Orbán: un nuevo euroescepticismo. Entrevista con Sylvain Kahn, por Thibaut Sardier


Sylvain Kahn, profesor de Ciencias Políticas en París, propone el término de “orbanización” –por el nombre del presidente del gobierno húngaro– para describir la inquietante subida de los partidos populistas en Europa.

Superando la oposición entre pro y antieuropeos, el líder del Fidesz quiere luchar contra la islamización del Viejo Continente y aunar/aliar/reunir a la Unión europea con Vladimir Putin. Sylvain Kahn analiza la estrategia del primer ministro húngaro. Sin rechazar ni la democracia ni las instituciones europeas, podría hacer triunfar una Europa pro-Putin y antiinmigración.

¿Cuáles son las señales de esta “orbanización” de Europa? 

Algunas “señales débiles” lo muestran regularmente. Lo vimos en Italia, durante las elecciones de marzo de 2018. Giorgia Meloni, presidenta del Partido nacionalista Fratelli d´Italia (miembro de la coalición neoderechista en el poder) realizó una visita a Viktor Orbán. Ciertamente, Matteo Salvini, líder de la Liga, no lo ha hecho todavía; pero le vimos aparecer llevando una camiseta con la cara de Putin. Sin embargo, si hay un líder que llama al acercamiento entre la Unión europea y Rusia, ése es el primer ministro húngaro.       

¿Viktor Orbán es un modelo para el resto de partidos populistas?  

Al contrario que muchos otros, él ejerce el poder desde mayo de 2010. Es el primero en haberse apropiado de la noción de “democracia iliberal”. Tomada del americano Fareed Zakaria, designa un régimen que se asienta sobre el respeto a las elecciones, pero que desconfía de otros aspectos de la democracia, como el Estado de derecho y la separación de poderes. En cuanto a la economía, la competencia desaparece en beneficio de monopolios.

¿Cuál es su visión de Europa?

Orbán propone una innovación doctrinal importante, que consiste en afirmar a la vez la importancia de la nación húngara y la necesidad para las naciones europeas de hacer piña contra lo que podría amenazar sus valores comunes, en una construcción paralela a la tesis del “choque de civilizaciones” desarrollada por el politólogo Samuel Huntington. Defiende la lucha contra la islamización de Europa, a través del rechazo de los flujos migratorios venidos del mundo árabe-musulmán. A diferencia de Marine Le Pen y de Matteo Salvini, Viktor Orbán se sale de la simple oposición entre pro y antieuropeos: él quiere estar también en Europa, para representar un proyecto diferente al liberalismo político y humanista.

¿Viktor Orbán no es, entonces, euroescéptico en el sentido estricto del término?

Se trata de un nuevo euroescepticismo, mucho más hábil y bastante más peligroso. Viktor Orbán no quiere romper la UE, no defiende la idea de un “Hungrexit”, y no empuja al FN a reivindicar un “Frexit”. Al contrario, considera que la UE es legítima en ámbitos como la política de cohesión, la política agrícola común, la política de seguridad y de defensa. Pero en cuanto al resto, quiere transformarla desde dentro en un sentido conforme a su doctrina. No siendo ni antiparlamentario, ni nacionalista, ni antieuropeo en el sentido “clásico” de esos términos, es difícil calificar el régimen como autoritario o fascistizante. Esta calificación no se sostiene, sabiendo que en Hungría el partido que él dirige, el Fidesz (Unión cívica húngara) se diferencia del Jobbik, que es un partido neofascista, como Nuestra Eslovaquia y Aurora Dorada. Haría falta que los partidos euroescépticos europeos se alinearan en una dirección semejante.

El RN (antiguo FN) defendía el “Frexit” hasta hace poco tiempo

Sí, ¡pero eso se acabó! Después de su derrota –relativa– en las presidenciales de 2017, el partido ha suavizado su doctrina sobre Europa, reconsiderando la hipótesis de la salida de la UE o del euro. En Italia, la Liga, movimiento de derecha radical, así como el Movimiento Cinco Estrellas (M5S), ni de izquierdas ni de derechas, dos partidos populistas euroescépticos llegados al poder en las elecciones de marzo de 2018, trabajan ya en esta bifurcación. Hay, pues, una convergencia ideológica de los partidos de derecha radical: si en lugar de obtener el 20% en las elecciones europeas como en 2014, los partidos euroescépticos consiguen el 40% –escenario improbable pero no imposible– sin duda decidirán no romper la UE desde el interior, sino utilizarla para poner en marcha su programa.

La AfD alemana, que ha conseguido buenos resultados en las últimas elecciones legislativas, ¿se encuentra también en esta lógica?

Creada en 2013, Alternativa por Alemania (AfD) primero se opuso al euro, acusándolo de hundir la economía alemana. Más tarde, el partido incorporó al movimiento “Pegida”, constituido en 2014, contra la acogida de inmigrantes. Con 92 escaños de 709, la AfD hizo su entrada en el Bundestag en septiembre de 2017. En su discurso se encuentra bastante del soberanismo “clásico” del “Alemania primero”; sin embargo, como en los partidos llegados al poder en Hungría, Polonia, República Checa, Eslovaquia y, desde diciembre, en Austria, se ve la voluntad de reformar Europa mediante la exclusión de aquellos que son designados como no europeos. En Alemania, el núcleo originario del rechazo de inmigrantes se encuentra en la parte oriental, en proximidad a Hungría y Polonia, respectivamente dirigidos por el Fidesz y el PiS, que defienden también esta visión.

La presidencia austríaca de la UE, en pleno periodo preelectoral, ¿es un riesgo?

Sin poder transformar las políticas europeas, la presidencia de la UE ofrece un altavoz y permite poner el acento sobre temas presentados como prioritarios. Así, la batalla de las ideas se va a encontrar institucionalmente girada hacia la derecha, radical y extrema. Además, en la coalición en el poder en Austria, dirigida por la derecha (ÖVP, el partido democratacristiano), el FPÖ (Partido de la libertad de Austria), ese partido de extrema derecha que llegó en tercer lugar en las elecciones, ¡ocupa tres ministerios fundamentales! Concretamente, durante un semestre, en los temas de inmigración, contraterrorismo, defensa o política extranjera, los Consejos de ministros de la UE están presididos o copresididos por la derecha nacional-populista.

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