Olvídate de la paz. Así reavivan la UE y el euro los conflictos entre las naciones, por Diego Fusaro


El antiguo sueño teutónico de dominación de toda Europa se ha hecho realidad con la Unión Europea. Más precisamente, con la nueva Alemania liberal, que se ha convertido en el líder indiscutible de una Unión Europea, en cuyos espacios el machacón lema "Más Europa" pide que se traduzca siempre en la fórmula implícita "Más Alemania".

En este sentido, Beck ha utilizado expresamente la frase "das deutsche Europe" como título de uno de sus estudios. La fórmula de "más Alemania" que se acaba de mencionar, a su vez, podría aclararse aún más adecuadamente, explicando que no fue Alemania qua talis, concebida como un organismo vivo y unitario en sí misma, la que se benefició de esta dinámica, sino la clase dominante capitalista que operaba en el área teutónica.

La hegemonía de Alemania

Por su parte, las clases trabajadoras de Alemania sufrieron los tormentos necesarios del sistema de la Unión Europea en su carne viva, al igual que las clases griegas o españolas: sufrimientos que eran perfectamente coherentes con un modelo (cosmopolitismo liberalista) cuya génesis misma se explicaba en el sentido de una contrarrevolución de las clases dominantes de Europa contra las clases trabajadoras de Europa en su conjunto.

El estudio de Marcel Fratzscher "Die Deutschland-Illusion" (2014) ofrece un testimonio realista de ello, donde se documentan, entre otras cosas, los sufrimientos de la clase obrera alemana. Esta última ha sido sometida a procesos de precariedad, pérdida de salarios y superexplotación similares a los esperados por las otras clases trabajadoras europeas en el orden del nuevo turbocapitalismo líquido-financiero. La hegemonía teutónica dentro del espacio europeo, además, fue el resultado inconfesable de una heterogénea e impredecible heterogénesis de fines, en virtud de la cual la transferencia simultánea de soberanía económica nacional había llevado, como consecuencia, a la hegemonía de una Alemania infinitamente fortalecida por tal proceso.

El apremiante control del euro

Consecuente con esta paradoja, existe otra: el apremio de la moneda única, resultante de las transferencias de soberanía de los Estados nacionales europeos, ha favorecido el florecimiento de conflictos y tensiones entre realidades nacionales (mientras tanto (de)soberanizadas), cuya intensidad no se había registrado desde la primera mitad del siglo XX. Y así como los pedagogos del europeísmo y los cantantes ditirámbicos de la (de)soberanización repitieron sin cesar la letanía –verdadero asilo de la ignorancia‒ según la cual "desde el final de la guerra, la integración europea nos ha protegido del conflicto", la culminación de esos procesos de integración, es decir, la Unión Europea, favoreció el renacimiento mismo de los conflictos entre los Estados miembros de la zona euro (entre Grecia y Alemania, en primer lugar).

El resultado fue un neonacionalismo puramente económico, a través del cual la clase dominante en el área alemana aspiraba a imponer su dominio sobre toda Europa, a través de la violencia económica y en ausencia del poder de un Estado soberano capaz de proteger sus espacios expuestos al saqueo depredador de las finanzas cosmopolitas.

En esencia, la moneda única llamada euro, en lugar de unir a los pueblos e integrarlos pacíficamente, los dividió como nunca antes de 1945, y transformó toda Europa en un campo de batalla económica entre Estados acreedores y deudores, con ultimátums financieros y golpes de estado ("gobiernos técnicos", según la neolengua liberal).

En esto radica la esencia de lo que Gallino [sociólogo italiano, 1927-2015, NdT] ha definido, sin perífrasis edulcorantes, "el golpe de Estado de bancos y gobiernos" y "el ataque a la democracia en Europa". La Unión Europea, que, en opinión de sus anunciadores, debería protegerse de las guerras, favorece, por el contrario, su renacimiento, aunque bajo la apariencia cambiada de un conflicto principalmente económico-financiero. Traducción: Carlos X. Blanco Martín. Fuente: Il Primato Nazionale