¿Vuelve el paganismo a Europa? Entrevista a Gilbert Sincyr, por Fabrice Dutilleul.


El paganismo es una visión del mundo basada en un sentido de lo sagrado que rechaza el fatalismo. Se basa en el sentido del honor y de la responsabilidad del hombre frente a los acontecimientos de la vida.

Gilbert Sincyr acaba de publicar un libro titulado Le Paganisme. Recours spirituel et identitaire de l’Europe [El paganismo. Recurso espiritual e identitario de Europa], con prefacio de Alain de Benoist. De Stonehenge al Partenón pasando por Lascaux. De Odinn a Homero y Atenea, el autor nos explica lo que es específico al paganismo europeo, comparado con los valores bíblicos del judeocristianismo. Más en general, opone el espíritu del paganismo europeo al del monoteísmo del Medio Oriente. Gilbert Sincyr nos invita a reencontrar nuestros valores ancestrales, no por una vuelta formal a los dioses de la mitología —forma de expresión espiritual de una época pasada—, sino como recurso al espíritu que los hizo nacer y que nos identifica como europeos. No, definitivamente, según él, los europeos no son espiritualmente unos semitas. No tienen los mismos valores. Gilbert Sincyr fue vicepresidente del Frente Nacional, secretario general del GRECE y presidente europeo de la Federación de Actividades Culturales Europeas.

Su libro Le Paganisme. Recours spirituel et identitaire de l’Europe es un éxito. Sin embargo, este tema puede parecer algo “desfasado” en nuestra época.

Al contrario. Si las iglesias se vacían, no es porque se haya perdido el sentido de lo sagrado: es porque el europeo se siente incómodo frente a una religión que no responde a su sensibilidad. El europeo es un ser que aspira a la libertad y a la responsabilidad. Sin embargo, repetirle que su destino depende de lo que le parezca a un Dios extranjero, que desde su nacimiento está marcado por el pecado y que deberá pasar el resto de su vida pidiendo perdón por sus supuestas faltas, no se puede llamar a eso ser un adulto dueño de su destino. Cuanto más evolucionan los pueblos, más se constata su rechazo al enfoque monoteísta con un Dios responsable de todo lo que es bueno, pero nunca de lo malo o del sufrimiento, y ante el cual conviene arrodillarse. Ahora que la Iglesia no tiene ya su poder dominador sobre el pueblo, se constata una evolución hacia una aspiración a la libertad del espíritu. Es un camino contrario a la condena evangélica, original y perpetua.

Entonces, ¿qué es el paganismo?

Para empezar, es un calificativo escogido por la Iglesia para designar con una sola palabra al conjunto de las religiones europeas que, con evidencia, se basaban en valores comunes. Es, pues, un término que engloba la herencia espiritual y cultural de los indoeuropeos. El paganismo es una visión del mundo basada en un sentido de lo sagrado que rechaza el fatalismo. Se basa en el sentido del honor y de la responsabilidad del hombre frente a los acontecimientos de la vida. Esta mentalidad de combate se ha elaborado desde el neolítico a lo largo de miles de años, dándonos una manera de pensar y una actitud frente al mundo. Es lo opuesto al sometimiento tradicional del Medio Oriente a una fuerza exterior, la voluntad divina, que controla el destino de cada uno. Así pues, el paganismo contiene y expresa la identidad que se forjaron los europeos, desde el neolítico a la revolución cristiana.

Entonces, ¿quiere usted remplazar un Dios por varios?

De ninguna manera. En estos tiempos ya no se lleva la adoración. Los hombres han adquirido unos conocimientos que les alejan de los miedos ancestrales. Nadie ha aportado todavía la prueba incontestable de que exista, o de que no exista, una fuerza “espiritual” universal. Hombres con inteligencia excepcional continúan enfrentándose sobre el tema y creo que nadie pondría su cabeza a cortar por ninguna de esas opciones. No es así, pues, como nosotros planteamos el problema.

El paganismo, que es la expresión europea de una visión unitaria del mundo, en el sentido opuesto de la concepción dualista de los monoteísmos, es la respuesta específica de otros pueblos a las mismas preguntas. De ahí vienen las diferencias entre civilizaciones. 

Cuando hay una invasión y sumersión de una civilización por otra, a eso lo llamamos colonización. Es lo que pasó en Europa, obligada a menudo por el terror a cambiar de religión, (recordemos la caza a los ídolos y a las brujas, las destrucciones de templos antiguos, las torturas y las hogueras, todo esto en nombre del amor, por supuesto). Cuando hay rechazo de esta colonización, con un objetivo de búsqueda identitaria, lo llamamos una liberación, o una “Reconquista”, como cuando en España se hizo retroceder a los musulmanes. Y ahí estamos, salvo que ahora no se trata de retroceso, sino de abandono de unos valores extranjeros en beneficio de una vuelta a nuestra identidad espiritual.

Convertidos a la fuerza, los europeos se liberan. “Aunque se elimine la naturaleza, ésta es muy sabia, y vuelve a su sitio”, se suele decir, y ahí está nuestra identidad rechazada que vuelve de nuevo. No por una vuelta a los antiguos dioses, forma de expresión de una época lejana, sino como recurso a los valores de libertad y de responsabilidad que eran los nuestros, y que el paganismo contiene y expresa.

Liberados de los efluvios del monoteísmo totalitario, los europeos vuelven a encontrar su contacto privilegiado con la naturaleza. Se habla de alteridad más que de igualdad, de honor más que de humildad, de responsabilidad, voluntad, retos, diversidad, identidad, es decir, de lo que constituye nuestra herencia cultural, perseguida, rechazada y condenada desde hace dos mil años.

¿Se trata entonces de una nueva guerra de religión?

En absoluto. Los europeos deben superar lo que les ha sido impuesto y que les es extraño. Debemos reunificar lo sagrado y lo profano, es decir, reafirmar que el hombre es un todo que, por este hecho, es el dueño de su destino, ya que no hay dicotomía entre cuerpo y espíritu. Los europeos no deben ya arrodillarse para implorar el perdón por faltas definidas por una ideología dictatorial del Medio Oriente. No es hacia una vuelta del pasado a la que debemos volvernos, evitemos sobre todo esa actitud, no sería más que folclore y compromiso. Al contrario que las religiones monoteístas, esclerotizadas en sus Libros intocables, el paganismo, como un manantial que brota, debe encontrar nuevos caminos, nuevas expresiones. Al revés que las religiones del Libro, bloqueadas, incapaces de evolucionar, sobrepasadas y envejecidas, el paganismo es la expresión de la libertad del hombre europeo, en su entorno natural que él respeta. Es una fuente de vida que brota de nuevo en Europa, afirmando nuestra identidad y nuestro sentido de lo sagrado, para un futuro de orgullo, libertad y voluntad, en la modernidad. Fuente: Breizh-Info