La Unión europea, bombero pirómano: del regionalismo al riesgo de balcanización, por Christophe Beaudoun



La marginalización del Estado-nación y del sentimiento común de pertenencia, con motivo de la “necesaria” integración supranacional y de la globalización, ha tenido por efecto la explosión de las identidades subjetivas (religiosas, étnicas, sexuales, etc.) portadoras de reivindicaciones políticas. Entre ellas, el autonomismo regionalista, o micronacionalismo, proyectado desde hace años por la Unión europea y el Consejo de Europa.

El horror al vacío, el poder poco a poco desertando de la política, debía ser saturado con todo tipo de nuevas autoridades, poderes formales e informales, públicos y privados, infranacionales y supranacionales.

Después del referéndum catalán inconstitucional, las autoridades europeas, después de tomarse su tiempo, apoyaron tímidamente al gobierno de Madrid, la Constitución española y la defensa del Estado de derecho. Si España perdía Cataluña, la UE también, puesto que el nuevo Estado no podría adherirse sin la unanimidad de los Estados miembros (y, por tanto, con la conformidad española) y España se debilitaría tanto, económicamente, que se aproximaría al caso de Grecia. La descomposición en cadena que se anunciaba entonces tendría tan graves consecuencias políticas y económicas para la UE, que ella misma tendría un alto coste, ella que siempre ha considerado la autonomía regional contra los Estados-nación, pero cuyo proceso ha sido ampliamente minado por la retirada de Gran Bretaña, que anuncia, seguramente, la llegada de una nueva crisis financiera. ¿Cómo se ha llegado a esta situación?

Un apoyo a la “landerización” del territorio europeo
______________________________________

La marginalización de las autoridades nacionales en el ejercicio de la función legislativa se traduce en una pérdida de control, inducida desde principios de los años 90 por la europeización, en beneficio de las autoridades subnacionales: agencias independientes de regulación (energía, telecomunicaciones, redes, transportes, entidades financieras, política de competencia, protección del consumidor, lucha contra las discriminaciones) y regiones. La integración supranacional engendra el surgimiento de un sistema de “gobernanza multinivel”. Está basado en la teoría según la cual una “buena gobernanza” implica que un número creciente de temas puedan ser tratados en diversos niveles por medio de una “coordinación abierta” entre los diferentes niveles afectados. Las autoridades regionales, en particular, devienen en uno de los niveles privilegiados de concertación con las instituciones europeas y otras autoridades subnacionales, cortocircuitando, cada vez más, a las autoridades nacionales. En nombre de la superación de los Estados-nación, el federalismo europeo promueve y apoya un poder regional que contribuya a la desaparición de las fronteras políticas y de las solidaridades nacionales preexistentes.

