El nazismo universal es posible, por Nicolas Lebourg


El movimiento griego Amanecer Dorado está regularmente de actualidad. Sin embargo, hay un punto que parece estar poco claro para gran parte de la opinión pública: ¿cómo puede un griego ser un neonazi? El estereotipo del “ario rubio de ojos azules” está en nuestras mentes y el tipo griego parece contrario a esta representación.

De hecho, el neonazismo es, en este punto, bastante heterodoxo en cuanto a las concepciones de Adolf Hitler. Participa de esa tradición política que el historiador británico Roger Griffin había denominado como el “nazismo universal”. Reenvía a la compleja historia de las nociones de “arianidad” y de “europeidad”. En suma: el “nazismo para todos” es posible.  

Esparta: al norte, a la derecha

Según Amanecer dorado, no es que esta formación intente perpetuar el nazismo, sino que fue el nazismo el que copió a Grecia. El partido afirma así que su logotipo no tiene nada que ver con la bandera de la cruz gamada, sino con los entresijos de la historia antigua griega. Para ellos, fue el nacionalsocialismo alemán el que copió a los grecorromanos, en particular a Esparta. Esto no es del todo erróneo, pero es mucho más complejo que esta justificación.

Desde los inicios del nazismo, la cuestión del dogma ario ha planteado un problema: ¿qué análisis había que hacer de las civilizaciones grecolatinas? Si el genio de la “raza pura” procedía del Gran Norte y se había conservado en los germanos, ¿podían designarse como atrasadas a las civilizaciones mediterráneas antiguas?

El debate no se limitaba a Roma y a Atenas, puesto que Esparta era un referente habitual en el pensamiento político desde el siglo XVI, y había sido fuertemente movilizado por la Revolución francesa. Pero, tras la caída de Robespierre, los republicanos abandonaron Esparta, juzgada como opresora de la libertad bajo la autoridad, en beneficio de Atenas.

Resultado: el teórico contrarrevolucionario Joseph de Maistre, igual que el nacionalista Maurice Barrès, intentaron volver a Esparta. Puesto que Atenas se había convertido en la gran referencia de los republicanos, convertida en un modelo para ellos, mientras que Esparta debía ser considerada como un contramodelo para los antirrepublicanos.

Pero, en 1928, es el propio Adolf Hitler el que escribe que Esparta es el modelo del III Reich venidero. Esparta, “primer Estado racista” de la historia, según el nazismo, sería el arquetipo del Estado ario.

La ciudad lacedemonia representaría, en efecto, una sociedad orgánica, eugenista, militarizada, que se convertiría en el prototipo de todo fascismo. Para los raciólogos nazis, no hay duda de que el genio mediterráneo es la prueba del genio nórdico. Los arios habrían migrado del Norte al Mediterráneo civilizando a los pueblos de pequeños morenos braquicéfalos.  

De ahí habrían nacido las grandes civilizaciones. Su desaparición sería debida, en gran parte, al mestizaje entre los arios y los autóctonos. Y de ahí se concluye que la grandeza de las civilizaciones mediterráneas antiguas, de las pirámides de Egipto al Partenón de Atenas, sería la prueba de la superioridad de la raza nórdica y de la absoluta necesidad de preservarla en estado puro.

En una obra apasionante, El Nazismo y la Antigüedad, Johann Chapoutot hace un recorrido por la cuestión grecorromana “nazificada”, descubriendo a los pensadores nazis que hacían estadísticas sobre la morfología de los héroes griegos para demostrar que eran arios.

El razonamiento nos parece delicado, aunque el método es, de hecho, bastante corriente. El juego de los préstamos entre fascistas entraña frecuentemente este tipo de reapropiación etnonacional. Franceses y españoles que optan por utilizar el saludo fascista pueden así afirmar que en ningún caso están “italianizados”, sino que, por el contrario, ellos recuperan, en un caso, el saludo galo, y en el otro, el saludo ibérico, que Roma habría popularizado…

1945: Esparta, año cero

Cuando, al final de la Segunda guerra mundial caen los regímenes fascistas del “eje”, todavía es Esparta la que vuelve a salvar el fascismo. Uno de los más importantes teóricos de la extrema-derecha europea es Maurice Bardèche, el cual afirmaba: “Yo soy un escritor fascista”. Usaba la referencia a Esparta para demostrar que la extrema-derecha radical no era reducible, sin más, a los Estados que acababan de colapsar. Hacía de Esparta un modelo ideal y eterno, encargado de encarnar más positivamente el fascismo de lo que lo habían hecho la Italia fascista o la Alemania nazi.

