Temblores populistas en Portugal, por Georges Feltin-Tracol


El pasado mes de octubre se celebraron elecciones parlamentarias en Portugal. En los días previos a estas elecciones, la gran prensa cosmopolita no dejó de alabar a la camarilla política local. La sorpresa: la irrupción del partido populista CHEGA!

Aunque lideraba el camino en las elecciones de 2015, la derecha moderada, que se llama a sí misma "socialdemócrata", no puede aceptar el hecho de dejar el poder a las fuerzas de izquierda. El Partido socialista de Antonio Costa negocia duramente con su enemigo histórico, el Partido comunista, y con el Bloco de Esquerda, una especie de movimiento como el de Los Insumisos de Melenchon en Francia. Costa forma un gobierno socialista homogéneo con el apoyo parlamentario de comunistas e izquierdistas. Esta alianza sin precedentes no impide que Portugal aplique una política económica decidida por la troika FMI-BCE- Comisión UE. La violencia económica de la austeridad neoliberal se edulcora solamente con medidas progresistas de orden societal.

La “mediacracia” europea estaba, hasta ahora, extasiada por la ausencia de cualquier signo de populismo en Portugal. El discurso de identidad nacional era apenas audible en la opinión portuguesa, a pesar de la creciente inmigración debido a la conjunción de dos fenómenos: la instalación cada vez más frecuente de nacionales de antiguas colonias ultramarinas y la llegada de pensionistas francófonos y anglófonos. Su presencia favorece el rápido aumento de los precios inmobiliarios en detrimento de los propios portugueses.

Los resultados electorales hacen que el voto socialista crezca 4.3 puntos y gane veinte escaños adicionales. Antonio Costa seguramente recuperará su posición como primer ministro. El Bloco de Esquerda mantiene sus diecinueve escaños, mientras que la Coalición Democrática Unida, una agrupación de varias formaciones que incluye a comunistas y verdes, solo tiene doce, cinco menos. La alianza gubernamental se renueva con una preferencia ‒implícita‒ otorgada al Bloco.

La política social de Costa, sin embargo, despierta una fuerte desconfianza popular. Además de una alta abstención (46,5%), el movimiento ecologista y proanimalista de centro-izquierda Pessoas-Animais-Natureza se apoderó de otros tres escaños, alcanzando un total de cuatro parlamentarios. El Partido Nacional Renovador, un movimiento de derecha nacional, sólo obtuvo 15.272 votos (0,3%), lo que supone una pérdida de 0,2 puntos. Este amargo fracaso se explica por el (modesto) éxito de CHEGA! (en español, ¡Basta!).

Fundado el 9 de abril de 2019, CHEGA! “está dirigido por un profesor de derecho de 36 años, André Ventura. Entró en el Parlamento con 66.442 votos (1,30%). Este exmiembro del Partido Socialdemócrata pretende importar a Portugal los métodos del vecino español Vox liderado por Santiago Abascal y, lusofonía obliga, el activismo del presidente brasileño Jair Bolsonaro. CHEGA! no cae en el euroescepticismo y prefiere inclinarse por la Alianza de Conservadores y Reformistas Europeos ahora dominada por el PiS polaco. Hostil al islam y al matrimonio gay, este joven partido político promueve una línea conservadora nacional-liberal. Es liberal en economía, nacionalista en lo cultural y conservador en lo societal. Al igual que Vox, se declara irreprochable en ciertos temas supuestamente controvertidos y, por lo tanto, tiene mucho cuidado de no confundirse con la Reagrupación Nacional francesa, la Liga italiana y la Alternativa por Alemania.

Con esta elección sorpresa, la ilusión de una Lusitania libre de todo “horrible” populismo se disipa finalmente. ¿Debería considerarse esto como una consecuencia indirecta de la controversia del verano? El pasado mes de agosto, el alcalde socialista de Santa Comba Dao, Leonel Gouveia, propuso la construcción de un museo o, mejor dicho, de un centro de estudio e interpretación del régimen del hijo predilecto de la localidad, Antonio Oliveira Salazar, presidente del Consejo de Ministros del «Estado Novo" (1933-1974). El 11 de septiembre, por iniciativa del grupo comunista, el Parlamento votó, gracias a la abstención de una "derecha" como de costumbre cobarde, condenar este proyecto, que ofendería la memoria de las "víctimas" del salazarismo.

André Ventura está solo. ¿Y qué?  Durante cerca de veintiocho años, Jair Bolsonaro fue un diputado aislado y despreciado. A pesar de un cambio frecuente en la etiqueta partidista, este aislamiento político lo protegió de compromisos de lo “politicastros”. El presidente de CHEGA!, ¿ha iniciado una larga marcha que lo convertirá algún día en el Bolsonaro de Portugal y de la Vieja Europa? ■ Fuente: Europemaxima.com