COVID: Estrategia de la conmoción y último gesto del Nuevo Orden Mundial, por Astolphe


Encerrada en su letargo, despreocupada por el mundo de después, la sociedad rumia algunas evidencias intemporales: La Unión Europea no sirve para nada; nuestros gobernantes son unos monigotes incompetentes y marrulleros; los medios de comunicación son mentirosos y corruptos. Todo esto es cierto, pero está lejos de la reflexión necesaria sobre el mundo que viene gracias a la última crisis sanitaria. Esta crisis es la conmoción que va a permitir a las fuerzas mundialistas ("Nunca dejar perder la oportunidad de una buena crisis") acelerar su agenda de control de las masas. En Sillicon Valley ya se han puesto al mando de una operación de choque que se va a prolongar en el tiempo. 

Sillicon Valley toma el control de la mundialización

Con la pandemia, las empresas de Sillicon Valley toman abiertamente el testigo de los estados-nación en los campos tan estratégicos como las cuestiones relativas a la salud y a la vigilancia de las poblaciones. Está al mando de todo ello porque son las únicas que disponen de una fuerza de ataque tecnológica a escala planetaria. Más todavía, es el estandarte de una ideología que ha colonizado, por las buenas o por las malas, las instancias de mando del mundo occidental de la posguerra: la ONU y otras organizaciones internacionales entraron en competición para gestionar la gobernanza global, la OTAN, los mercados financieros, las ONG alternativas de Soros, las instituciones europeas, partidos de gobierno, medios de comunicación, mafias mundializadas.  

Sillicon Valley es el cóctel tóxico de la psicología friki-tecnólogo/hippy con la reestructuración del estado profundo norteamericano (complejo militar-industrial y servicios de información, para abreviar). El acercamiento se efectuó a comienzos de los años 90, la caída de la Unión Soviética condujo a la reasignación de misiones y presupuestos de información al campo de la guerra económica. Mundialización y mundialismo parecían entonces unas formas inmanentes del fin de la Historia, teorizado por Francis Fukuyama. 

La CIA no tardó en invertir directamente en las microempresas nacientes de Sillicon Valley a través de su fondo In-Q-Tel, especializado en las tecnologías de la información. Fue un intercambio de buenos procedimientos ya que Sillicon Valley puso en marcha la arquitectura electrónica de nuestra jaula posmoderna. A mediados de los años 90, se produjo la aceleración de la mutación de Internet (red de origen militar) en un brillante rizoma multimedia de comunicación planetaria. Multinacionales y servicios de información americanos pudieron leer desde entonces, como en un libro abierto, todas las comunicaciones (por lo tanto, rastrear actividades, preferencias políticas y sexuales, opiniones) de los jefes de estado extranjeros, altos funcionarios, grandes directivos como también del común de los mortales planetario. Con la ayuda de la mundialización, China puso a disposición su mano de obra barata y sus tierras raras para la fabricación de aparatos de comunicación concebidos en Sillicon Valley. 

Hoy en día, como lo revela la publicación "Faits et Documents", los gigantes de Sillicon Valley y de Wall Street se coordinan con las autoridades chinas en el seno del Consejo de Administración de la Universidad china de Tsinghua, con ocasión de sus reuniones bianuales. Nada es suficiente para la mafia friki-tecnóloga de la Costa Oeste: Microsoft tiene una oficina en la ONU; Bill Gates dirige de hecho la OMS y Dinamarca nombra un embajador para tratar los asuntos con las GAFAM (las grandes multinacionales tecnológicas). 

La política, lo primero

Si Google pone discretamente en marcha el sistema de censura de China para beneficio del Partido Comunista chino, el activismo político de las GAFAM se despliega a plena luz del día en su país de origen. Cuando faltan seis meses para la próxima elección presidencial americana, el coronavirus es la coartada ideal para reforzar el control partidista de la información: Twitter censura los mensajes del presidente de los Estados Unidos porque sus tuits sobre el virus contradicen, según la fórmula consagrada, las "reglas de la comunidad" (¿qué comunidad es esa?). Al mismo tiempo, Facebook pone sobre la mesa ciento treinta millones de dólares para crear su "Corte suprema" (un consejo de vigilancia habilitado para retirar los mensajes que no sean políticamente correctos), compuesto por políticos liberales jubilados, apoyados por universitarios y periodistas de izquierdas. 

Estos frikis y las multinacionales que dirigen no son neutros, ciertamente, y no se contentan con transmitir un contenido. El tiempo de los pioneros ha terminado y, con la fortuna realizada, ahora se dedican a la difusión de la ideología mundialista que les importa sobre todo a los tycoons de la Costa Oeste. Es un punto esencial que hay que comprender: la guerra capitaneada por las GAFAM es estrictamente ideológica. El ejemplo de Youtube (filial de Google) es muy esclarecedor: su directora general, Susan Wojcicki admite sin ambages que su política de control sobre los contenidos desagrada a sus usuarios. Esto es, por lo tanto, de una perfecta ineptitud desde el punto de vista de la rentabilidad de su empresa. Pero a ella le importa un bledo y sortea la opinión de su clientela reforzando la censura en su plataforma. Además, Google trabaja –discretamente– mano a mano con el régimen chino, y Youtube suprime automáticamente los comentarios que critican al Partido Comunista chino. Delirio autoritario, hipocresía, autismo radical y devotos del Nuevo Orden Mundial. La ideología mundialista es consustancial a su origen social: son los retoños hippies de la alta burguesía norteamericana (judíos en una gran parte), que han pasado por las universidades de la Ivy League (las ocho universidades más cotizadas). Su aventura industrial, asociada desde muy pronto al mundo de la información y al estado profundo de Estados Unidos, da el último toque al retrato psicológico de estos emprendedores: una mentalidad juvenil y progresista de eterno adolescente, unida a una investigación patológica de la vigilancia y del control. 

