El coste de la inmigración en Alemania: 23.000 millones de euros por año, por Christian de Moliner


Alemania ha tenido la valentía que falta en otros países europeos: ha publicado las cifras del coste de la inmigración. Si la factura migratoria se publicara en España o en Francia, sería considerada como un acto racista.

Alemania, durante 2018, ha gastado 23.000 millones de euros en sus refugiados. Una cifra colosal. En 2017 fueron 20.000 millones. Estas gigantescas sumas producen vértigo y podemos preguntarnos legítimamente si no se han gastado en vano, puesto que las estadísticas publicadas en Alemania muestran que entre los recién llegados impera el desempleo tres años después de su llegada a Alemania. ¿Encontrarán un empleo algún día? La mayoría carecen de estudios, y sus dificultades con la lengua alemana hacen más difícil todavía cualquier formación. Y los pocos con formación sufren el desclasamiento: ingenieros que hacen de vigilantes nocturnos o de encargados de obra. Incluso algunos sirios declaran tener un nivel de vida inferior al que tenían en su país de origen. Al menos tienen el mérito de querer integrarse y de aceptar un empleo incluso por debajo de su cualificación.

La llegada de más de un millón de hombres solteros, sin pareja ni familia, poco respetuosos con la libertad de las mujeres, ha aumentado, sin duda, la criminalidad y ha multiplicado las agresiones sexuales. El número de estos lamentables sucesos se ha triplicado desde su llegada.

El balance no puede ser más negativo. Merkel imaginaba, en su ingenuidad o en su perversidad, importar hombres bien formados para compensar la baja natalidad alemana. Sus sueños han despertado por la amarga realidad. Y parece haber comprendido que éste no era el camino, pues se han destinado 7.300 millones de euros a tomar medidas de prevención de la inmigración. Otra colosal cifra. Estas cifras demuestran la inanidad de la apertura de fronteras y la torpeza de Merkel en 2015, hipócrita y poco gloriosa.

Incluso Merkel se dirige a Libia, para negociar con las milicias y los gobiernos que se disputan el país, con el objetivo de convencerles de retener, a cualquier precio, a los potenciales migrantes de ese país, de disuadirles de embarcar en pateras, y si lo hacen, con la advertencia de que serán interceptados y devueltos al punto de partida. Todas estas medidas suponen un coste inasumible en miles de millones de euros.

Turquía también ha sido “sobornada” para que impida al millón de refugiados que están en su territorio partir hacia Grecia, mientras que los países africanos, a cambio de generosas ayudas, emiten los papeles necesarios para la repatriación de los rechazados por el derecho de asilo.

Douglas Murray, en su libro “El extraño suicidio de Europa”, adelantaba un coste de 18.000 millones de euros por la inmigración para Gran Bretaña. A la vista de las cifras alemanas, su estimación era acertada.

Algunos pueden juzgar, incluso, que la inmigración es algo excelente, que hay que abrir nuestras fronteras todavía más, pero es ingenuo (o perverso) creer que todo esto nos sale gratis. ■ Fuente: Boulevard Voltaire