Eutanasia: desde 2002, Bélgica practica la eutanasia “a petición propia”, por Sabine de Villeroché


La ley belga de 28 de mayo de 2002 permitió a los médicos de ese país, “favoreciendo intencionalmente el fin de la vida de una persona a petición propia”, verse exonerados de cualquier procedimiento y responsabilidad penal. 

En aquella época, no se trataba en realidad de reconocer un derecho del paciente a “que se le practicase la eutanasia”; solamente se trataba de proteger a la profesión médica. En 2002, 259 personas vieron su vida acortada tras haberlo solicitado. Dieciséis años después, son más de dos mil los casos oficiales de eutanasia legal (seis belgas reciben la eutanasia todos los días).

Estas cifras están todavía lejos de la realidad, ya que, en Bélgica, las eutanasias clandestinas son todavía numerosas (27% en Flandes y 42% en Valonia). Más grave: según un informe del Observatorio francés del final de la vida, sucede también que algunos pacientes reciben la eutanasia sin saberlo (hasta un 1,8% de los fallecimientos). Hasta el punto de que, según el presidente de la Comisión Federal para controlar a posteriori la justificación de las eutanasias, el doctor Herremans, declaraba hace poco: “Si hubiera que juzgar en Bélgica a todos los médicos que la practican, los juzgados estarían llenos de estos profesionales”. La eficacia de este organismo de control es dudosa: ha habido que esperar hasta 2015, es decir, catorce años después de la aprobación de la ley, para que un dossier “litigioso” haya llegado a la Justicia (sobre ocho mil expedientes estudiados).

Esto suscita las inquietudes de aquéllos que piensan, con razón, que la sociedad belga se dirige hacia una óptica utilitarista de erradicación de los enfermos, ocultando el sufrimiento de las familias, los médicos y el rol del personal sanitario. La evolución constante del número de fallecimientos por eutanasia, en el país, es el fruto de la evolución de la legislación y de sus prácticas. Incluso el “sufrimiento físico constante, insoportable y sin alivio” es uno de los criterios suficientes para que los médicos abrevien la vida de los pacientes.

Se ha visto a un enfermo, condenado a una larga pena de prisión, recibir la eutanasia a petición suya. Una víctima de abusos sexuales y que sufría anorexia, fue “autorizada a morir” con 44 años. Así como el caso de aquella persona que no soportaba el fracaso de su operación de cambio de sexo. Lo mismo que otro caso autorizado después de una ruptura amorosa. Se añade a esto que, desde 2014, la eutanasia ha sido autorizada a los menores que hacen la petición sin límite de edad con la condición de que tengan “capacidad de discernimiento”. Los pediatras protestaron, pero dos niños vieron su vida abreviada “a petición suya”.       

Los defensores del derecho a morir no quieren quedarse ahí; más de una veintena de proyectos de ley han sido presentados desde 2002 para simplificar el proceso. Se trata ahora de suprimir la objeción de conciencia del personal sanitario para obligarles a practicar la eutanasia aunque no quieran.

El concepto de “eutanasia altruista” también está ya evolucionando en Bélgica; desde 2005, los órganos de unas cuarenta personas, que fueron objeto de la eutanasia, han sido utilizados. Algunos ven ya una gran oportunidad para facilitar la extracción de órganos en esos candidatos a la muerte programada y quisieran fomentar esta práctica.

Bélgica es uno de los tres países de Europa en haber admitido tan ampliamente la eutanasia. Según el doctor Didier Sicard, este país se siente muy solo y está multiplicando las operaciones de presión para que otros países continúen en su mismo camino. Portugal, por ejemplo, resiste todavía: recientemente, ha rechazado un proyecto de ley sobre la eutanasia por una exigua mayoría. ■ Fuente: Boulevard Voltaire