Sin embargo, esta pasión por Esparta se convirtió para la ciudad en un largo purgatorio. Hasta los años ochenta, los historiadores no osaban escribir sobre Esparta por miedo a ser tachados de filonazismo… Después de tantos siglos de protagonismo, la ciudad se había convertido en tabú.

Esparta volvió a estar de moda gracias al occidentalismo y a la popcultura. En 2006, la película “300” hizo revivir su leyenda en el marco del “choque de civilizaciones” entre Oriente y Occidente (Frank Miller, autor del cómic del que la película es una adaptación, apoyó enérgicamente a los neoconservadores americanos). Desde ese momento, un movimiento como el de los Identitarios comenzó a usar abundantemente las referencias espartanas en su iconografía.

Significativamente, Philippe Vardon, uno de los líderes de los Identitarios, vinculaba la referencia a la película “300” con una cita de Nietzsche sobre la memoria:

«Aristocracia – Valentía – Solidaridad – Combate. Valores que nosotros, jóvenes identitarios, nos esforzamos en encarnar. Después de todo, quizás no seamos más numerosos que los 300 espartanos del rey Leónidas. La historia de nuestra civilización, nuestra más larga memoria, nos enseña que un puñado de valientes y determinados combatientes puede cambiar el curso de los acontecimientos».

Estas referencias, o mejor, este juego de hibridación de referencias, vehiculan la representación de un grupúsculo radical como una minoría actuante apta para reinvertir el curso de la historia.

Del nazismo al afirmacionismo blanco

El punto esencial de renovación del nazismo es el abandono de la diferenciación racial entre las poblaciones blancas.

Durante la Segunda guerra mundial, el frente del Este obligó a los nazis a pivotar su propaganda, inicialmente centrada sobre el eje gran-alemán, sobre el de la defensa y la construcción de la Gran Europa. Numerosos colaboracionistas se convencieron, entonces, de que la victoria del III Reich conduciría al establecimiento de una Europa unida. Los angloamericanos, por un lado, los soviéticos, por otro: ambos serían las dos mandíbulas del complot judío para destruir Europa. Esta sería la concepción de la extrema-derecha de la posguerra, añadiendo a Israel como coordinador del complot. Así, por ejemplo, según Amanecer Dorado, comunismo y capitalismo no serían más que las dos caras del complot sionista.

Los voluntarios europeos enrolados en las Waffen-SS promovieron la renovación gran-europea. Conocido es el caso de los voluntarios franceses y su aportación doctrinal: en su diario de 1944 encontramos la exaltación del “hombre nórdico”, las referencias a los vikingos, el rechazo del cristianismo y la promoción del odinismo (una recreación contemporánea de la religión nórdica).

Neopaganismo y reflexión sobre el mundo blanco fueron también algunos de los precedentes de la Nueva Derecha francesa. La salida del racialismo estricto con sus jerarquías internas en la raza blanca no es una simple sustitución del racismo biológico por el racismo cultural, como frecuentemente se dice, sino una sublimación del europeísmo racializado. El “nordicismo” se convierte, así, en un importante elemento de la cultura de extrema-derecha, conectando, en particular, con el raciólogo nazi Hans F.K. Günther.

Dos organizaciones ilustran bien este proceso.

La primera es la obra del ex-Waffen-SS francés René Binet y del suizo Gaston-Armand Amaudruz, que fue el primer autor considerado negacionista. Su Nuevo Orden Europeo (NOE) defendía la unidad del espacio blanco europeo, la desgermanización del nazismo a la par que la integración de los eslavos en la raza blanca superior desde 1951.