El modelo de los Länders alemanes, Estados federados de la República federal, ¿puede llegar a ser impuesto en toda Europa? Los poderes regionales continúan siendo modestos en el conjunto y varían bastante de un Estado a otro. Estas regiones de Europa despliegan un importante lobbying ante Bruselas, disponiendo de una auténtica representación institucional a través del Comité de las regiones de la UE, creado por el tratado de Maastricht. Su papel, hasta ahora esencialmente consultivo, está llamado a incrementarse desde el tratado de Lisboa, acogiéndose, por ejemplo, al Tribunal de Justicia para cuestiones ligadas a la subsidiariedad. Además del Comité de las regiones, sus representantes se reúnen en diferentes comités establecidos en Bruselas, agrupando a comisarios, funcionarios europeos, nacionales, regionales y locales, sindicatos, etc. El objetivo es multiplicar los intercambios y las cooperaciones transfronterizas, es decir, directamente, entre regiones limítrofes, por una parte, y las fronteras estatales, por otra, aplicando las políticas europeas de fondos estructurales, pero también sobre el medioambiente, la uniformización de las normas de seguridad, las compras públicas, las ayudas a la industria… A través de sus políticas transnacionales sectoriales, la UE trabaja así en su propia “cohesión territorial”: política de transportes, política energética, ayudas agrícolas, régimen de utilización de puertos marítimos, política medioambiental, implantación industrial, investigación, ayudas regionales, etc. En esta gobernanza europea multinivel, las regiones acceden directamente a los procesos de definición de las políticas y de los recursos europeos. Aunque su influencia real siga siendo bastante débil, las regiones ganan en autonomía frente a sus Estados, particularmente en los unitarios descentralizados como Francia. En los que se puede hablar de un auténtico debut de la emancipación regional. Sin poder llegar a afirmar que estamos ante una verdadera “Europa de las regiones”, que se estaría construyendo en lugar de una “Europa de las naciones”, aquella sigue avanzando con la complicidad y el activismo en su favor del Consejo de Europa. Este último ha elaborado, desde hace años, diferentes cartas, convenciones y recomendaciones que operan una remodelación territorial europea por encima de las fronteras nacionales y con un guion sometido, por adelantado, a criterios de coherencia etnolingüística. Plantea una “regionalización en Europa”, no en el sentido de la descentralización a la francesa, sino de un regionalismo dirigido a crear un auténtico poder a escala regional. Señala que, “sobre la base de los principios políticos que promueve, el Consejo de Europa siempre apoyará el desarrollo de una Europa de las regiones”, por consiguiente, que “es necesario crear un nivel subestatal sólido” y ello a fin de “garantizar una mayor eficacia de la gobernanza europea en los Estados”, felicitándose por “la importancia del regionalismo en el proyecto europeo, testimoniado por el hecho de que la UE haya establecido los fondos estructurales a nivel regional, y concebido millares de proyectos puestos en marcha en ese mismo nivel, a fin de lograr una mayor cohesión social y territorial”.

Esta emancipación por europeización de las regiones se realiza en detrimento del Estado y, por vía de consecuencia, de otras entidades, como es el caso de los departamentos franceses. Así, en Francia, el “big-bang territorial” propuesto por el comité Balladur en 2008, respondía directamente a uno de los presupuestos del informe de Jacques Attali sobre “la liberalización del crecimiento francés”, dirigido a poner en coherencia el territorio nacional con el territorio europeo y las prescripciones de la UE y del Consejo de Europa, reforzando la región y la intercomunalidad (o intermunicipalidad), que son los dos niveles de la administración local a escala europea. A semejanza de la europeización del derecho y de la economía, la gobernanza multinivel conduce a la europeización de la organización territorial de los Estados. Conforme a estas prescripciones, una etapa capital de la europeización de la administración del territorio es implementada mediante una revisión general de las políticas públicas. Como había recomendado Attali, se programa progresivamente la desaparición de las entidades territoriales intermedias (como los departamentos franceses), ya se trate de medios y estructuras desconcentradas del Estado, o se trate de medios financieros y competencias de los consejos generales, en provecho del nivel regional. El antiguo “equilibrio nacional” debe sustituirse por el nuevo marco europeo: federación-regionalidades-intermunicipalidades. Las fuertes identidades colectivas, complementarias, deben ser sustituidas por nuevas referencias y una identidad eurorregional.

Un apoyo a las reivindicaciones identitarias y lingüísticas infranacionales
______________________________________

Desde hace muchos años, un lobbying institucional intenso se ejerce en el seno del Consejo de Europa y de la Unión en favor de una Europa federal de las regiones rediseñadas sobre criterios etnolingüísticos. Una proposición resolutiva “sobre un derecho europeos de los Volksgruppen (grupos étnicos)” fue presentada ya en julio de 1984 por varios diputados del Parlamento europeo, reconociendo ser “partidarios del derecho de autodeterminación de los pueblos”, es decir, de esos grupos étnicos. En 2008, en su manifiesto “Cambiar de era”, los Verdes presentaron la UE como “un espacio de paz y de cooperación entre los 27 Estados y los 83 pueblos que la componen”. ¿De qué “pueblos” hablan? Algunos grupos han emprendido la elaboración de un derecho europeo de los grupos étnicos, como el de los “alemanes de los Sudetes”, a punto de ser puesto en marcha después de varias décadas. Este lobbying regionalista está especialmente canalizado a través de la Unión federalista de comunidades étnicas europeas (UFCE/FUEV), organización alemana que aboga abiertamente por la supresión total de las fronteras políticas interiores y el reacondicionamiento de las regiones europeas sobre bases étnicas, considerando la identidad y la pertenencia a una etnia como un hecho biológico. Numerosos partidos políticos, diputados europeos y nacionales, electos locales, etc., son miembros de la organización, desde la derecha a la izquierda, ocupando la vicepresidencia del intergrupo de “minorías” en el Parlamento europeo.

