Matanzas «racistas» en El Paso y Dayton: la histeria anti-Trump bate récords, por Nicolas Gauthier


Hay tantas y buenas razones para criticar a Donald Trump que no es necesario inventar otras premeditadamente malvadas, sobre todo, a raíz de los dos recientes asesinatos masivos de El Paso y de Dayton.

Estas dos matanzas en masa habrían sido obra de los “supremacistas blancos”. Bien. Donald Trump tuitea como “la persona menos racista del mundo” ‒lo que no quiere decir gran cosa viniendo de él‒, mientras sus numerosos adversarios insisten en escribir lo contrario en las redes sociales, hasta el punto de insinuar que el magnate y dirigente sería el instigador oculto de estas matanzas.

Para Pete Buttigieg, candidato a la investidura del Partido demócrata, “el nacionalismo blanco es el Mal. Anima a la gente a cometer asesinatos y es tolerado en los más altos niveles del gobierno americano. Esto debe cesar”.

Por supuesto. Se nos recuerda aquí que las palabras pueden ser seguidas por actos malvados cuando son mal comprendidas por los espíritus débiles. Pero el actual presidente americano no es precisamente conocido por su abundante producción político-filosófica. Y por esa misma razón, ¿habría que prohibir la lectura de El Capital de Marx por el simple motivo de que podría ser responsable del gulag soviético? ¿Quemar las obras de Diderot y Rousseau, ya que podrían ser susceptibles de haber dado una especie de salvoconducto intelectual a los que ejecutaron el genocidio de la Vendée? ¿Prohibir la difusión de la película Woodstock, porque Jimi Hendrix pudo haber influido en los asesinatos de Charles Manson, hippy influyente cercano a los Beach Boys? Mientras tanto, en esta locura, ¡enviemos a la innoble hermandad de los surfistas a Guantánamo!  

Sí, las ideas pueden acabar matando. Cuando, en 1969, Serge July, que aún no era el director de Libération, publicó Hacia la guerra civil, no estaba alentando a los futuros asesinos de las Brigadas rojas, de la Fracción armada roja o de la Acción directa. Sin embargo, les señaló algunos objetivos… Pero hacerle responsable del asesinato de Georges Besse, entonces patrón de Renault en 1985, supone un delicado paso que franquear. Y, de paso, habría que cerrar la Sorbona, sabiendo que, antes y después de la guerra, esta universidad formateó a tantos tiranos más o menos comunistas.

Volviendo a los Estados Unidos, aunque esta nación tiene el fúnebre récord de asesinatos en masa, ¿son estas matanzas de naturaleza racista? Admitiendo, incluso, que se tratase de un “racismo” en sentido único, blancos contra negros o hispanos, pues en sentido contrario no entra en la tradicional lógica humanista, nada es menos evidente.

Sobre todo, si creemos este apasionante estudio del Wall Street Journal, que se remonta a hace más de diez años para constatar que, más allá de los clichés racistas, la criminalidad habitual tiene un carácter principalmente de orden intracomunitario: “los blancos asesinan a los blancos, los negros asesinan a los negros”. ¿Cuáles son los principales motivos de estos crímenes? “Los triángulos amorosos, los ajustes de cuentas entre bandas rivales y las reyertas bajo la influencia del alcohol y las drogas”.

Estamos, por tanto, bastante lejos de los Black Panthers y del Ku-Klux-Klan, pero siendo testigos de los sobresaltos de una sociedad cansada, que una vez quiso ser la vanguardia del mundo, mientras que hoy no es más que un peso muerto que nunca termina de hundirse bajo el peso de sus propias contradicciones. Una sociedad sin fronteras que conduce a la construcción de otras nuevas, melting-pot postracial como horizonte insuperable, pero que asiste al nacimiento de un mundo donde las comunidades prefieren vivir lejos las unas de las otras en mayor medida que cohabitar en el seno de la “convivencia multicultural”. ■ Fuente: Boulevard Voltaire