¿Hay que liberarse del liberalismo? Los católicos empiezan a cuestionar el liberalismo, par Thomas Hennetier


A iniciativa de diversos observatorios y editoriales católicas fueron invitados más de veinte ensayistas, filósofos y economistas, mayoritariamente cristianos, pero de opiniones y competencias muy diversas, para responder a la siguiente cuestión: ¿Hay que liberarse del liberalismo? Las respuestas de esta apasionante investigación confirman una profunda renovación de la crítica católica al liberalismo.

Frente a la dificultad real de definir de manera unívoca el liberalismo, la mayoría de los colaboradores describen las diferentes manifestaciones del liberalismo: el liberalismo filosófico caracterizado por su negativa a definir las reglas de vida y un sentido común, que conduce al relativismo; el liberalismo político que combate la arbitrariedad del poder y prioriza la protección y la extensión de los derechos individuales; el liberalismo económico que promueve el “dejar hacer, dejar pasar” y preconiza la limitación del papel del Estado reduciéndolo a la regulación de los mercados, a fin de maximizar la creación de riquezas que, por su propia dinámica, debería beneficiar a todo el mundo.

Si todos coinciden en el hecho de que el liberalismo recubre múltiples realidades, las divergencias aparecen en las respuestas aportadas a dos cuestiones, fundamentales desde el momento en que se trata de preguntarse sobre la naturaleza profunda del liberalismo. ¿Se puede separar el grano de la paja en las formas del liberalismo, conservar un “buen liberalismo” (en general, el político) y rechazar un “mal liberalismo” (en general, el económico), o hay que considerar esta doctrina como un todo indisociable derivado de la misma antropología humana? ¿Puede moderarse, moralizarse, el liberalismo, detenerlo en un determinado estadio de su desarrollo, o es portador de una dinámica inexorable, que le hace transgredir, uno a uno, todos los límites “en su continua marcha hacia adelante en el deseo de un objeto a otro”, según la fórmula de Hobbes?

Si Chantal Delsol o Charles Beigbeder, especialmente, todavía creen posible el advenimiento de un “liberalismo controlado” o de un “liberalismo justo”, la gran mayoría de los autores se adhieren a la definición del liberalismo de Pierre Manent como una “ideología general del orden humano”, Alain de Benoist lo ve como un “sistema doblemente negador del bien común”, mientras otros autores, de forma luminosa y original, lo analizan como un “estatismo”, como es el caso de Denis Sureau (“el individualismo posesivo que funda el liberalismo utiliza el Estado, primero bajo la forma de una monarquía absoluta, y después como producto del sistema democrático, para destruir los diversos componentes de la sociedad”), incluso se apunta la definición del liberalismo como un “marxismo blanco” por Jean-Claude Guillebaud, que revela que las dos doctrinas comparten las mismas creencias: el economicismo, la pretensión de cientificidad y el inagotable aplazamiento de sus futuros resultados benéficos.

Pero el interés principal de este análisis reside en la confirmación de una poderosa renovación del pensamiento católico sobre el tema del liberalismo y su incompatibilidad con la antropología cristiana. Si el análisis nos recuerda que la lucidez del catolicismo respecto al liberalismo no es nueva (recordemos el análisis de Philippe Conte sobre el liberalismo como “estructura de pecado” y los extractos de las encíclicas que condenaban el liberalismo a lo largo de los siglos XIX y XX), también hay que señalar que un cierto “liberalismo sociológico” (Bernard Dumont) provocó un moderado alineamiento de la mayoría de los católicos y su pasiva conversión al liberalismo, más que una adhesión total al mismo. Después de los movimientos nacidos con ocasión de la “Manif pour tous” (movimiento católico de oposición al “matrimonio para todos”), que han recentrado la ecología sobre la persona y la familia, o la reciente encíclica del Papa Francisco, con su exhortación a entender nuestra “casa común” que “grita en razón de los daños que le causamos por la utilización irresponsable y el abuso de los bienes que Dios dispuso”, continúan abriendo los ojos de los cristianos a propósito del liberalismo integral. Fuente: Éléments pour la civilisation européenne