¿Qué permanece de Marx en la actualidad? Entrevista a Denis Collin, por Thibault Isabel


Karl Marx profetizó el fin de la historia y el surgimiento de una sociedad comunista, y tan sólo tuvimos la caída de la Unión Soviética y el advenimiento de un capitalismo mundial hegemónico, bajo amplia dominación americana. China, que es oficialmente el último gran régimen "comunista" del mundo, se está transformando en un modelo de libertad de mercado. ¿Cometió el marxismo un error a lo largo de toda la línea? ¿De qué manera el análisis marxista, iniciado hace casi doscientos años, nos permite todavía pensar en el siglo XXI?

No estoy seguro de que el término profecía sea apropiado. Marx no prevé la llegada del comunismo cuando los profetas anunciaron la venida del Mesías. Afirma que describe el movimiento real que se está produciendo ante nuestros ojos, el movimiento por el que se lleva a cabo la expropiación de capitales, a través de fusiones, quiebras y el establecimiento de oligopolios, la incorporación de sociedades anónimas, el creciente papel de las instituciones financieras y de crédito, etc. Todos estos son medios por los que el capital tiende a cruzar los estrechos límites establecidos por la propiedad capitalista de los medios de producción. Al mismo tiempo, la creciente socialización de la producción es un hecho evidente del que la "globalización" es sólo una manifestación. La posibilidad de dar "a todos según sus necesidades" ha demostrado su realidad a gran escala a través de los sistemas de protección social; el acceso libre o casi libre a toda una gama de bienes y servicios está al alcance de muchos sectores. Pero en realidad todas estas tendencias siguen siendo eso, tendencias, y ninguna ha llevado a la inversión de las relaciones sociales de producción capitalistas. Sin embargo, siguen siendo la base de todos los desarrollos sociales contemporáneos. La aparente resistencia del modo de producción capitalista no debería impresionarnos demasiado. Según los análisis de Marx, la prosperidad se basa en una montaña de capital ficticio. La clase capitalista misma ‒y no los "funcionarios" del capital, muy bien pagados‒ se ha reducido drásticamente y sólo tiene un papel puramente parasitario. La dinámica de la acumulación de capital ("valorización") no puede continuar para siempre. Tampoco será posible aprovechar eternamente los recursos naturales destruidos por un modo de producción que implica el aumento de los residuos. Los historiadores, sociólogos, economistas, filósofos, que no creen que el capitalismo limite nuestro horizonte histórico, están cada vez menos aislados. Unas pocas décadas, a lo sumo, es el futuro del capitalismo en sus formas actuales. Entonces, lo que venga tal vez será mejor y tal vez peor.

El compromiso fordista y luego la política redistributiva de los gloriosos treinta años compraron de alguna manera la paz social, favoreciendo la reorientación reformista de los sindicatos y contribuyendo, aunque sea escasamente, a una "gentrificación" del proletariado tradicional. ¿Había anticipado Marx esta adaptación del capitalismo, que permitió que el sistema sofocara las ambiciones revolucionarias del proletariado occidental? ¿Al final la socialdemocracia ha ablandado el capitalismo ‒en cuyo caso un marxista podría lamentar su desaparición‒ o fue simplemente una trampa diseñada para fortalecer la economía liberal?

Las políticas "redistributivas" del Estado no son el resultado de cálculos académicos realizados por los capitalistas. Son el producto de la conjunción de dos movimientos: por un lado, las luchas de los trabajadores para imponer limitaciones legales a la explotación capitalista (Marx expone todo esto con gran claridad en el Libro I de El Capital); por otro lado, la percepción por parte de algunas de las clases dominantes de que la intervención del Estado y la implementación de un cierto número de regulaciones eran necesarias para salvar el modo de producción capitalista de los ilimitados apetitos de los propios capitalistas individuales.

