El concepto de imperialismo y el verdadero internacionalismo, por Carlos X. Blanco Martín


El concepto de imperialismo es y ha sido de uso común en la filosofía política y en las ciencias sociales desde hace largo tiempo. A la izquierda en general se le puede atribuir la muy cargada acepción negativa de imperialismo, carga que ya se ha convertido en hegemónica en todo el arco ideológico y en todos los abanicos intelectuales, a izquierda, a derecha y al centro.

Desde luego, convendría distinguir entre Imperio, e imperialismo. Imperio en el sentido puramente neutral politológico, o bien en el sentido espiritual, con carga positiva, como anhelo de restitución de paz, unidad y elevación de los pueblos de la tierra, son acepciones libres de la carga de valoración negativa impulsada por la mayor parte de la izquierda al uso. La izquierda actual tiende a emplear abundantemente el término leninista, "imperialismo", acaso sin conocer muy bien la obra del revolucionario ruso, "El Imperialismo, fase superior del capitalismo" (1916), mucho menos sin contextualizar histórica y doctrinalmente ese libro (especialmente con respecto a Marx y con respecto a la propia fase evolutiva del capitalismo que Marx, por un lado, y Lenin, por el otro, no pudieron conocer), y muy centrada, como está, en la crítica plana, ramplona, al imperialismo yanqui con un diagnóstico congelado en su ya rebasada fase de la Guerra Fría. Una Guerra Fría que hoy es otra, marcadamente multipolar, y descarnadamente intercapitalista.

Costanzo Preve, conocedor de los clásicos del marxismo como pocos, poseía las armas intelectuales suficientes como para determinar las aberraciones que la izquierda política occidental fue cometiendo a partir de la propia muerte de Lenin, y también los errores de Lenin mismo. La concepción de los EE.UU. como una especie de imperio de Mordor, un Ojo de Sauron que todo lo ve y todo lo emponzoña con su mirada, y la visión puramente conspirativa del capitalismo-neoliberalismo-fascismo como poder omnímodo ante el cual sólo caben difusas "resistencias populares" y "movimientos emancipatorios" con todo género de "ismos" (feminismo, ecologismo, homosexualismo, indigenismo…) es harto infantil, y a la postre sólo sirve para reforzar el imperialismo denunciado. La izquierda en general ha abandonado la lucha teórica, el análisis económico-político de por qué EE.UU. conserva gran parte de su agresividad y hegemonía en el planeta, y por qué su capitalismo se resiste a ceder ante otros capitalismos no menos poderosos (chino, ruso, árabe, indio, etc.). La izquierda sigue empeñada en la existencia de un "proletariado universal", parejo y correspondiente a una "burguesía universal" sin percatarse de que el imperialismo neoliberal y globalista simplemente reduce a su mínima expresión a estas clases sociales, las descuartiza y las convierte en papilla, convirtiéndolos en "masa". La estrategia de una nueva izquierda "populista", en la línea de Preve y de su discípulo Fusaro, pasaría por renacionalizar esa masa (con nuevas alianzas entre los perjudicados por el Imperialismo global, procedentes de una clase media y una clase trabajadora ambas en ruinas), devolverles su condición de pueblos soberanos, hacer específica la lucha anti-imperialista desde cada nación (en el sentido popular-soberanista, no en el sentido nacionalista-supremacista). Una lucha internacionalista desde la diferencia, desde la tradición nacional propia, desde el arraigo. Ese tipo de lucha, ortodoxamente marxista choca frontalmente con los planes homogeneizadores del imperialismo yanqui y del "mundo-sin-fronteras" de George Soros. La izquierda "altermundista" y su colección de "ismos" cada vez más aberrantes desconocen completamente el internacionalismo. Hay internacionalismo precisamente porque hay naciones. Nada que ver con los planes de la Open Society, que consisten en mezclar todas las etnias, destruir las culturas, demoler fronteras… que es, precisamente acabar con las naciones. Un imperio, bueno o malo, es internacional. Este imperialismo, el yanqui, especialmente, es antinacional.

