¿Trump parece racista?, por Verlaine Djeni


En los USA, desde el debate del mes de junio, que ha lanzado las primarias de los demócratas para la reconquista de la Casa Blanca, no pasa un día que no sean difundidas las acusaciones de racismo contra Donald Trump, con un fuerte eco mediático en toda Europa.

En realidad, los demócratas no tienen argumentos frente al éxito de Trump: las cifras están a favor del inquilino de la Casa Blanca.

La economía americana va mejor, crecimiento, empleo, alza de los salarios, fiscalidad contenida, confianza, en resumen, en el plano interior, el balance económico y financiero es inatacable. Y es más exitoso en cuanto los “expertos” habían pronosticado una bancarrota económica en caso de elección del millardario Trump…

A los que le reprochan deshacer el Obamacare (el sistema de protección sanitaria de Obama), él les responde: “Con el trabajo y los salarios en alza, los ciudadanos pueden cuidarse por sí mismos sin necesidad de la ayuda pública…”.

Sobre su política exterior, Trump ha vuelto a hacer que los USA sean respetados y no le ha templado el pulso para mantener el indefectible apoyo de su país a Israel.

Entre los simpatizantes republicanos, Trump cuenta con el 80% de opiniones favorables a su elección. No es de extrañar que todas las acciones dirigidas a su destitución no hayan llegado a su objetivo.

En resumen, no es fácil lanzarse a una campaña frente a un presidente con un balance sólido y apreciado. Entonces, de golpe, los demócratas optan por las sucias descalificaciones. Con la ayuda de los medios biempensantes, quieren instalar la cuestión racial en el debate, con el riesgo de incrementar la división en un país cuya historia está marcada por el racismo. Pero poco les importa, pues intentarán hacer creer que es Trump el responsable de esta fractura racial.

¿Es racismo que el presidente Trump exija a los electos de la nación cierta solidaridad con las acciones de gobierno que afectan a los intereses norteamericanos?

¿Es racismo cuando el presidente Trump, después de haber sido calificado como un “hijo de p…”, responde en el mismo tono a su interlocutora?

¿Es racismo cuando el presidente Trump recomienda a un electo que hable en primer lugar de los problemas de insalubridad en su ciudad, en lugar de hacerlo respecto a los campos de migrantes?

Buscar fragilizar al presidente Trump haciéndole pasar por racista, a falta de debatir proyecto contra proyecto, es la mejor estrategia para los demócratas, tanto más cuando, al mismo tiempo, florecen los ataques y las insinuaciones como las de la actriz Bette Midler, acusando a los afroamericanos presentes en un mitin de Trump de haber sido pagados por su asistencia, y peor, el electo de origen somalí, Ilhan Omar, acusando a los blancos de todos los males de Estados Unidos… Pero todo esto, aparentemente, es menos peligroso para la biempensancia. ■ Fuente: Boulevard Voltaire