Contracumbre del G7: “El altermundialismo no está ya a la vanguardia de la crítica del sistema económico global”. Entrevista a Eddy Fougier, por Louis-Alexis Luchtenberg


Decenas de organizaciones y asociaciones locales e internacionales han celebrado una contracumbre al G7 del 21 al 23 de agosto de 2019 en Hendaya e Irún, que han visitado cerca de doce mil personas. 

Desde el anticapitalismo a las luchas climáticas pasando por Palestina, los participantes expresan su "diversidad" en los temas abordados. 

Estas reuniones altermundialistas tienen lugar regularmente desde 1984 e intentan proponer alternativas a la hegemonía del capitalismo globalizado. El politólogo Eddy Fougier analiza la evolución del movimiento de protesta y realiza un balance.

¿Cuáles son los actores y los retos de este “contra-G7” reunido en Hendaya e Irún en paralelo al G7 de Biarritz?

Han estado las banderas tradicionales de Attac, Sud y otros grupos de la izquierda radical, así como grupos españoles y también los chalecos amarillos, ya que es una buena manera para ellos de volver al terreno de juego. El reto es relanzar la máquina de nuevo y este tipo de cumbre, que encarna para ellos la dominación de las élites económicas, es una ocasión que no hay que perder.  Los grupos ecologistas se han unido también a esta ola de inquietud ligada al cambio climático. Todos los que denuncian el sistema económico y la manera en la que este es dirigido por los jefes de Estado y de Gobierno de los países del G7 se movilizan generalmente en este tipo de cumbres. El reto es, al final, poner en cuestión el librecambio y sus consecuencias medioambientales y sociales.

Es el rol principal de los altermundialistas el de poner encima de la mesa un cierto número de temas para que los políticos y el mundo mediático los tengan en cuenta y que ello conduzca a una modificación de las percepciones, dentro de una lógica gramsciana de contrahegemonía.

¿El objetivo es establecer una contra-política o imponerse en el debate de ideas con el fin de contrarrestar la hegemonía cultural del capitalismo?

Un poco de las dos cosas. Hay un aspecto general y un aspecto particular. El aspecto particular de estas cumbres se estructura en función de los temas abordados por el G7, como las desigualdades este año. En general, el objetivo de los altermundialistas es crear un debate sobre temas de los que ya no se hable. Seattle hace veinte años fue un buen ejemplo. El debate público no cuestionaba casi nada la globalización salvo en el caso de una minoría de expertos y de universitarios. Sin embargo, Seattle cambio la situación y el debate sobre la globalización se convirtió en un debate público y politizado que comenzó a interesar a la opinión pública. Otro tema ha sido la reducción de la deuda de los países pobres, progresivamente puesta en marcha por el FMI.

Los altermundialistas han formulado en general las buenas preguntas, pero no son ellos quienes aportan las respuestas. Preguntan sobre todo por la compatibilidad entre la globalización y el bien común; entre la globalización y el desarrollo sostenible; entre la globalización y la igualdad o entre la globalización y la democracia.

¿Qué balance se puede hacer de las contracumbres que se han multiplicado desde los años 80? ¿Cuáles han sido los efectos concretos del militantismo altermundialista?

Las organizaciones altermundialistas tienen un balance desigual. Por ejemplo, no hubo ningún efecto de la contracumbre de Seattle sobre la evolución del comercio internacional, que se disparó, mientras que Trump ha tenido un impacto mucho más importante con sus políticas. Las respuestas que ha aportado a la globalización son nacionalistas y proteccionistas, pero esto no es lo que el altermundialismo defendía en aquella época.

En los años 90, los movimientos altermundialistas pregonaban el retorno al keynesianismo en los países ricos y la vuelta al tercermundismo en los países pobres. Sin embargo, el modelo es hoy el preparacionismo o supervivencia en su versión colapsología con una alternativa ultralocal, siguiendo el espíritu de las ZAD (“zonas a defender” del desarrollismo económico) o de las “ciudades en transición” (proyectos ciudadanos comunitarios contra el colapso socioeconómico). Ya no se busca cambiar el mundo sino salir de sus vericuetos. Ya no se defiende “otro mundo” del que hablan los altermundialistas y las únicas críticas a la globalización tienen por horizonte la escala nacional o la escala local; ya no hay alternativa a nivel global.

