Una nueva especie: el ecolo-bio-bobo-mundialista, por Jean-Pierre Pélaez


En estos tiempos en los que numerosas especies están amenazadas de desaparición y en los que nos preocupa la destrucción de la biodiversidad, una nueva especie, por el contrario, surge y está en pleno desarrollo societal y mediático: el ecolo-bio-bobo-mundialista.

Su hábitat principal es el de los barrios acomodados y residenciales de las grandes ciudades. Enemigo de la “comida basura”, que deja para el pueblo populista, el ecolo-bio-bobo acude diariamente a las revistas y tiendas “bio”, donde se aprovisiona y alimenta de productos ecológicos y biológicos distribuidos y vendidos por la técnica del “comercio justo y equitativo”. Dejando para los “chalecos amarillos” las grasientas barbacoas, ellos buscan una alimentación sana, pero muy cara, que sólo sus medios económicos les permiten comprar.

Mero contemplador del carbono y la contaminación que genera, recorre las ciudades sobre una bicicleta, un patinete o un scooter, eléctricos y desnuclearizados, para realizar sus actividades culturales o entretenimientos. Condena, sin paliativos, el diésel, que desea gravar con más impuestos, y cualquier producción de humo, lo que no le impide viajar en avión a lo largo del año para rentabilizar sus actividades comerciales o para disfrutar de sus vacaciones en una lejana isla…

Defensor del planeta, del que hace el centro de su religión, el ecolo-bio-bobo participa en todas las manifestaciones para luchar contra los movimientos cósmicos y los cambios climáticos, exhortando a los jóvenes a abrazar su causa.

Después de las elecciones europeas y de los resultados obtenidos por los “verdes” franceses y alemanes, los “medios” ya no hablan de otra cosa que de una próxima alianza con los liberales y los socialdemócratas de todo tipo, para presentar juntos un radioso y feliz futuro, un planeta limpio, un clima pacífico. Los llamamientos a esa nueva alianza se multiplican, y los ecolo-bio-bobos se adhieren rápidamente a esta nueva dinámica planetaria que anuncia un nuevo orden mundial…

Los políticos de carrera, socialistas perdidos, momias comunistas, modernos centristas, izquierdistas de todo pelaje, se frotan las manos porque, con la ayuda del ecolo-bio-bobo, han encontrado una nueva forma de reciclarse y recuperar la voz: salvar el planeta, restaurar el clima, prevenir el fin del mundo. Y para eso, piden ecología, más ecología, siempre más ecología; sí, todos son ecologistas, incluso Macron; y el ecolo-bio-bobo se siente en el cielo como los ángeles. Y cree que el ultraliberalismo va a regenerarse en la producción de energías sostenibles, eólicas, paneles solares, automóviles eléctricos, que seguramente serán la contaminación del futuro.

Sin embargo, el ecolo-bio-bobo olvida una cosa que su anterior maestro del pensamiento, Nicolas Hulot, aunque cándido hasta el hartazgo, parecía haber comprendido finalmente, que el ultraliberalismo mundialista, fruto del capitalismo más salvaje, es totalmente incompatible con la ecología, que es, incluso, su contrario. Su cumplimiento reposa sobre el saqueo de la Tierra y el derroche de los recursos, la destrucción de la biodiversidad, el crecimiento infinito y la contaminación indefinida, con sus océanos de plástico y sus buques cargados de chatarra. Genera la expansión sin fin y la sobrepoblación de esclavos consumidores, mientras que un verdadero proyecto ecológico consistiría en una vida más simple, y, en consecuencia, en una drástica recesión, circuitos de proximidad y abandono de los bienes inútiles.

Pero el día en que el ecolo-bio-bobo renuncie a sus innecesarios artilugios móviles, a su vida confortable, a sus vacaciones al otro lado del mundo y a todos los placeres sin trabas que le ofrece el progreso indefinido por el despilfarro que está en el núcleo del ultraliberalismo, otra nueva especie verá la luz: ¡las gallinas con dientes! Fuente: Boulevard Voltaire