¡La democracia es fascista!, demasiado «blanca» y antidemocrática, por André Perrin


El diario Libération no deja de sorprendernos. Este periódico nos libra lecciones de filosofía política cuando menos insólitas: las últimas elecciones europeas constituirían una etapa decisiva en el advenimiento de “una nueva forma de fascismo” y la democracia representativa sería una trampa montada por vaya usted a saber quién…

De esta forma, Libération daba a sus lectores la ocasión para proseguir la reflexión sobre los vicios de la democracia representativa que el diario ya había iniciado unos años antes. Esta vez, levantando acta de los resultados de las elecciones europeas, pone en evidencia que la lógica electiva arruina la verdadera democracia.

«Una nueva forma de fascismo paradójicamente democrático»
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Otro filósofo, colaborador habitual del periódico, Paul B. Preciado, ofrece una buena prolongación a esta tesis en una crónica titulada “El cuerpo de la democracia”, en cuyas primeras líneas se lee que las elecciones europeas constituyen una etapa decisiva en la construcción de “una nueva forma de fascismo paradójicamente democrático”. ¿Cómo es esto? En primer lugar, por supuesto, porque los electores han elegido a candidatos de Vox, de Reagrupación Nacional y de la Liga: “Es como querer jugar con un envenenador que rocía las cartas con cianuro declarando que quiere abrir un juego “igualitario” con sus colegas”.

«El sistema representativo antropocéntrico, patriarcal y colonial»
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Pero esto no es todo y tampoco es lo esencial. No vayan ustedes a pensar que sería suficiente prohibir a los ciudadanos “votar mal” para resolver el problema de la democracia representativa. No, el vicio tiene una solución más radical, porque su origen está profundamente envenenado: “El problema del fascismo democrático no es la extrema derecha”. ¿Qué es entonces? “Es el sistema representativo antropocéntrico, patriarcal y colonial, según el cual el consenso social se obtiene mediante un pacto de libre comunicación entre individuos humanos iguales ‒definidos, de antemano, en términos de ciudadanía burguesa, neurodominante, heteropatriarcal y blanca”. Dicho de otra forma, la igualdad de los ciudadanos ante el derecho de voto es una ficción, porque el cuerpo electoral, en sí mismo, no es representativo.

En efecto, sólo estarían representados los ciudadanos burgueses neocolonialistas, esos que dominan a los demás gracias a sus neuronas, así como los heterosexuales y los heteronormados blancos. El resto es excluido, de tal suerte que el cuerpo electoral no es un cuerpo conveniente: “El desafío de la democracia es somatopolítico: ¿qué cuerpo se considera digno de voto? ¿Los cuerpos políticos (no representables y, por tanto, no soberanos) después (o incluso durante) el acto de representación?” Paul B. Preciado responde que están, en primer lugar, los abstencionistas, que él prefiere llamar “votantes abstencionistas”. Pero eso no es todo: si a estos se les añade “los ángulos muertos del sistema”, entonces se obtiene “el mapa de la democracia directa” que se opone a la falaz democracia representativa cuyos templos, casi vacíos, están “llenos de fascismo”.

«Las manos sin-papeles que masturban a los que votan»
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¿Así se constituye el auténtico y pleno cuerpo de la democracia directa que podría realizarse una vez destruidas las “convenciones antidemocráticas de la democracia?” Además de los “votantes abstencionistas”, todos esos no-votantes que son los presidiarios, los menores, los enfermos psíquicos, los migrantes, los refugiados, los vagabundos, los comatosos, los depresivos, “las manos sin-papeles que masturban a los que votan”, los animales domésticos, los animales salvajes, los corales y, cómo no, el agua. No se trata, evidentemente, de reclamar el derecho de voto para todos estos “ángulos muertos”, lo que equivaldría a volver a caer en el “formalismo representativo”. “No reclamamos el derecho de voto. Sino el derecho de los cuerpos. Y así construir una democracia somatopolítica directa”. Todos juntos, ¡qué guay!

Hay que agradecer a Libération que ofrezca a sus lectores tan bellas lecciones de filosofía política. Ahora pueden, empapándose de la fastidiosa lectura de Rousseau y de Sieyès, de Manin y de Rosanvallon, hacerse una idea clara y distinta, pero también profunda, de la forma en que la democracia directa puede remediar las carencias de la democracia representativa.  Fuente: Causeur