Análisis “euroescéptico” de las elecciones europeas: los nacional-populistas avanzan, pero no logran revertir las mayorías en el Parlamento europeo


El nuevo Parlamento europeo no permitirá a los grupos nacional-populistas y euroescépticos dictar su ley. Ni el grupo de la “Europa de las naciones y las libertades” de Marine Le Pen y Matteo Salvini (60 escaños), ni la “Europa de los conservadores y los reformistas” (60 escaños) de los conservadores polacos y británicos, ni el partido del Brexit de Nigel Farage (51 escaños) se encuentran en disposición de revertir las nuevas mayorías derivadas del escrutinio.

Tres grupos se postulan para alcanzar compromisos: los demócrata-cristianos (179 escaños), los social-demócratas (152 escaños) y los liberal-centristas (105 escaños) liderados por Emmanuel Macron. Los Verdes se imponen en la nueva izquierda con una espectacular progresión (69 escaños), pero en cualquier caso también insuficiente para convertirse en “indispensables” para la mayoría del establishment.

Sin embargo, una alianza de los nacional-populistas, euroescépticos y conservadores no alineados en el PPE, junto a otros grupos provisionalmente no alineados, como es el caso del partido español Vox, todavía tiene alguna posibilidad de lograr una minoría de bloqueo. Todo depende, en principio, de las decisiones que adopte el Fidesz húngaro de Viktor Orbán y el PiS polaco. También depende de la redistribución de los escaños obtenidos por los partidos británicos tras la confirmación del Brexit.

El Rassemblement National de Marine Le Pen se convierte en el primer partido de Francia, sacando dos puntos de ventaja a La República en Marcha de Emmanuel Macron, y a gran distancia de los demás partidos (Los Republicanos, el Partido socialista, La Francia Insumisa, el Partido comunista, etc., que obtienen resultados residuales y marginales). La presidenta del RN ha declarado: “Se ha hundido la derecha tradicional. Mi partido propone una gran alianza para la alternancia. Los viejos enfrentamientos izquierda-derecha han cambiado. Francia y Europa están hoy divididas entre mundialistas y nacionalistas, con mi partido a la cabeza. Nosotros estamos al frente del cambio en Europa”.

La Lega de Matteo Salvini se convierte, por su parte, en el primer partido de Italia, con un considerable aumento de sus resultados electorales, sacando varios puntos de ventaja al segundo clasificado, el Partido democrático, de centro-izquierda, y castigando a su socio en el gobierno italiano, el Movimiento 5 Estrellas que pierde casi la mitad de sus apoyos electorales. No obstante, entre la Liga y el M5E consiguen en torno a la mitad de los votos emitidos, lo cual legitima su gobierno de coalición. Salvini había planteado las elecciones europeas en clave nacional: “El 26 de mayo no son elecciones europeas, se trata de un referéndum entre la vida y la muerte, entre pasado y futuro, entre una Europa libre y un Estado islámico basado en el miedo y en la precariedad”. Salvini logra que la Liga sea el partido con más diputados de todo el Parlamento europeo, lo que significa que tendrá una legitimidad y una capacidad relevante para influir en la política anti-UE y para liderar el grupo de los nacional-populistas críticos con las instituciones bruselenses.

En Hungría, el primer ministro Viktor Orbán ha obtenido un rotundo resultado favorable que confirma su hegemonía. Aunque su partido, el Fidesz, se encuentra formalmente encuadrado en el grupo del Partido Popular europeo, deber recordarse que este último sancionó al de Orbán por sus políticas nacionalistas, antieuropeas y antiinmigracionistas, lo que abre la puerta para que los diputados del Fidesz migren al grupo de Salvini y Le Pen. El propio Orbán ha reconocido que el modelo a imitar es el de Salvini. El líder húngaro ya había declarado, recientemente, su rechazo al complot llevado a cabo en Austria contra el partido de derecha radical FPÖ, con el que mantiene excelentes relaciones, golpe tras el cual el presidente conservador Sebastian Kurz ha roto su coalición gubernamental con aquel y convocado nuevas elecciones.

Así las cosas, Bruselas vuelve a respirar: a pesar de los buenos resultados de las fuerzas euroescépticas y anti-UE, los partidos populistas seguirán siendo una minoría. El caso más ilustrativo y paradigmático es la caída de Vox en las elecciones europeas, que ni siquiera logra consolidar los resultados obtenidos en las elecciones nacionales. Por contra, crecen los “liberales”, a pesar de la derrota de Macron, y ascienden los “verdes”, que se convierten en la alternativa alemana a la alianza cristiano-social-demócrata merkeliana, muy por encima de la derecha radical representada por AfD.

En definitiva, ante el desafío neoliberal y mundialista de la Unión europea sólo resisten Hungría, Italia y Francia.