La Unión europea desea la inmigración, según Marine Le Pen, por Louis Dupuin


Marine Le Pen, presidenta del Rassemblement National (Reagrupamiento Nacional, antiguo Frente Nacional) declaraba que la Unión europea “desea la inmigración” y que los países miembros están tremendamente divididos sobre esta cuestión, “no pueden ponerse de acuerdo”. Según Marine, la UE quiere a toda costa la inmigración con el objetivo de “compensar la baja natalidad, pero también para operar una bajada de los salarios y crear una insana competitividad con los trabajadores nacionales”.

“La Unión europea es decididamente inmigracionista”, por lo que, en opinión de Marine Le Pen, confiar a la UE la lucha contra la inmigración no es objetivamente razonable”. En su lugar, “la inmigración debe ser gestionada en el ámbito nacional”.

“Desde hace muchos años, la forma en que la Unión europea actúa en esta cuestión es una incitación a la inmigración clandestina, es la mejor ayuda que los inmigrantes pueden esperar (…) en muchas ocasiones con la complicidad de un cierto número de ONG”, proseguía diciendo Marine Le Pen.

En este sentido, la presidenta del RN rechaza la idea de que el pico de llegadas de migrantes a la UE haya caído a partir de 2015, según la Organización internacional para las migraciones. “Esto no es cierto, hay una presión enorme y va a seguir acelerándose, afirmaba la dirigente del RN, porque Francia llegó al récord de demandas de asilo en el año 2017. En consecuencia, Marine Le Pen proponía “reducir el flujo de transportes de migrantes por mar”, instalando en los países africanos ribereños “campamentos humanitarios bajo protección y supervisión internacionales”.

«Es hora de afrontar la verdad. Nunca podremos detener la inmigración», declaraba en 2017 el comisario europeo encargado de asuntos migratorios, Dimitris Avramopoulos. No podría resumirse mejor el hecho de que la Europa de Bruselas no proteja a los ciudadanos europeos de la catástrofe migratoria: al contrario, la UE baja los brazos, cuando no se felicita abiertamente por este fenómeno.

La Europa de Bruselas, en efecto, obedece a una ideología librecambista por la que el principio de libre circulación debe aplicarse no sólo a las mercancías sino también a las personas. Considerando a éstas como intercambiables, pretende, por otra parte, que las aportaciones de una población inmigrada puedan compensar la disminución de la natalidad europea, olvidando los peligros de una sustitución civilizacional. Cegados por su ideología, los tecnócratas bruselenses están comprometidos con la inmigración, buscando incluso sancionar a los países que, como el caso del grupo de Visegrado, quieren prevenirse contra ella.

Como lo demuestran los países del Este europeo, pero también Israel o Australia, es sobre todo estableciendo un serio control de las fronteras como puede regularse la inmigración. Desgraciadamente, la Europa de Bruselas muestra su rostro mundialista antes que su vocación europea, convirtiendo las fronteras exteriores de la Unión en un auténtico coladero, especialmente en su parte occidental y mediterránea.