Greta Thunberg, ¿instrumento de la superclase mundial?, por Olivier Piacentini


Mientras que la cara y las palabras de Greta Thunberg dan la vuelta al mundo desde hace semanas, Olivier Piacentini ofrece sus impresiones sobre aquella que le parece ser bastante más que una simple adolescente militante.

Greta Thunberg, gran sacerdotisa de la religión ecologista

Cuanto más avanza la cuestión, más me interesa Greta. No su discurso prefabricado, que repite mecánicamente, y menos todavía su cerebro vaciado desde la cuna por sus padres, una pareja de ecolo-izquierdistas histéricos. Lo que me interesa es lo que hay detrás de ella y, sobre todo, el mensaje subliminal que nos ofrece a través de su personaje.

Greta no tiene más que dieciséis años, pero profiere sus frases a los adultos con una rabia helada y fanática. Es la gran sacerdotisa de la nueva religión ecologista, venida para castigar a los pueblos que tardan en reverenciar el tótem verde, y tardan en arrodillarse ante los nuevos tabúes. Su cuerpo adolescente, asociado a sus profecías apocalípticas y a sus dictados inquisitoriales, encarna de maravilla el mensaje transmitido desde las más altas esferas del poder: hoy en día, las reglas del nuevo mundo se imponen a todos; ha llegado el tiempo de olvidar de una vez para siempre todo lo que erais, lo que pensabais, cómo vivíais… Todas las viejas lunas y las modas pasajeras que regían vuestras existencias ya no tienen cabida.

Greta ya no va a la escuela: tiene otras cosas que hacer que ir a escuchar a unos “viejos” repetir las lecciones del pasado, que no tienen ningún valor en el presente en el que el mundo corre hacia su ruina. Los adultos no tienen nada que enseñarle a ella que, con dieciséis años, ya sabe lo que el futuro nos depara: transmisión, aprendizaje, conocer y saber hacer, obediencia y respeto a los antiguos son engañiflas. El nuevo mundo debe imponerse sobre las ruinas del antiguo. Hagamos tabla rasa del pasado.

Greta no tiene ninguna legitimidad oficial y no representa más que a ella misma… pero se permite viajar a Estados Unidos para reprender a Trump, que dirige a más de trescientos millones de americanos, o a Bolsonaro, elegido por doscientos millones de brasileños. Ella les conmina a someterse a lo que la Ciencia pretende o digamos, más bien, lo que pretenden algunos científicos escogidos sobre la marcha. Pueblos, naciones, democracias, soberanías, presidentes, elecciones, instituciones… todo eso no pesa ya nada frente al apocalipsis que se adivina en el horizonte. Un apocalipsis que surgirá de nuestras propias costumbres, de nuestra forma de vida, de nuestros egoísmos individuales y nacionales y de la confianza que depositamos en nuestras naciones y nuestros dirigentes, incapaces de hacer frente a la verdad. Naciones y democracias deben desaparecer puesto que nos conducen al fondo del abismo.

Greta Thunberg, ¿promovida para frenar la ola populista?

A todos esos pueblos tentados por el populismo, el nacionalismo o el soberanismo, Greta la profetisa les anuncia siniestros presagios, la entrada en un mundo de tinieblas. El futuro está en la concordia mundial, la unificación del mundo, bajo el imperio de la Ciencia para combatir los demonios que viven en cada uno de nosotros, y que nos llevan al abismo.  Inmigración, identidad, inseguridad, recesión, eso no son más que vanas preocupaciones; solo merece la pena pelear por la preservación del medio ambiente.

Se comprende mejor el fenómeno Greta, su concepto, su envoltorio, el marketing que la acompaña, sabiendo quién financia todo este circo: la familia Parsson, millonario sueco y antiguo ministro socialdemócrata, particularmente implicado en la lucha contra el calentamiento climático, pero también en la promoción de un gobierno mundial.

Greta es el cortafuegos preparado para luchar contra la ola populista que amenaza con eliminar en pocos meses un proyecto mundialista madurado desde hace décadas. Es ella quien debe indicar las verdaderas prioridades en la cabeza de la gente, las de la superclase, para volver a tener por fin el control en este combate ideológico planetario.

Y es por ello que, para responder a la pregunta que abre este apartado, yo diría simplemente: Greta, es el nombre de un holograma que la oligarquía mundial nos envía para aterrorizar a los pueblos, hoy en día rebeldes, y forzarles a caminar por la vía señalada del mundialismo. Y que ilustra hasta qué punto los dogmas ecologistas se han convertido en una de las piezas maestras en el combate de la superclase para aplastar a los pueblos.  Fuente: Polémia