El «sustitucionismo global». Una conversación entre Renaud Camus, Elisabeth Lévy y Jean-Baptiste Roques


Secundada por Jean-Baptiste Roques, la periodista Elisabeth Lévy recuerda la polémica que ha condenado a su autor a un cierto ostracismo. Después, el autor insiste en las “cabezas pensantes” que, según él, mejor encarnan el “sustitucionismo global” (o, más literalmente, el “reemplacismo global”) que describe. Y sí, Emmanuel Macron, es el perfecto representante. A continuación, los tres intervinientes vuelven más específicamente sobre la polémica noción de la “gran sustitución” y sobre el pesimismo de la visión del mundo de Renaud Camus.

A propósito de la expresión “gran sustitución” (o “gran reemplazo”), concepto muy contestado, pero paradójicamente inscrito ya en el lenguaje común

Jean-Baptiste Roques: La expresión “sustitución” os ha hecho casi mundialmente famoso. Durante el atentado de Christchurch, ha sido citado por la prensa mundial como un posible inspirador del terrorista. Esto le ha dado a la expresión una resonancia que nunca había tenido. Es, por tanto, una gloria paradójica. ¿Cómo vivió estos momentos?

Elisabeth Lévy: La cuestión planteada por Jean-Baptiste es interesante, pero, antes que cualquier otra cosa, yo desearía que usted nos proporcione su definición de la “gran sustitución”.  

Renaud Camus: Una gloria paradójica es lo menos que puedo decir… La gran sustitución es simplemente el cambio de pueblo y de civilización en el tiempo de una o dos generaciones, en regiones concretas, muy especialmente en Francia, pero no sólo aquí. La gran sustitución no es, evidentemente, más que una pequeña parte de lo que yo llamo el “sustitucionismo global”.  

Elisabeth Lévy: ¿Podría explicarse? La gran sustitución ¿es, en suma, el cambio étnico? Y el sustitucionismo global, entonces, ¿qué es?

Renaud Camus: Divergimos sobre este punto: el sustitucionismo global es un totalitarismo. Es uno de los dos totalitarismos rivales puestos en marcha hoy en el mundo, en cualquier caso, sobre una parte considerable del planeta. Creo profundamente que la gesta central de la posmodernidad es la sustitución. La sustitución de todo. La literatura por el periodismo, el periodismo por el fact-checking o por las fake news, la sustitución del arte por la cultura, la cultura por la información, lo real por lo falso…

Elisabeth Lévy: ¿Es, de hecho, una liquidación?

Renaud Camus: ¡Ah! El concepto de liquidación es prestado. Soy un gran admirador de Bauman y de la licuefacción. Y creo que hay vínculos muy estrechos entre la licuefacción y, desgraciadamente, la liquidación, por supuesto.

Jean-Baptiste Roques: ¿Podría explicarnos el vínculo que usted hace, a continuación de su tesis principal, con el combate contra la “reproducción asistida para todas” (mujeres solteras, homosexuales, etc.) o sin padre?

Renaud Camus: He colaborado con los organizadores de las manifestaciones en su contra. Apruebo absolutamente el combate contra la “reproducción asistida” [procreación médicamente asistida, en francés, conocida como PMA], que me parece el emblema abismal de lo que yo llamo “sustituismo global”, es decir, la sustitución de los padres y, por supuesto, de la paternidad, de la herencia, del linaje, de todas nuestras pertenencias. Y la industrialización del hombre que está en el centro del sustitucionismo global. El padre del sustitucionismo global, en mi opinión, el Marx de esta ideología (un pequeño Marx, en cualquier caso) ¡es Taylor! Taylor ha tenido una colosal influencia y, en el fondo, es más trascendental que el propio Marx. Es el padre del taylorismo (y de la taylorización), es decir, de la sustitución de cualquier cosa por su forma simplificada, estandarizada, homologada. El profeta de este padre del sustitucionismo global fue, posiblemente, Henry Ford y su sistema de producción industrial estandarizada.

Jean-Baptiste Roques: Algunos incluso piensan que usted mismo ha sido un “sustitucionista” en cuanto cantor de la homosexualidad, que es, en opinión de aquellos, una forma de sustitución de la sexualidad heteronormada, como hoy se dice.

