Yihadistas y supremacistas se encuentran en internet, por Valentin Chantereau


Mientras que el Estado islámico pierde su territorio, los ciberyihadistas actúan en la red. Se dan como misión activar y animar a los “lobos solitarios”.

En su libro Machines à radicaliser, la joven investigadora austríaca Julia Ebner llama la atención sobre las capacidades informáticas de los grupos yihadistas, estudia sus métodos y advierte de las coincidencias con otras radicalidades en línea. En 2005, el teórico salafista Abou Moussab Al Souri predecía el surgimiento de una yihad digital total. La profecía se está realizando ahora plenamente, mientras el Estado islámico pierde sus adquisiciones territoriales en Irak y Siria: hasta ahora, internet era un medio de reclutamiento, ahora el ciberespacio se ha convertido en la nueva tierra de promisión para el Daesh. El reciente desarrollo de los Deepfakes (falsos vídeos de una calidad casi perfecta) podría dotarles de nuevas armas para su ciberyihad.

Infiltración de una red de adoradores del Estado islámico

Esta es una de las conclusiones de Julia Ebner. La investigadora trabaja, desde hace varios años, en Londres, en el seno del Institut for Strategic Dialogue, un think-tank británico fundado por el barón Weidenfeld, y actualmente dirigido por Sasha Havlicek. Anteriormente, fue miembro de la fundación Quilliam, especializada en la prevención de la radicalización.

En sus trabajos, señala las extrañas similitudes (lo que no es, evidentemente, sinónimo de colaboración) entre los métodos de los supremacistas y los círculos islamistas. La originalidad de esta constatación reside en el enfoque de su autora, que ha intentado infiltrarse en las redes extremistas. Falsas identidades, falsas cuentas, e incluso, en ocasiones, cambio de su apariencia física, han sido necesarias para conversar por webcam o reunirse con sus interlocutores en el mundo real.

Ebner nos proporciona el ejemplo de Sister Only, un grupo exclusivamente femenino de adoradoras del Estado Islámico, bastante activas en las redes encriptadas y que habrían jugado un importante rol en el atentado de Yakarta en enero de 2016, especialmente retransmitiendo las tribunas del predicador indonesio Aman Abdurrahman.

Tras los islamistas, los supremacistas blancos

En el movimiento supremacista, las páginas web y los foros, tales como 4chan y 8chan, sirven de soporte a la propaganda radical, especialmente para los autores de los atentados de El Paso, de la sinagoga de Bombay o Christchurch. Sus equivalentes Twitter, Gab, o incluso LiveLeak y Zero Hedge, varias veces bloqueados, son regularmente señalados por el papel que han jugado en diversos ataques extremistas, así como por el soporte técnico que suponen en la propagación de teorías complotistas. Incluso prohibidos, las webs y los foros renacen frecuentemente en las redes VPN y en dominios no registrados de países opacos y repertorios en Tor, el navegador de Darknet (la red oscura).

En una entrevista concedida a Frankfurter Allgemeine Zeitung, Julia Ebner volvía sobre ciertos aspectos singulares de los métodos on-line yihadistas, encontrando algunos puntos comunes con la cultura start-ups: control de herramientas informáticas y tecnológicas recientes (big data, algoritmos, inteligencia artificial), utilización de criptomonedas, adaptabilidad y gran capacidad comunicativa. En razón de su rapidez de adaptación, la autora los compara a los “tornados digitales”, capaces de movilizar medios técnicos y humanos en un tiempo récord.

Trolling, memes, foros…

Si bien estos hechos no son novedosos, Ebner pone en evidencia otra técnica utilizada frecuentemente por los extremistas: el trolling, es decir, la capacidad para participar en foros legítimos y debates on-line con el único fin de perturbarlos con contribuciones provocadoras o memes (imágenes con mensaje), repetidos masivamente. Algunas redes han impulsado esta práctica utilizando sistemas capaces de reproducir los trolls de forma automática por la vía de las falsas cuentas, pudiendo además actuar en un gran número de idiomas. Uno de los ejemplos de esta técnica es la campaña de trolling conducida por los islamistas alemanes (con el hashtag Twitter: #NichtOhneMeinKopftuch, «nunca sin mi velo»).

El hacking es también una práctica extendida, e incluso “enseñada” clandestinamente por MuslimTec, un grupo de hackers alineado con el Estado Islámico.

Julia Ebner ha desarrollado una investigación comparativa entre las radicalizaciones de las redes neonazis en Alemania y los círculos yihadistas, lo que no le ha hecho ganar amigos precisamente. En su obra precedente, Wut (rabia), describía los puntos comunes entre los dos ámbitos, con un telón de fondo, la voluntad de dividir duraderamente a las sociedades a fin de crear las condiciones propicias para la progresión de sus ideologías. Así, los trabajos de Ebner permiten deconstruir la idea preconcebida de los “lobos solitarios”.

Tras el atentado antisemita de Halle, Daniel Köhler, otro especialista germanófono de la radicalización, lo recordaba en un artículo publicado en Die Welt: el “lobo solitario” es un mito. El tirador solitario, sostenido por sus influencias y, a veces, incluso por activistas en internet, frecuentemente no es más que la parte emergida de un iceberg radical digital. Una red de apoyos morales e ideológicos, a veces financieros (vía transferencia de bitcoins u otras criptomonedas) forman, con frecuencia, una red invisible. Y también con demasiada frecuencia, se les descubre demasiado tarde, cuando la policía tira de los hilos de esta compleja red clandestina.

Julia Ebner recordaba recientemente en The Guardian que los ataques yihadistas de 2016, especialmente los cometidos en Francia, se inscribían en este marco. Fueron perpetrados en respuesta al llamamiento de Abou Mohammed al-Adnani, antiguo responsable de las operaciones exteriores del Estado Islámico, muerto en Siria a finales de 2016, a realizar atentados solitarios contra objetivos occidentales. Un mensaje que fue ampliamente difundido por las redes ciberyihadistas. ■ Fuente: Causeur