Eutanasia: ¿una opción entre la dignidad o la liberalización de la muerte?, por Diego Fusaro


Eutanasia es una palabra griega, cuyo significado se refiere a la posibilidad de administrar la muerte como un remedio extremo para vidas que ya no son dignas de ser vividas. 

El caso Englaro [mujer italiana en coma, cuyo padre solicitó, siguiendo el presunto deseo de su hija, la suspensión de toda alimentación] es un ejemplo de manual, que todos recordamos, pero deberíamos ser más cautelosos al hablar de la liberalización de la muerte.

Parece que la liberalización de la eutanasia, palabra griega con un sonido venerable, se ha convertido en una necesidad sistémica ineludible, pero su significado se refiere a la posibilidad de administrar la muerte como un remedio extremo para vidas que ya no son dignas de ser vividas. Y es que a veces, de hecho, se dan casos que podrían ser rubricados por cualquiera. El caso Englaro es un caso de manual, que todos recordamos.

Sería necesario, en verdad, distinguir cuidadosamente entre la eutanasia y la interrupción de la conservación de la vida por medio de dispositivos técnicos artificiales: porque estas son cosas muy diferentes y no se pueden reducir mutuamente. En cuanto a la posibilidad de suspender la existencia con la eutanasia -y no estoy hablando aquí, por tanto, de la interrupción en el sentido antes mencionado- creo que es necesario proceder con cautela y, quizás, con un plus de reflexión crítica, o incluso con un trabajo extra de tipo cognitivo y filosófico.

Dos razones me llevan a mirar con fuerte sospecha las prácticas de la eutanasia. ¿Quién y cómo decide si vale la pena vivir una vida y cuándo? ¿Qué criterio "objetivo" puede decretarlo? ¿La elección del individuo? Pero, ¿no acabaremos así, en su forma más radical y peligrosa, siguiendo la tendencia actual de hacer de la libertad la simple liberación del individuo de todos los vínculos éticos, morales y religiosos? ¿No es así como acabamos aprobando, según la ley, el nihilismo de una sociedad con valores transmutados en la que el individuo puede hacer cualquier cosa, siempre que pueda permitírselo económicamente?

En segundo lugar, el presente se nos está siendo vendido hoy como eterno para exorcizar así la idea de su posible superación y, por tanto, imponernos el horizonte de la ausencia de límites y fronteras también en el sentido temporal. Este aspecto, además, queda demostrado por las dos aspiraciones actuales ‒que coinciden secretamente en su correlación esencial‒ del alargamiento indefinido de la existencia más allá de sus barreras naturales y de la tanatopolítica de la eutanasia como administración libre de la muerte. No estoy hablando aquí, por razones de espacio, de un alargamiento indefinido. Me limito a afirmar que la eutanasia como administración libre de la muerte puede referirse a la suposición tácita de que toda existencia que no esté productivamente a la altura del cosmos del mercado y de las prácticas consumistas no es digna de ser vivida.

Este es el riesgo real: la vida es tuya y puedes quitártela cuando quieras. Pero el "puedes" en cuestión es siempre el de la sociedad de mercado: "puedes", en realidad significa "tendrás que hacerlo". "Puedes", porque nadie te lo impone ni te lo prohíbe. "Tendrás que hacerlo", porque lo que importa es tu condición socioeconómica para hacerlo. Traducción: Carlos X. Blanco Martín. Fuente: Fanpage.it