Teoría de género: destituir al hombre de su humanidad, por Jean-François Mattéi


El profesor Jean-François Mattei analiza aquí el sentido filosófico del lyssenkismo pedagógico que impone la “teoría de género” en las ciencias de la vida. Se trata, para el autor, de una negación pura y simple de la noción de humanidad, de un retorno a la barbarie en una perspectiva postsesentayochista.

La confusión de los géneros

No se comprende el trasfondo de estos estudios de género norteamericanos… que llegan hasta las costas europeas, salvo que nos conformemos con ver en ello a un avatar del feminismo. Se trata, en efecto, menos de liberar a la mujer de su opresión biológica que de destituir al hombre de su pedestal ontológico en un giro inesperado. El “género” no concierne al hombre en tanto que macho, sexuado según el sistema heterogamético XY, del que la biología muestra su necesidad, sino al hombre en tanto que humanidad, dedicado a una esencia cuya dignidad es afirmada por la ética. Por decirlo brevemente, la teoría de género quiere acabar con el humanismo occidental desde el Renacimiento a fin de abolir cualquier forma de universalidad. El diagnóstico de Michel Foucault sería así corroborado: el “hombre” sería, en Occidente, una “invención reciente” cuyo rostro se desvanece poco a poco “como los límites del mar”. 

Los trabajos sobre el género parten de un postulado radical: la diferencia entre el hombre y la mujer resulta de un género social sin relación con el género sexual, en la medida en que el comportamiento humano depende únicamente del contexto cultural. Si hay una diferencia biológica entre los sexos, esta no tiene ninguna incidencia antropológica, y mucho menos ética, de tal suerte que la heterosexualidad no sería ya una práctica orientada por la naturaleza, sino el efecto de un determinismo cultural que ha impuesto sus normas opresivas. Se ataca, en consecuencia, las diferencias entre lo masculino y lo femenino anulando, con su propia identidad, su inclusión en la categoría de lo humano. Monique Wittig, la “lesbiana radical” que rechaza ser una “mujer” y que pretende no tener “vagina”, enuncia el imperativo categórico de la época: hay que destruir política, filosófica y simbólicamente las categorías de “hombre” y de “mujer”. Y esta destrucción se impone porque “no hay sexo”, ya sea masculino o femenino, porque es “la opresión la que crea el sexo y no a la inversa”. Si el género gramatical no existe, el sexo biológico se reducirá a una diferencia física anodina.

Deconstruir las diferencias entre lo masculino y lo femenino

Se argumenta, por tanto, en un enunciado puramente performativo, que las diferencias entre lo femenino y lo masculino son los efectos perversos de la construcción social. Por lo tanto, es necesario deconstruirla. Pero no se pregunta en ningún momento por qué las sociedades humanas siempre han distinguido a hombres y mujeres, no sobre qué se funda su reconstrucción gramatical, cultural y política sobre el que se apoyan. ¿Cómo explicar que todos los grupos sociales se ordenen según las “oposiciones binarias y jerárquicas” de la heterosexualidad, como lo reconoce Judith Butler? Lejos de inquietarse por esta permanencia, la neutralidad de género se contenta con disociar lo biológico de lo antropológico o, si se prefiere, la naturaleza de la cultura, a fin de evacuar la función tiránica del sexo.

Esta estrategia de deconstrucción no se reduce a la negación de la heterosexualidad. Los estudios de género, igual que los “queer studies” o los “multicultural studies”, se ocupan en socavar, a través de un infatigable trabajo de zapa, las formas de lo universal derivadas del pensamiento europeo. Judith Butler no duda en sostener que "el sexo que no es”, es decir, el género, constituye "una crítica a la representación occidental y de la metafísica de la sustancia que estructura la idea misma del sujeto". De un plumazo, nos deshacemos del sexo, del hombre, de la mujer y del sujeto que da forma a la humanidad. Esto entraña, a través de una serie de consecuencias, la destrucción del humanismo, impuesto a las otras culturas por el imperialismo occidental y, más todavía, la destrucción del Estado y de la Razón. La deconstrucción, exportada a los Estados Unidos por la French Theory antes de que retornara como un boomerang, tiene por finalidad última la de arruinar el logocentrismo identificado por Derrida con el eurocentrismo, en otros términos, la razón universal.

Confusión entre el hombre y la mujer y la realidad y la virtualidad

Se basa en la confusión de géneros, entre el hombre y la mujer, pero también entre la realidad y la virtualidad. Esto es lo que sugiere la crítica de la heterosexualidad por parte de Foucault en beneficio de la homosexualidad que permitiría “reabrir las virtualidades relacionales afectivas”. Es por esto que algunas parejas deciden no revelar el sexo de su bebé a fin de que pueda elegir libremente su género en el futuro.

Sería un error que el género, en defecto del sexo, entre en los programas de las escuelas. La humanidad futura se ha puesto en camino hacia un mundo sin opresión que, liberado del sexo, será muy chic. Cuando se hayan neutralizado definitivamente las identidades y las diferencias, el nuevo hombre (y la nueva mujer) podrán compartir el alivio de Swann: “Decir que desperdicié años de mi vida, que quería morir, que tuve mi gran amor por una mujer que no me complacía, que no era mi tipo". ■ Fuente: Polémia