El colonialismo actual se llama globalización, por Diego Fusaro


Hoy, la primera tarea de un pensamiento crítico debería ser la de fomentar la "desglobalización del imaginario", utilizando la fórmula de Serge Latouche. Precisando, sin embargo, que hoy el nuevo colonialismo se llama globalización.

Quizás la primera tarea de un pensamiento genuinamente crítico debería consistir hoy en favorecer la desglobalización del imaginario. Utilizo esta fórmula ‒"desglobalización del imaginario"‒ recordando a Serge Latouche, quien habla, en varias ocasiones, de "descolonización del imaginario": sobre este punto, comparto su perspectiva, especificando, sin embargo, que hoy el nuevo colonialismo se llama globalización.

Es, por así decirlo, el "colonialismo 2.0": aquel con el que todos los pueblos del planeta se reúnen en la inclusión neutralizadora en el seno del modelo globalista-liberal-libertario único. Es ‒como he dicho‒ una "inclusión neutralizadora", ya que la globalización incluye y al mismo tiempo neutraliza: incluye, ya que todo lo reabsorbe y no deja nada fuera de sí mismo (lo que aún no está incluido es difamado como antimoderno, reaccionario, populista, totalitario, etc.); y neutraliza, porque, en el mismo acto con el que se anexiona todo, a la vez desarticula las especificidades plurales de las costumbres, las culturas, los idiomas. Los sacrifica sobre el altar, nivelando todo sobre el modelo único, clasista y reificante del consumidor individual sin raíces, de habla inglesa y sin identidad.

El mundialismo se caracteriza, de hecho, también por esto: aspira a ver en todas partes lo mismo, o mejor dicho, a situarse en el plano liso del mercado sin barreras y sin fronteras, en cuyos espacios estelares todo fluye sin impedimentos en forma de bienes y capital financiero: es también ‒y sobre todo por esta razón‒ que la modernidad tardía toma la forma, por citar a Zygmunt Bauman, de una "sociedad líquida" con un flujo ilimitado de capitales, de bienes y de seres humanos reducidos a "bienes" o "capital humano".

Desglobalizar el imaginario ‒seamos claros‒ no significa volver a la sociedad del "antiguo régimen": no significa volver atrás la rueda de la historia. Por el contrario, significa encontrar la insuficiencia y las contradicciones del mundo globalizado y, a partir de ahí, articular un tipo de pensamiento que sea la base de un nuevo fundamento de la vida comunitaria, que vaya más allá de la malvada universalidad del globalismo, así como de las formas premodernas que han desaparecido entretanto. Sabiendo bien, por supuesto, lo difícil que es sistematizar lo que aún no existe. ■ Traducción: Carlos X. Blanco Martín