Marine Le Pen y Reagrupación Nacional: ¿un discurso radicalmente antiliberal?, por Olivier Dard



De la apología del mercado al anticapitalismo
______________________________________

La crisis financiera de 2008 condujo a la Reagrupación Nacional (antes Frente Nacional) a radicalizar su oposición a la mundialización, haciendo de la formación política lepenista el único partido importante que se opone frontalmente a la misma. El texto de un cartel electoral frontista resumía perfectamente esta posición: ¡Todos los partidos, todos mundialistas, todos culpables! Esta posición ya era explícita en un comunicado de Jean-Marie Le Pen el 9 de octubre de 2008, que fijaba, al mismo tiempo, las interpretaciones y las posiciones del movimiento sobre la “crisis financiera”, insistiendo sobre dos enseñanzas extremadamente importantes: “Europa no hace nada frente a la crisis y sólo considera, impotente, la intervención de los Estados” y “el Estado nacional continúa siendo la referencia y el recurso indispensable en caso de grave crisis”.

Durante las elecciones europeas de 2009, marcadas por un ascenso electoral del entonces FN, estas tesis se acompañaron de una voluntad, expresada por la vía de los panfletos y octavillas, de la “inmediata adopción” de medidas de salvaguardia económicas marcadas por las formas del soberanismo económico, del proteccionismo y del intervencionismo estatal. Se proponía, en particular: la salida de Francia del FMI, el control por Francia de su política monetaria, la obligación de intervención del Estado contra los estragos bursátiles extranjeros, el establecimiento de un plan de conservación del poder de adquisición a través de la aplicación de la preferencia nacional, (concerniente al empleo, a la vivienda y las ayudas sociales), la supresión del IVA sobre los productos alimenticios de primera necesidad y el retorno al control de precios por el Estado.

A partir de ese momento, los dirigentes frontistas multiplicaron las tomas de posición contra las agencias de calificación y el ultraliberalismo, insertando, de hecho, al FN en un movimiento anticapitalista y antiliberal.

Esta situación requiere diferentes comentarios. Se recordará, en primer lugar, que existe un anticapitalismo antiguo y propio de las derechas nacionalistas, que estuvo marcado, de Edouard Drumont a Henry Coston, por un fuerte antijudaísmo. A ello hay que añadir una voluntad de construir una “nueva economía”, idea muy querida por Georges Valois durante su primera época en la Action Française, “nueva economía” que pasaba especialmente por el establecimiento de un sistema corporativista. Añadir, en fin, la herencia de las ligas del poujadismo, un discurso y unas formas de acción claramente hostiles al Estado y a los impuestos.

Apología de la empresa privada
______________________________________

Antiguo diputado poujadista, Jean-Marie Le Pen conocía esta intrahistoria. Se interesó ampliamente en la economía, publicado, en 1978, un libro titulado “Derecho y Democracia económica”, cuyo título fue retomado posteriormente, en 1984, por un editor, con un prefacio redactado por él mismo, para el programa económico del RN. El pasado era rechazado, en particular la herencia corporativista.

Lo esencial del volumen era consagrado a la defensa de las libertades económicas: la política de Giscard d´Estaing era fustigada en beneficio de una apología de la empresa privada, del patrón-empresario y de los beneficios empresariales, considerados como los “motores de la economía”. A la inversa, los impuestos eran estigmatizados en nombre de las teorías de la economía de la oferta, de la revolución conservadora americana y del reaganismo. La herencia poujadista y un enfoque neoliberal son aquí claramente afirmados. Tendrán la categoría de doxa en el curso de las décadas siguientes, en particular en relación con el proyecto propuesto por el profesor universitario Jean-Claude Martínez que abogaba por disminuir la presión fiscal suprimiendo, en particular, el impuesto sobre los ingresos de trabajo.

La lectura de los discursos y de las actuales propuestas del RN podría dar la impresión de una profunda contradicción entre el año 2010 y las décadas precedentes. Pero nos guardaremos de ser categóricos al respecto, incluso frente a la evidencia de la preocupación del RN por captar, mediante este discurso de estigmatización, a un electorado de clases medias y populares. De hecho, el proceso que instruye el RN, fustigando el ultraliberalismo, la especulación financiera y las élites mundialistas, no concierne solamente al conjunto del capitalismo, sino también a las finanzas.

Añadir, finalmente, que la lectura, no de los panfletos y octavillas, sino del programa económico del RN, atestigua, no obstante, la existencia de temas permanentes al filo de los tiempos: rechazo del Estado-providencia, denuncia de las rigideces reglamentarias, preocupación y creencia en la bajada de la presión fiscal para facilitar un marco favorable a las empresas. Hoy, como ayer, las teorías de la oferta son siempre una fuente de inspiración para el RN. Pero no es sólo la única, pues se combina con otro tema fundamental, el de la “preferencia nacional”. ■ Fuente: Temps presents