Renaud Camus: No, la homosexualidad no es un elemento de sustitución, la homosexualidad es tan antigua como la heterosexualidad. Ha producido su literatura, su poesía, su arte, que nada tienen que envidiar a las otras formas de expresión artística, excepto en términos cuantitativos… no veo cómo concebir a la homosexualidad como un elemento de sustitución. Después de varios miles de años de convivencia entre la homosexualidad y la heterosexualidad, ambas siguen existiendo en las mismas proporciones.

Elisabeth Lévy: Desearía volver, en primer lugar, sobre la expresión “gran sustitución”. Un pensador que le reprocha su teoría es Alain Finkielkraut, el cual, sin embargo, reivindica el derecho a hablar de la misma. Cita, por ejemplo, a Rokhaya Diallo y a Leonora Miano, las cuales han dicho “que no os preocupéis, esto va a cambiar y usted debe aceptar este cambio”. Pero lo que más os reprocha Finkielkraut es la idea de que detrás habría una clara intencionalidad. ¿Usted ha dicho que hay una intención? ¿Las personas somos prisioneras de estos fenómenos?  

Renaud Camus: Nunca he hecho la menor alusión a la intencionalidad, de ahí mi estupefacción en cuanto a las acusaciones. En el sustitucionismo global no hay intencionalidad sino encadenamientos y cruces fatales a partir del momento en que se desea que las cosas tengan menor coste, estén estandarizadas, homologadas y que se impone una concepción económica, industrial y sin duda “crecentista” del mundo. Yo le he llamado “davocracia”, es decir, la gestión del mundo por Davos. Este es uno de los elementos que explican que Macron sea tan representativo (del sustitucionismo), porque se trata de la eliminación magistralmente cumplimentada de la gestión del parque humano, es decir, la sustitución por la gestión.

Elisabeth Lévy: Usted habla de la existencia de dos totalitarismos, supongo que uno de ellos es el totalitarismo islámico, pero ¿cuál es el segundo?, ¿el del mercado?

Renaud Camus: El primer totalitarismo es el sustitucionismo global. Que me parece todavía más poderoso e influyente que el islam. Pero ambos están fatalmente en rivalidad. En mi interpretación, se encuentran en una especie de pacto germano-soviético, es decir, que tienen una alianza bastante paradójica… porque nada es menos sustitucionista que el islam. El islam no es reemplacista, sino reemplazador. Entre los identitarios y los islamistas existe la misma concepción de las cosas.

A propósito del pesimismo de Renaud Camus

Elisabeth Lévy: Alain Finkielkraut, que os ha defendido en ocasiones, tiene una objeción respecto a Éric Zemmour que también podría aplicarse a usted. Vuestro discurso es, en el fondo, desesperado. No ofrece ninguna esperanza: la única perspectiva es la desaparición o la guerra civil. Una alternativa que no es nada atractiva. ¿Qué piensa de todo esto?  

Renaud Camus: Hay muchas cosas que decir. Si este es su reproche, me parece que Alain Finkielkraut cae en el mismo nivel absurdo que siempre habla de decadencia, los decadentistas. ¡Es el colmo del absurdo! Por supuesto, yo digo que estamos en declive, lo que me parece evidente desde todos los puntos de vista (de la inteligencia, de la belleza, de la cultura, de la política…). Pero la gente se califica de “decadentistas” como si fueran partidarios del declive. Hay que constatarlo para reaccionar y luchar contra ello. Pues bien, aquellos que hablamos del declive somos los “antidecadentistas” por excelencia. Igual que los que hablamos de la gran sustitución somos los antisustitucionistas por excelencia. Pero esto no es del todo desesperado. Si lo estuviera, ¿perdería el tiempo fundando mi propio partido? Pienso que los combates se conducen muy mal, pues tengo una visión sombría de la existencia. Pienso que esta gente se encuentra perdido, va hacia un mundo espantoso: la tiranía, la violencia… el hecho de que la gente no comprende ni siquiera lo que piensa. Pero creo que hace falta reaccionar con todas nuestras fuerzas. Esto no es caer en la desesperación, es entrar en acción. ■ Fuente: Causeur