La socialdemocracia era una organización que defendía los intereses de los trabajadores en el marco mismo del modo de producción capitalista. Durante mucho tiempo, lo vistió con una ideología a menudo casi religiosa, el marxismo (ver mi libro Le cauchemar de Marx, La pesadilla de Marx). Pero esta socialdemocracia ya no existe, está en todas partes en agonía, no porque haya "traicionado" una esperanza revolucionaria en la que ya no creyó durante mucho tiempo, sino porque incluso ha renunciado a defender su propia base social en favor de las clases medias altas. Pero esta idea de reformar el capitalismo, de recuperar los derechos sociales, de regular un capitalismo que fuera menos inhumano no ha desaparecido. Podemos en España, La France insoumise, el movimiento Cinque Stelle en Italia o los grandes mítines de Bernie Sanders en Estados Unidos encarnan perfectamente este intento de revivir algo que sustituiría a la "vieja izquierda" y a la socialdemocracia tardía (o casi).

Aunque estemos lejos de la época de las minas, los altos hornos y las líneas de montaje, en las últimas décadas se ha producido un aumento endémico de las tasas de estrés y depresión en las empresas, o incluso de agotamiento profesional. Marx denunció en su tiempo la alienación a través del trabajo. ¿Nos ayuda su pensamiento a entender la crisis actual del mundo obrero, e incluso la deshumanización resultante? ¿Y la ubicuidad actual agravará el fenómeno de la alienación o, por el contrario, aportará una cierta autonomía a los nuevos autoempresarios?

En primer lugar, todavía hay muchas minas, altos hornos y líneas de montaje. Foxconn, el principal productor de teléfonos móviles, utiliza mano de obra a gran escala y emplea a cerca de 1,2 millones de trabajadores.... Las tierras raras de nuestras pantallas táctiles también deben ser extraídas del suelo. Debemos considerar el modo de producción capitalista globalmente. En segundo lugar, la organización científica del trabajo ha hecho un considerable "progreso". El "toyotismo" lleva al límite todas las características del fordismo; se trata de no dejar un instante sin usar directamente. De ahí las nuevas enfermedades profesionales. La informatización ha permitido desarrollar la vigilancia y la "gestión por el terror" se ha extendido ampliamente. Las ocupaciones de "cuello blanco" son ahora tratadas como de "cuello azul" y a menudo peor. Por último, la uberización [plataformas de economía colaborativa en las que se prescinde de mediadores, NdT] y el desarrollo de los autoempresarios son un progreso sólo para aquellos que no saben nada de historia. Se trata de formas de trabajo por encargo, un sistema salarial disfrazado, que tiene todos los inconvenientes del trabajo asalariado sin tener las ventajas. Un conductor "Uber" o un autoempresario es el equivalente exacto de lo que eran los Canuts de Lyon en 1830 [famosas revueltas de los trabajadores de la seda en dicha ciudad francesa, NdT]. Es interesante notar que los movimientos sociales entre los conductores de Uber a menudo se refieren a la reclasificación de su contrato como un contrato salarial y varios tribunales estadounidenses les han dado satisfacción sobre este punto.

Marx dijo que los primeros grandes capitalistas, a principios de la era moderna, se habían beneficiado de un proceso de "acumulación primitiva": en otras palabras, se habían apoderado masivamente de los bienes anteriormente comunales -en particular, de las tierras agrícolas- que, por lo tanto, habían privatizado con el fin de hacer de estos los que servirían como base de su enriquecimiento en el futuro. Sin embargo, en los últimos tiempos, en un período de tiempo extremadamente corto, hemos visto el surgimiento de multimillonarios extremadamente ricos que han partido de casi nada, particularmente en el campo de la economía digital. ¿Han sido posibles estos rápidos enriquecimientos gracias a una nueva forma de acumulación primitiva, es decir, la privatización de la propiedad comunal? ¿En qué sectores de la economía contemporánea puede observarse más ampliamente el fenómeno de la acumulación primitiva?