Más allá de la protección de las minorías, a la que nadie se opone, el proyecto de un auténtico derecho europeo de las minorías étnicas y de la reconfiguración regional sobre tales criterios, suscita legítimas inquietudes. En 1961, una nota del ministerio alemán de asuntos exteriores indicaba que esta organización crea tensiones étnicas donde antes no las había. He aquí lo que escribe el historiador Eric Ferrand sobre el tema de la filiación histórica de estas reivindicaciones: «La FUEV es la heredera del Congreso de las Nacionalidades del período de entreguerras (1925-1938) que reagrupaba a las asociaciones que defendían, en el marco de la Sociedad de Naciones, una concepción étnica de las naciones fundada sobre el racismo biológico. Su objetivo principal era el reagrupamiento de las minorías alemanas en un gran Reich alemán. Otras minorías nacionales encontraron ahí un marco favorable de expresión y reivindicación. El Congreso de las Nacionalidades editaba entonces una revista, Nation und Staat. Esta publicación dejó de editarse en 1944 por su compromiso con el régimen nazi, pero volvió a ser editada en 1961 a iniciativa de la FUEV, por el mismo editor, bajo el nombre de Europa Ethnica».

Hay que poner a este movimiento en paralelo con unas notables innovaciones de la Carta de derechos fundamentales, que introdujo, por primera vez, los motivos de discriminación prohibidos por el “principio étnico”. La Carta retomaba, en efecto, el artículo 14 de la Convención europea de los derechos humanos (1950), pero sustituyendo la expresión “el origen nacional o social” por la fórmula “los orígenes étnicos o sociales”. ¿Se trata de concebir la nación como etnia, es decir, el término nación considerado en su sentido germánico? Señalar también que el tratado de Ámsterdam hacía referencia a “la raza o el origen étnico”, mientras que en la Carta el concepto de “raza” deviene autónomo y el de “origen étnico” se asocia al “origen social”.

Igualmente, la Carta emplea el plural (“los orígenes étnicos”) donde el tratado de Ámsterdam empleaba el singular, dejando la puerta abierta para los derechos colectivos minoritarios. Se trata de una evolución, según Yvonne Bollmann, de lo que es “una variación sobre el tema de la diversidad cultural” en el seno de Europa, como se revela de numerosas otras disposiciones del tratado: “La Unión respeta la diversidad cultural, religiosa y lingüística”. Esta disposición concierne, a priori, a la diversidad entre Estados miembros contra la tentación uniformizadora de la UE, pero realmente se aplica a la diversidad etnolingüística de las regiones. Mediante las ayudas recibidas por el compromiso europeo con los regionalismos, los grupos minoritarios podrían convertirlas en un instrumento al servicio de la diversidad en el interior de los Estados, con el reconocimiento de las “minorías nacionales”, más que al servicio de las “diversidades nacionales”. De esta forma, la “diversidad cultural, religiosa y lingüística estaría caracterizando a las minorías consideradas nacionales en la tradición alemana, es decir, a las minorías de carácter étnico”, según la acepción germánica del término Volk.

El desplazamiento de la UE de lo “nacional” hacia lo “étnico”, de los “derechos políticos de los ciudadanos” a los “derechos nacionales de las minorías”, hacia una multiplicación de los “derechos culturales” subjetivos en beneficio de individuos y minorías reducidos al “particularismo”, va parejo con la pérdida de la identidad colectiva y del sentimiento común de pertenencia característicos de un Estado-nación: la fragmentación de la soberanía, la reducción de la autoridad de los Estados y la “salida de la política” inherentes a la globalización jurídica y mercantil. ■ Fuente: L´Observatoire de l´Europe