¿Qué antisemitismo es el más peligroso?, por André Perrin


La radio France Inter comenzaba con esta información: “Los actos antisemitas en Francia han aumentado un 69% desde principios de año”. Se indica que el número de actos registrados distingue entre las amenazas y las agresiones físicas, pero no se dice nada sobre la identidad de sus autores. 


El presentador dio paso al enviado especial en Berlín, quien evocaba el antisemitismo en Alemania: mil cuatrocientos actos antisemitas son registrados cada año desde 2015. El periodista hacía entonces la siguiente precisión: una ínfima parte de estos actos se atribuyen a inmigrantes musulmanes; el 90% son atribuidos a la extrema derecha. Volvemos a Francia y el presentador anuncia que se va a dar una explicación “detallada” de estos actos antisemitas en nuestro país. Se indica que el número de actos registrados distingue entre las amenazas y las agresiones físicas, pero no se dice nada sobre la identidad de sus autores. El oyente tendrá que conformarse con una breve entrevista a Francis Kalifat, el presidente del CRIF (Consejo de las Instituciones Judías de Francia), que se refiere al “antisemitismo cotidiano” en los barrios “difíciles”. Sin más información. No sabremos si es la presencia de la “extrema derecha” o de otra cuestión lo que hace que esos barrios sean “difíciles” para los judíos. Manifiestamente no es posible precisar, en el caso de Francia, lo que sí es posible decir y fácil de cuantificar en el caso de Alemania. ¿Por qué?


«Es una cuestión de actualidad»


Si France Inter se empeña en mantenernos en la ignorancia, France Culture, como su nombre indica, se preocupa de que perfeccionemos nuestros conocimientos. Para ello tenemos este ejemplo que Guillaume Erner (periodista radiofónico) dedicaba el 29 de octubre a la matanza de Pittsburgh y que vale la pena citar en su integridad: 


«Sí, es una cuestión de actualidad –es decir: entre el antisemitismo de algunos musulmanes fanáticos, el antisemitismo de Daesh, y el antisemitismo filonazi, ¿cuál de ellos es el más peligroso? Un debate que seguro se repetirá después de la masacre en la sinagoga de Pittsburgh, con once muertos, perpetrada por un supremacista blanco, llamado Robert Bowers.


Desde hace un tiempo, se trata pues de distinguir entre un antisemitismo calificado como nuevo de un antisemitismo antiguo. Con dos sobreentendidos: el primero, disociar el antisemitismo musulmán (el nuevo) del antisemitismo de extrema derecha; el segundo, muy a menudo, considerar que el primero es ya mucho más peligroso que el segundo. 

Esta comparación ha generado algunos atajos mentales. Por ejemplo, que alguien se podría aliar con la extrema derecha para combatir el antisemitismo del Daesh: ¿Puede ser que un día se estime que se puede citar a Charles Maurras para luchar contra el antisemitismo? Después de todo, otros sí han querido dejar a Bachar el-Assad la responsabilidad de luchar contra el terrorismo…


Invocar a un nuevo antisemitismo para intentar clarificar las cosas demuestra ser una mala idea. El mundo musulmán reservaba un estatus inferior a los fieles de otras religiones, sobre todo a los judíos: el estatus de “dhimmis”. Pero la coexistencia entre judíos y musulmanes se desarrolló de manera más bien armoniosa, al contrario que la situación en el seno del mundo cristiano. España es el país que inventó, en el siglo XV, el estatus de pureza de sangre, el cual algunos prefiguran como el antisemitismo racial. Los primeros pogromos tuvieron lugar en Rusia. ¿El mundo musulmán desarrolló “su” antisemitismo, o bien observó lo que pasaba en Europa?  Al coronel Gadafi le gustaba regalar a sus visitantes bellos ejemplares de los “Protocolos de los sabios de Sión”– y fue en Rusia donde se escribieron. En estas condiciones, ¿su antisemitismo debe ser calificado como nuevo o como antiguo? El antisemitismo es una palabra simple que designa una realidad muy compleja. Esta realidad es lo que hay que recordar de la tragedia de Pittsburgh».


Sí, eso existe, pero no del todo…


Formulemos claramente las tesis que Guillaume Erner desgrana en forma de insinuación suave y de pregunta retórica:


1. La distinción entre un antisemitismo antiguo (de extrema derecha) y un antisemitismo nuevo (musulmán) no es pertinente.


2. El antisemitismo musulmán no puede ser disociado del antisemitismo de extrema derecha.


3. El antisemitismo musulmán no es más peligroso que el antisemitismo de extrema derecha.


4. El estatus de «dhimmis» que los musulmanes reservan a los judíos en tierra musulmana no revela ningún antisemitismo y, a pesar de esta discriminación, la coexistencia entre judíos y musulmanes en Al-Andalus fue armoniosa.


5. El antisemitismo es un invento de la España católica del siglo XV, los primeros pogromos tuvieron lugar en la Rusia ortodoxa del siglo XIX y el coronel Gadafi regalaba a sus visitantes los “Protocolos de los Sabios de Sión” que habrían sido escritos en Rusia. Todo esto prueba que no hay antisemitismo propio al mundo islámico, sino que éste se limitó a imitar el que existía en Europa. 


Señalemos que los «Protocolos», de los que Guillaume Erner conoce tan mal la historia como la de la España musulmana, no fueron escritos en Rusia, sino en París por Matveï Golovinski, informador de la policía secreta zarista. Añadamos a eso que Hitler, mucho antes que Gadafi, se sirvió de esa falsedad; con eso se concluye, a ojos de Guillaume Erner, que el antisemitismo no es consustancial al nazismo, puesto que Hitler se limitó a copiar el ejemplo de la Rusia zarista.


