Retrato-robot del dictador que viene, por Laurent Sailly


Poco a poco, las libertades retroceden. La prensa se ve convocada ante la policía para revelar sus fuentes. La corrección política reina en la mayor parte de los medios audiovisuales y radiofónicos. El legislador multiplica las leyes restrictivas con la libertad de expresión. La libertad de circulación está limitada por la simple voluntad de agitadores minoritarios o porque nuestro coche es demasiado viejo.

La culpabilización reina en lo más alto para poner en la picota a quienes contradicen la biempensancia. “Usted come demasiada sal, demasiado azúcar, no suficientes alimentos ecológicos”; “Fumar mata”; “Usted toma demasiados medicamentos”; “Debe beber con moderación”; “No se mueve lo suficiente”; “No hace un buen reciclaje de las basuras”; “Contamina el planeta”, etc. Y les dejo que completen la lista. La libertad de pensar o de opinión también es atacada. En lugar de contraargumentar, se pasa a la prohibición: “El racismo no es una opinión”; “Usted no debe tener pensamientos homófobos, sexistas, islamófobos…”.

¿No estamos ya en marcha hacia una dictadura? Y quien dice dictadura dice dictador. Les aseguro que no vendrá del partido presidencial en este momento. ¿Quién podría ser? ¿Cuál podría ser su retrato-robot?

Primero, ¡una feminista!

Está claro que se tratará de una mujer, o más exactamente de una feminista, cuyo odio hacia los hombres le llevará a convertirlos en seres de segunda categoría. Después de los episodios de linchamiento mediático de “Denuncia a tu cerdo” o del “Me Too”, ya no hay igualdad hombre-mujer (quería decir mujer-hombre…). El varón blanco siempre vendrá en segundo lugar.

Después, ¡una islamoizquierdista!

Porque “Ella”, en un primer momento, no habrá olvidado sus teorías izquierdistas multiculturalistas. Así, “Ella” no evitará que la ley coránica se aplique y desviará la mirada de los comportamientos sexuales como agresiones sexuales y violaciones por parte de hombres de confesión musulmana, con la razón de las diferencias de civilización entre Europa y el islam.

Por supuesto, ¡una igualitarista-colectivista!

No se admitirán las diferencias de sueldo entre mujeres. Así, “Ella” impondrá el viejo colectivismo estalinista. Una sola consigna para una sola cabeza: “Todas pobres, pero todas iguales”. Será el fin del capitalismo, mal de todas las discordias. “Ella” prohibirá incluso que se haga referencia a él ni siquiera para difamarlo. 

No hace falta decirlo, ¡una profetisa del ecologismo!

El ecologismo es la versión extremista de la ecología. A fuerza de restricciones, todos los vehículos a motor terminarán por ser prohibidos. Se cerrarán las centrales nucleares, como también las hidráulicas y los parques eólicos, a causa de su consumo de aceite y hormigón. “Ella” prohibirá toda producción de electricidad.

Para estar en la onda, ¡una vegana!

“Ella” prohibirá consumir carne o productos de origen animal, ni siquiera para alimentarse. Los “animales son seres humanos como los otros”, por recordar la frase memorable de una célebre actriz francesa. Los derechos humanos habrán sido sustituidos por los derechos y libertades fundamentales de todos los animales. Rápidamente, la cuestión de los derechos de los animales también surge y, en primer lugar, el derecho de los carnívoros a devorar sus presas.

Además, ¡una ecologista malthusiana!

Sabiendo que los niños son uno de los factores de producción de gas carbónico, “Elle” instaura una política draconiana de derecho al hijo: un hijo por pareja. Poco a poco, para “salvar el planeta”, los más fieles a “Ella” (y los más extremistas) se operarán para esterilizarse.

Y para acabar, ¡“la última generación”!

La economía se hunde. La producción industrial desaparece así como la producción agrícola. Los administrados de “Ella” se convierten en simples recolectores. Las escenas de canibalismo se multiplican. Las hambrunas, la falta de agua potable y las enfermedades no dejan más que el 10% de los más jóvenes y los más valientes de los contemporáneos de “Ella” en vida.

La política “anti-hijos” y el alza de la mortalidad infantil no han permitido la renovación de la generación.

“Ella” desaparece, víctima de enfermedad, ¡con SU última generación!

Esto ha sido una pesadilla… Traducción: Esther Herrera Alzu. Fuente: Boulevard Voltaire