La feminización del mundo, por Bruno de Cessole


El macho europeo se porta mal, y la virilidad es un valor en declive. Es suficiente abrir un periódico, ojear las páginas de publicidad, ver una película, escuchar el discurso ambiente, para constatar que los símbolos femeninos están de moda, mientras que las cualidades llamadas viriles están en decadencia.

Dos mil años de guerra conformaron el Viejo continente, un siglo de feminismo y de freudismo ha sido suficiente para que sea puesta en cuestión su identidad, su estructura mental y su destino. Como clamaba Aragon, la mujer es ahora “el futuro del hombre”, o según Malraux, “el último opio de Occidente”.

El hecho de que esta evolución permaneciera en el ámbito de la intimidad y de las costumbres era ya, ciertamente, lamentable, pero hubiera sido poco consecuente si no afecta también en la esfera pública, donde el impacto del fenómeno es de una magnitud completamente diferente. Cuando una sociedad privilegia el principio de precaución y el “riesgo cero” en detrimento del riesgo asumido y del compromiso, cuando otorga la preferencia a los sentimientos y a la abdicación en detrimento del coraje y del enfrentamiento, cuando rechaza la fuerza y el poder en beneficio de la búsqueda del consenso y del confort, renuncia al querer-vivir y a jugar todavía un papel en la historia. Y se convierte en presa de una sociedad competitiva, cuyos valores dominantes permanecen siendo viriles. ¿Por qué y cómo la virilidad ha dejado de ser un valor en Occidente? Tal es la cuestión que plantea Paul-François Paoli, un valiente ensayista, en su libro La tiranía de la debilidad. La feminización del mundo o el eclipse del guerrero, que no intenta ser, sin embargo, una apología de un pretendido “masculinismo” por imitación del feminismo.

El hombre y la mujer son diferentes pero participan de una humanidad común, escribe el autor, si bien condenando la transgresión de la singularidad de cada sexo en favor de las caracteres del otro: virilización de la mujer y feminización del hombre; porque existen ciertas tendencias, aspiraciones simbólica y psíquicamente sexuadas, como el predominio de la vida afectiva y familiar, la seguridad, en la mujer, y el gusto por la lucha y el poder en el hombre. En fin, más allá del valor intrínseco de cada individuo, existe, según afirma el autor, una superior dominación masculina innegable tanto en el orden físico como en el orden intelectual que es independiente de las condiciones históricas y sociales. En el curso de los siglos, el hombre occidental se ha construido sobre el Logos, el pensamiento conceptual, teológico, filosófico y científico, mientras que la mujer reivindicaba para sí el poder del Eros, sexual, profético y místico.

Sin ceder a la tentación del esquematismo y del maniqueísmo, sin caer en el pensamiento blando y consensual, Paoli osa afirmar que existe un vínculo entre el predominio de los valores femeninos y el hecho de que Europa salga de la historia. Y plantea dos cuestiones iconoclastas: el éxito y el futuro del islam ¿no sería debido al tradicional acento puesto sobre los valores viriles, el lugar ocupado por la autoridad de los padres y de los hermanos sobre las mujeres? El fenómeno de las violencias juveniles en el seno de nuestras sociedades ¿no estaría ligado a la enfermedad de unos jóvenes para los que la figura del padre ha dejado de ser un símbolo y un modelo de virilidad?