Lo más significativo es haber conseguido que esas citas diplomáticas sean el objeto de debates contradictorios. El G5 de 1976, que puso fin al sistema monetario internacional, no fue objeto más que de un debate de expertos y no de un debate democrático y popular. Sin embargo, la cumbre de Génova trajo multitud de preguntas incluyendo la intervención del Papa, que denunciaba algunas derivas de la globalización. Su éxito fue el haber introducido contradicción entre los procesos que eran evidentes para los dirigentes políticos y económicos. Así se permitió al pueblo tomar conciencia de un proceso en el que no estaba invitado en origen y, en cierta manera, cuestionarlo.

Pero los resultados concretos son flojos y eso no cambió en sus fundamentos las políticas llevadas a cabo por numerosos dirigentes. Solo democratizó cierto número de temas económicos. Por otra parte, la débil influencia real de estos movimientos se debe también a la pérdida de poder de instituciones como el G7 que no tienen ya la misma influencia que en los años 80, sobre todo porque países como Canadá o Italia no tienen ya el mismo peso internacional que países como China o Brasil. Así, estas contracumbres han perdido, en cierta medida, su sentido y su legitimidad: como las cumbres no representan ya el poder, su contestación tiene también menos alcance.

¿Quién aporta hoy en día las respuestas políticas a esas preguntas realizadas por los movimientos altermundialistas?

Las respuestas que se aportan hoy vienen de la derecha populista encarnada por Trump o Salvini más que de los altermundialistas. Las cosas han cambiado. Las grandes temáticas trataban sobre el carácter de desigualdad del reparto de las riquezas a escala mundial o a escala de un país. Si la cuestión de las desigualdades sigue siendo central, la orientación general de los que protestan contra el sistema económico mundial no es de la misma naturaleza. Antes, los altermundialistas estaban por otra globalización; hoy estamos en una lógica de “desglobalización”, de “desconsumismo”, de relocalización. Esta es la razón por la que los altermundialistas no están ya en la vanguardia de la protesta y por la que han sido reemplazados, a un lado, por las derechas populistas y, al otro, por las desobediencias sobre el clima o incluso los antiespecistas. Los jóvenes siguen hoy sobre todo estas causas antes que un altermundialismo global.

La globalización obsesiona más a la derecha populista que a los militantes por el clima, que hablarán más bien de sistema económico productivista. Así pues, la temática de la globalización se ha convertido en algo desfasado o anticuado. Antes, se creía todavía que las grandes alternativas globales eran posibles, pero hoy se ha visto que estas son cada vez más estrechas. Los que son críticos hoy quieren una alternativa ultralocal. Estamos en el espíritu de la ZAD, de la “ciudad en transición”, en una especie de “preparacionismo” ante el colapso económico. Ya no se cree que el sistema pueda cambiar en su globalidad. Se quiere creer en un enclave alternativo. Las grandes figuras de la oposición a la globalización ya no están en el altermundialismo. Un joven que se moviliza hoy tendrá como modelo a Greta Thunberg o Rob Hopkins (creador del concepto “ciudad en transición”) más que al presidente de ATTAC, por ejemplo.

Hoy en día, otros movimientos como los antiespecistas están en una lógica política e inscriben su crítica de la explotación de la especie animal en una crítica de la globalización y del capitalismo productivista. Los participantes en las ZAD o los “desobedientes del clima” tienen una visión de ultraizquierda anticapitalista y están incluidos en el movimiento altermundialista, pero no se identifican con él. El altermundialismo no está ya en la vanguardia de la crítica del sistema económico global.  Traducción: Esther Herrera Alzu. Fuente: Marianne