Las herramientas de la era del buenismo

Por supuesto, su opinión de gentes razonables, benevolentes e informadas es la que debe prevalecer para que venga esta era del buenismo cuyos instrumentos dominan, como por un azar providencial. La benevolencia no excluye la desconfianza (como decía Lenin: “La confianza, está bien; el control, mucho mejor”) y detrás de sus tejemanejes moralizadores de guerreros de la justicia social, nuestros ángeles de la guarda tienen varios hierros incandescentes para imponernos un domino de la información total: 

La identificación biométrica para marcar el ganado humano. Sin duda, estará asociada a las campañas de vacunación obligatoria en nombre del necesario seguimiento de la información sanitaria. Bill Gates ha financiado la investigación sobre los “tatuajes con puntos cuánticos” que permiten, al mismo tiempo, vacunar y marcar a los vacunados; apoya además la iniciativa ID2020 cuyo objetivo es implantar la identificación biométrica. Primeras cobayas: los bebés de Bangladesh y las personas sin hogar de Austin (Texas). 

La geolocalización universal para localizar al rebaño: el individuo posmoderno no debería abandonar su domicilio sin una explicación válida. Por supuestas necesidades sanitarias, se justificarán aplicaciones de seguimiento en el teléfono móvil, concebidas por Apple y Google. 

El reconocimiento facial para facilitar el control y poner a punto un sistema de multas y recompensas como el utilizado en China (sistema de crédito social). Quien ha puesto en marcha este sistema, solicitado por el Partido Comunista chino, es Eric Schmidt, expresidente de Google. Microsoft es otro gran defensor del reconocimiento facial, y hay que saber que la casi totalidad de los países desarrollados ya lo han aprobado e integrado en sus legislaciones. 

La supresión del dinero en efectivo para vigilar al rebaño fiscal a través de sus datos financieros (India ha servido de terreno de experimentación a gran escala). Esto se hará, por su puesto, en nombre de la justicia social y de la inclusión financiera de los más pobres… Gracias a la pandemia de coronavirus, China ha puesto en “cuarentena” los envíos de dinero en efectivo, conforme a una recomendación de la OMS.

La censura digital y la generalización de un sistema de comprobación en línea que establecerá un Ministerio de la Verdad universal. Los algoritmos de Google y los ejércitos de fact checkers (correctores de noticias) de Youtube, Twitter y Facebook comunican las "verdades" útiles y hacen desaparecer las opiniones molestas. Facebook emite "advertencias" a los usuarios que han pulsado en "Me gusta" sobre "desinformación sobre el coronavirus"; Youtube suprime los vídeos que cuestionan a la OMS. Además, un antiguo ingeniero de Google (Greg Coppola) ha revelado recientemente que los resultados de búsqueda del motor del explorador están trucados. Los algoritmos de Sillicon Valley aspiran a controlar nuestro mapa cognitivo. 

Hay que terminar con la dictadura "cool"

Sociedad digitalizada y sociedad de vigilancia van unidas: La dictadura "cool" que quiere imponernos el lobby tecnológico se basa en la identificación sin límites y la transparencia absoluta. Objetivo: recompensar a la humanidad sobre la base de una cuestión principal (cultura masificada y exenta de cualquier atadura identitaria), creada en laboratorio (transhumanismo), conformista e igualitaria en la servidumbre. Esto se nos venderá con la excusa de la sociedad inclusiva. 

Pero ahí donde crece el peligro, crece también lo que nos salva: el sufflé Covid-19 ya está cayendo, no habrá segunda fase y Trump, reforzado después una crisis (mal) orquestada, tendrá vía libre por delante para las elecciones presidenciales. Sobre todo, la crisis sanitaria habrá conseguido imponer a las comunidades humanas una vuelta a la realidad que no trae buenos augurios para las empresas tecnológicas; debido a que las familias se han sentido abandonadas de todos, han conseguido hacerse su propio camino a través del hundimiento de la sociedad, y las comunidades se han vuelto a unir. 

El vulgar discurso globalista y los sueños vacíos del sinfronterismo se han pulverizado y la vanidad de nuestras vidas artificiales de mónadas conectadas se ha convertido en nada. El Imperio del buenismo nos pide simplemente que seamos obedientes; pero hete aquí que la comunidad del pueblo parece renacer. 

Pero numerosos editorialistas y la casi totalidad de la clase política se han unido a esta matriz carcelaria y a su ideología West Coast. Nuestro mensaje hacia ellos es muy claro: una vez que se haya derrumbado el sistema, serán un objetivo legítimo y ese día se acerca. No nos arrastraremos entre las ruinas de este mundo. ¡Quitémonos todos la careta!   Fuente: www.contre-info.com