La legendaria coexistencia pacífica de Al-Andalus


Tratándose de pogromos, Guillaume Erner confunde la palabra y el hecho, o el sentido y el origen de una palabra. “Pogromo” es una palabra de origen ruso. Los primeros pogromos tuvieron efectivamente lugar en Rusia a partir de 1881, pero la palabra significa, en francés como en ruso, «agresión colectiva y homicida contra una comunidad judía»; aunque los judíos no esperaron a 1881 para sufrirlas, por desgracia. Sin remontarse a las revueltas antijudías de Alejandría en el año 38 de nuestra era, recordemos que, en Córdoba, en 1013, dos mil judíos fueron masacrados por las tropas de Sulayman ben al-Hakam y que en 1066 fueron tres mil los que sufrieron el mismo destino en Granada, de los cuales mil quinientos en un solo día.  Los asesinos no habían recibido el regalo de los “Protocolos de los Sabios de Sion” por el coronel Gadafi.


“El antisemitismo es una palabra sencilla que designa una realidad muy compleja” concluye sabiamente el Sr. Erner. Nos sorprendemos que un aficionado a la complejidad de lo real haya podido, algunas líneas más arriba, oponer la armoniosa coexistencia de los judíos y musulmanes en la España musulmana a lo que sucedió “en el mundo cristiano”. Sí, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón expulsaron a los judíos de España en 1492, pero 350 años antes los almohades, vencedores sobre los almorávides y todavía más radicales que estos, habían prohibido el judaísmo y ofrecido la elección a los no musulmanes entre la conversión, las maletas o la tumba. Numerosos judíos emigraron entonces hacia los reinos cristianos del norte donde encontraron, en particular bajo la protección de Alfonso VII y de Alfonso VIII, una situación comparable a la que habían conocido en el siglo X en la época del Califato de Córdoba: una gran autonomía a cambio de pagar elevados impuestos. Esta situación se deterioró a mediados del siglo XIII, con altibajos, y es a mediados del siglo XIV cuando comienza el tiempo de las persecuciones y las masacres. En cuanto al mito de la “convivencia” en Al-Ándalus, ha sido seriamente estudiado desde hace una quincena de años en las obras de David Nirenberg, Serafín Fanjul y, más recientemente, de Darío Fernández-Morera.    


El antisemitismo preferido de France Culture


“Entre el antisemitismo de algunos musulmanes fanáticos, el antisemitismo de Daech, y el antisemitismo filo-nazi, ¿cuál de ellos es el más peligroso?”, se pregunta Guillaume Erner. Desde hace doce años, en Francia, una docena de judíos han sido asesinados porque eran judíos.  ¿Han sido víctimas de supremacistas blancos?  Los niños de la escuela Ozar Hatorah (en Toulouse, objeto de atentado en 2012)… ¿fueron asesinados por scouts de Francia nostálgicos de Isabel la Católica?  ¿Ha sido bajo la presión de los discípulos de Alain Soral o de los lectores de Charles Maurras que nuestros compatriotas judíos, desde el año 2000, deciden marcharse, en mayor número cada vez, fuera de Francia y que 50.000 de entre ellos han tenido que mudarse de los barrios de las afueras de París donde vivían? 


Designar mal las cosas es añadir más confusión a la desgracia en el mundo, ya que se contribuye a la perpetuación del mal. ¿Qué habría dicho Guillaume Erner si, después de la matanza de Pittsburgh, Donald Trump hubiera insinuado que el antisemitismo de extrema derecha no es más peligroso que el antisemitismo musulmán? ¿Qué diría si Angela Merkel, informada como los oyentes de France Inter que el 90% de los actos antisemitas en su país son cometidos por la extrema derecha anunciara para combatirlos un plan de lucha contra el antisemitismo de origen islámico? El martes 13 de noviembre, al final del programa matinal de France Culture, el periodista Alexandre Devecchio citaba un artículo de Johann Chapoutot, profesor de historia contemporánea en la Sorbona y especialista del nazismo, que rechaza la referencia perpetua a los años 30 para justificar el presente. Johan Chapoutot escribe lo siguiente: “La referencia al nazismo es tentadora pero, por el efecto que produce, deslumbra, hace pantalla e impide ver la realidad de hoy haciendo ruido con el ayer. Un identitario o un yihadista autoproclamado no es un miembro de las SA. Se pueden hacer comparaciones, pero hay una diferencia entre comparar y asimilar: en un caso, se quiere acotar las especificidades de un fenómeno actual para comprender mejor y combatirlo, mientras que en el otro se mantiene una confusión intelectual que frena la acción”. Guillaume Erner interrumpe entonces a Alexandre Devecchio para anunciar: “¡El historiador no ha oído hablar de Pittsburgh!”. 


Recordemos el célebre tweet de Nicolas Chapuis, periodista, el 21 de marzo de 2012, cuando fue desvelada la identidad del autor de los asesinatos de Toulouse y de Montauban: “¡Vaya! ¡Me sorprende que no haya sido un nazi!”. Chapuis se disgustó por la identidad de Mohamed Merah. Erner se alegra de la de Robert Bowers. Ni uno ni otro tienen la preocupación que el historiador recuerda en su importancia: comprender para combatir, identificar en cada situación singular lo que los males del tiempo actual tienen de específico para poder combatirlos eficazmente. ■ Fuente: Causeur