Recordemos ahora la reflexión de Costanzo Preve en relación con Lenin y la teoría sobre el imperialismo.

«Marx escribió la mayoría de sus obras en los veinte años que van de 1850 a1870. Es precisamente el período de veinte años del libre comercio, lo que Hobsbawn llama "la era de la burguesía". En ese momento reinaba el colonialismo imperialista inglés, contra el que luchó Marx (escritos sobre Irlanda e India, etc.), pero en aquel entonces todavía no existía un imperialismo real. El verdadero imperialismo en el sentido de Lenin es un producto histórico posterior a 1873, a saber, la llamada Gran Depresión.

Por lo tanto, Marx no tiene la culpa de no haber hablado de ello, mientras que Kautsky tiene la culpa de haber imaginado ingenuamente una especie de consorcio imperialista capitalista unificado, el famoso superimperialismo, en el que los capitalistas acuerdan pacíficamente compartirse el mundo por consenso. Kautsky olvidó así que para su maestro Marx no podía haber un capitalismo "concordatario" unificado, ya que el capitalismo sólo existe en la forma obligatoria de competencia estratégica entre numerosos capitales antagónicos. Errar es humano. Pero perseverar es diabólico, y todo el horrendo "obrerismo" se ha construido ideológicamente sobre este error kautskiano, hasta la última concepción del imperio de Toni Negri. El obrerismo es, teóricamente hablando, una especie de "anarquismo kautskiano". El capital está unido en un gigantesco superimperialismo imperial, y contra él, sin necesidad de un partido leninista "autoritario", las masas luxemburguesas se redefinen en términos de multitudes impulsadas por flujos deseosos de tipo teúrgico (sic!).

Incluso la idiotez puede llevar a alturas sublimes.

Durante casi noventa años hemos estado discutiendo las famosas cinco características que según Lenin caracterizan al imperialismo, y que no repito aquí por razones de espacio. Sobre este punto me refiero a los recientes escritos sobre el imperialismo de Gianfranco La Grassa, que hacen una valoración histórica crítica de estas cinco características, y que de hecho consideran que sólo una de ellas es actual, mientras que las otras cuatro han sido de alguna manera "negadas" o "absorbidas" en el siglo pasado. Sin embargo, aquí pretendo llevar a cabo mi razonamiento desde una perspectiva diferente.

En primer lugar, una observación histórica elemental. La diferencia entre socialdemocracia y comunismo, después de 1917, no fue la de la victoria o derrota de sus proyectos (por ahora, en 2004, ambos proyectos han sido totalmente derrotados). La diferencia entre socialdemócratas y comunistas radica en la diferente actitud hacia el colonialismo imperialista y hacia la legitimidad o no de las intervenciones militares imperialistas, hasta la de Yugoslavia en 1999 e Irak en 2003, por supuesto. Los socialdemócratas estaban generalmente a favor (con excepciones meritorias) y los comunistas en contra (con excepciones despreciables). Todo esto también se debe a Lenin, y también podemos decir, especialmente a Lenin.

De esta manera Lenin superó positivamente el eurocentrismo que el programa original de Marx llevaba consigo inevitablemente (ejemplaridad del modelo capitalista inglés, etc.). Lenin no fue el "segundo" en globalizar el marxismo, sino que fue en cierto modo el "primero". Creo que este reconocimiento exigente y prestigioso debe serle otorgado, aunque obviamente cada innovador radical siempre lleva consigo residuos de la vieja concepción (mecanicismo, teoría de las cinco etapas, desprecio sustancial del modo de producción asiático, etc.). Pero estos son detalles. Lo esencial es la superación de facto del eurocentrismo, bien expresada en el título de su obra "La Europa retrasada y el Asia avanzada".

La teoría de Lenin sobre el imperialismo, que apoyo plenamente (con objeciones fisiológicas detalladas resultantes del balance del último siglo de la historia, cuyos últimos ochenta años no fueron vividos por Lenin), convierte a Lenin en el mayor marxista del siglo XX. Por eso es tan odiado, en la era de la locura intervencionista del imperio militar americano y la vergonzosa impunidad de que goza el sionismo».