El anticolonialismo es suscrito sin ninguna duda en beneficio de unidades raciales que impidan el mestizaje racial, lo que el NOE denomina como “neorracismo”: una apología de la distribución espacial de las razas cuya línea ideológica de cobertura es el llamado “etnodiferencialismo”.

El NOE se apoyaba en un solemne llamamiento a todos los nacionalistas europeos para que renunciaran a cualquier disputa entre ellos, como hicieron en las Waffen-SS. El neopaganismo, bajo sus diversas formas, seguía progresando: la Falange francesa, próxima al NOE y conducida por el sobrino de Marcel Déat, organizó en 1957 su “solsticio de invierno” con un delegado de la Wiking jugend (fundada en la República Federal de Alemania en 1952).

Otra organización típica: la World Union of National-Socialists, fundada en 1962.

Esta es claramente una evolución del nazismo, ampliamente amalgamada con el odinismo, que celebra también el solsticio de invierno. La WUNS sueña con la unión mundial de la raza blanca pasando por la construcción de una Europa de las regiones étnicas para finalizar edificando un “Estado mundial ario”.

Su sección francesa era conducida por el ex-Waffen-SS Yves Jeanne, el cual juró fidelidad sobre un puñal SA al “subcomandante” para Europa, el británico Colin Jordan. Pese a la publicidad que le ofrecía el matrimonio de Françoise Dior (sobrina de Christian Dior) con Colin Jordan, esta sección solo llegó a contar con unos cincuenta miembros antes de su disolución gubernamental en 1964. Pero, sobre todo, la dinámica de una alianza neonazi euroamericana no pudo reponerse del asesinato en 1967 del líder de la WUNS, Lincoln Rockwell (igualmente jefe del American Nazi Party).

Los que se ven como espartanos

Sin embargo, por muchos medios, incluyendo la refundación ideológica de la extrema-derecha francesa gracias a Dominique Venner después de 1962, la idea de una identidad etnocultural europea debía difundirse ampliamente, sacando su propio genio de sus raíces paganas, que debían preservar su diferencia biológica y cultural.

El tono debía ser, entonces, o de reformulación o de provocación.

En el primer caso, Venner decidió suprimir la cruz céltica de sus publicaciones, en beneficio de un casco hoplita. En el segundo caso, el folclore de las runas era privilegiado, pues estaban destinadas a crear el vínculo con la antigüedad europea no-mediterránea y europea de las SS. Por otra parte, Christian Bouchet, líder nacional-revolucionario, adherido al lepenismo, y también doctor en etnología y especialista en esoterismo, escribió en una de sus obras que, a partir de los años ochenta, “el neopaganismo derechista “se había convertido) en un componente esencial de la subcultura de la extrema-derecha francesa”.

Estas dimensiones se encuentran también en Amanecer Dorado. Antes que concentrarse sobre una identidad ortodoxa políticamente más llevadera, el movimiento hace referencia al paganismo, no solo helenístico, sino también nórdico. Además, en las imágenes reveladas con frecuencia, se muestra a sus dirigentes en pleno folclore neonazi, observando la presencia de banderas nazis donde la esvástica ha sido reemplazada por una “runa del lobo”, símbolo anteriormente utilizado por las Waffen-SS europeas (otra variante es utilizada por los ultranacionalistas ucranianos).

En definitiva, las referencias neonazis pueden ser reconducidas al dominio de una subcultura que poco o muy poco tiene que ver con la visión del hitlerismo. No se trata de someter a los grupos de extrema-derecha a un cuestionario para saber si son o no son nazis: todo neonazi es “neo” antes de ser “nazi”.

No se trata de un simple “doble discurso”: raramente los militantes de estos grupos se reconocen totalmente en el “hitlerismo”, pero los marcadores de su formación y de las ideas que difunden son reconducibles a una historia específica relativa al nazismo nórdico.

Los grupos de extrema-derecha saben que no tienen ninguna posibilidad de participar en el poder salvo en caso de derrumbamiento catastrófico de los Estados —lo que podría suceder en determinadas circunstancias. Pero, sobre todo, ellos representan un punto de ebullición ideológica, de producción de temas y de ideas que difundir con facilidad mediante el llamamiento a la memoria histórica. Fuente: Slate.fr