¿quién hace eso? La realidad es otra. El retrato apocalíptico de una reproducción desatada no existe, en todo caso en Francia donde la PMA se practica desde hace veinte años. Francia ha puesto sus protecciones. La cuesta abajo que usted describe no es más que un miedo que no se corresponde con la realidad.

Usted dice que la ética no puede ser un motivo aceptable de rechazo…

F.O. Los miedos no están justificados. Por supuesto que una tergiversación de la PMA es posible, pero nos corresponde a nosotros ponerle un marco para protegerse. Tampoco me gusta una práctica sin restricciones.

D.F. Usted olvida un factor potente como es el seguimiento de una técnica que ha cambiado de naturaleza. Instrumentaliza a cada uno, y todo lo que sea técnicamente posible será realizado. Cuando se está en el mundo del deseo y que la técnica existe, se está en una corriente hacia adelante. Es el espíritu de los tiempos. Vivimos en una tecnoesfera, en un mundo globalizado con una técnica que nos invade por todas partes. ¿Cómo pensar que no afectará también a la procreación?

F.O. La realidad de mi trabajo es que se trata de 95% de parejas heterosexuales que no pueden concebir desde hace años de relación.

La ley actual impone ese perfil.

F.O. Entiendo los riesgos, pero esas parejas tienen un problema de esterilidad. Y era lo mismo en el gran centro de FIV de Nueva York donde trabajé. Allí no había locos que venían a pedir cosas imposibles. Las derivaciones en el sentido filosófico o ético pueden existir, pero de forma ultraminoritaria. No creo que las parejas ya no vayan a tener relaciones porque vayan a preferir concebirlos mediante FIV. Ni que harán diagnósticos genéticos sobre embriones. Solamente 20% de las parejas lo solicitan en el caso de donación de ovocitos. Si lo que usted dice fuera cierto, todas lo pedirían.

D.F. Enmarcar el sistema es complicado. Un segundo sistema se extiende en Francia como en otros lugares: hay mujeres que dicen que continuarán recurriendo a la empresa danesa Cryos, que permite escoger al donante. Un problema que la ley va a tener que resolver. ¿Cómo vamos a hacerlo? Sabemos que no tenemos donantes de esperma suficientes y que el niño tendrá derecho a conocer a su progenitor.

Eso lleva a la pregunta de la genealogía y de la necesidad de saber de dónde se viene. ¿Tenemos suficiente experiencia para decir que no es un asunto problemático para un niño el hecho de ignorar sus orígenes?

F.O. Hay una incertitud. Algunos niños han salido en la televisión francesa para decir que todos aquellos nacidos de donación busquen a su progenitor, pero no es tan fácil. Hay países que dan acceso a los donantes en caso de petición, y no son muchos. Las posiciones son muy diversas en esta cuestión de los orígenes. Algunos piensan que es un problema, otros que no. Algunos debates tuvieron lugar en la precedente ley de Bioética, sin llegar a un consenso, y se decidió mantener el anonimato.

D.F. Pero ya se van moviendo las cosas. En Estados Unidos, hay clubs que reúnen a la gente que busca sus orígenes. Surge un vacío cuando un niño ha sido deseado por procreación asistida con donación. Lo que yo veo en la PMA para todas, y la gestación para todos que también vendrá, es que hay forzosamente donación de gametos.

F.O. La donación no es anónima por obligación. Va a serlo hoy ya que es más fácil de recurrir a un banco de esperma. Pero si las mujeres pueden contar con un donante conocido sin que éste quiera derecho sobre el hijo, como es el caso de Bélgica, algunas acudirán a esta opción. Pero nadie puede decir cuál será la felicidad o no de estos niños, y esta cuestión no puede agitarse como un espantajo.

Sin embargo, es un problema a contemplar, como el rechazo de un hijo en función de un diagnóstico preimplantación. Edwards dijo que era un pecado para los padres el no querer un hijo que no tuviera todas las cualidades…

F.O. Se le ha acusado de ser el diablo que permitía escoger a los hijos en función de ciertos criterios. Pero él aconsejaba solamente que las parejas pudieran rechazar el tener un hijo con síndrome de Down, no el que exigieran que tuviera los ojos azules. ¿Es tan sorprendente? Puede haber derivas con este diagnóstico, pero existe desde hace veinticinco años y ningún Estado europeo permite a una pareja reclamar un niño en lugar de una niña. Los que deseen esto tendrán que ir a Estados Unidos o a Ucrania.

D.F. Usted habla de derivas mientras que, en realidad, es la lógica del proceso. La genética avanza muy rápido y ofrece medios de chequeo cada vez más precisos y a un precio más abordable. ¿No cree usted que eso va a conectarse con la PMA?

F.O. Automáticamente, no.

D.F. Puede ser que no se dé en el sistema francés. Pero en Gran Bretaña, están ya en el punto de no implantar los embriones sospechosos de portar el gen de la obesidad. El diagnóstico DPI es ya sistemático y estará necesariamente ligado a la genética. ¿Por qué no hacerlo? Incluso si mantenemos este sistema que usted piensa poder encerrar, va a haber quien se escape. Mire lo que sucede en los países donde está liberalizado: se escoge a los donantes por catálogo.

F.O. Le aseguro que no será así.

Así sucede en Estados Unidos.

F.O. Estados Unidos no es Francia. Allí, usted puede escoger su donante de ovocitos en un catálogo. Pero, de diez personas que vienen a verme, la mayor parte viajan a España para conseguir un donante anónimo y una o dos solamente acaban en esos catálogos americanos.

Según ustedes, ¿la deriva hacia el posthumano es inevitable?

D.F. Sí, ya que la demanda es masiva.

F.O. Yo no lo creo así.

A nivel práctico, visto que el aprovisionamiento en esperma ya es un problema la PMA para todas, ¿se convertirá en una promesa imposible de mantener? Como lo fue la adopción para todos que no puede ser realidad hoy en día por falta de niños dados en adopción.

F.O. Ante esa dificultad, los belgas han puesto una serie de criterios éticos para definir cuáles son los bancos extranjeros con los que se podría trabajar. Podríamos hacer lo mismo.

D.F. Tomando una decisión en lugar del niño. El debate sobre la nocividad de vivir con un origen desconocido está lejos de haberse terminado, mientras que estamos ya en el poder de decisión cuando se trata de hacer niños mediante PMA.

F.O. Eso es cierto.

D.F. Hay una gran distancia, y el niño es el gran mudo en esta historia. No tiene ningún derecho y hacemos lo que queremos porque es posible.

F.O. Las consultas de Psicología no están llenas de niños problemáticos porque no tienen padre. No digo que no haya, pero rechazar la PMA porque podría darse ese tipo de problema me parece poca justificación. Ante la duda, sería mejor abstenerse de prejuzgar el bienestar de esos niños.

D.F. Hablar de bienestar es inapropiado ya que no estamos en la piel de personas que viven su propia historia. Pero veo un gran problema, de orden filosófico, cuando terceras personas eligen cuestiones que conciernen al origen de un ser humano.  Traducción: Esther Herrera Alzu. Fuente: Marianne