En términos de acumulación primitiva, los llamados regímenes "comunistas" han sido particularmente exitosos. Los oligarcas rusos y los multimillonarios chinos se han apoderado de la propiedad estatal y ésta es una de las dimensiones importantes de las transformaciones de estos regímenes burocráticos. En cuanto a las grandes empresas digitales, simbolizadas por los GAFA [el imperio formado por Google, Amazon, Facebook y Apple, NdT], su fabulosa capitalización es la de una economía de renta. Extorsionan regalías en situaciones de monopolio o cuasi-monopolio. Pero en realidad no crearon nada por su cuenta, contrariamente a las leyendas que se cuentan sobre este tema. Apple hizo su fortuna con la interfaz Mac.... inventada por la Universidad de Palo Alto y "privatizada" por Steve Jobs, que sobre todo era un genio de los negocios. Los lenguajes de programación son software libre, toda Internet es el resultado de un trabajo realizado por organismos públicos (universidades americanas estimuladas por el programa ARPANET del Pentágono); la interfaz de Internet, HTM, fue creada por investigadores del CERN. Luego, estas grandes empresas celebran contratos de exclusividad con los Estados. Así pues, el contrato que vincula a Microsoft con el Ministerio de Educación Nacional de Francia, que ahoga toda la competencia y, en particular, las empresas francesas independientes que se habían lanzado sobre el software libre para la escuela... En resumen, una vez más, como diría el Eclesiastés, nada nuevo bajo el sol. El capitalismo moderno se parece como dos gotas de agua al capitalismo de hace dos o tres siglos.

Desde los años 80, con las reformas de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, hemos sido testigos de una desregulación excesiva del sistema económico mundial. El número de multimillonarios en el mundo se ha disparado, mientras que, al mismo tiempo, la tasa de crecimiento de los principales países industrializados ha caído drásticamente, el desempleo se ha vuelto estructural, la proporción de trabajadores pobres ha aumentado drásticamente, las brechas de riqueza se han disparado y las crisis financieras se han sucedido a un ritmo repetido, la más violenta, por supuesto, como resultado de las subprimes. A pesar de ello, las elecciones en muchas partes de Occidente han fortalecido a los partidos liberales, y la izquierda a menudo termina en pedazos. ¿Por qué no se rebelan los pobres?

No hay ninguna razón "objetiva" para esta dominación de los partidos que erróneamente se llaman liberales (porque desoyen todos los ideales del liberalismo político). Pero debemos entender que las relaciones sociales incluyen representaciones del mundo, así como estas mismas relaciones sociales. Marx muestra todo esto brillantemente en la primera sección de El Capital, especialmente en el pasaje dedicado al fetichismo de la mercancía. Los mecanismos de sumisión al orden existente han sido objeto de análisis por parte de importantes autores, incomprendidos en su tiempo y desconocidos hoy en día, como Herbert Marcuse, cuyo Hombre Unidimensional sigue siendo una obra muy esclarecedora hoy. "Los hombres luchan por su servidumbre, como si fuera su salvación", dijo Spinoza. Nada es más desesperante que cuando vemos a cientos de millones de personas pobres proclamando su sumisión (el islam) a tiranías religiosas basadas en fortunas colosales.

En realidad, no existe una "dinámica objetiva" del capitalismo que produzca revueltas que se conviertan en revolución. Para derrocar al capitalismo también se requiere una transformación moral e intelectual de toda la nación, como dijo Gramsci.

La desertización industrial de nuestras regiones ha puesto fin a la tradicional clase obrera, relegada ahora a la Francia periférica de los desempleados y de los trabajadores temporales, ganada principalmente para el Frente Nacional o por la abstención. La cultura proletaria como tal ha dejado de existir. Los "barrios obreros" ya no se refieren a los barrios obreros, más o menos desaparecidos, sino a las zonas suburbanas donde se concentra un gran número de inmigrantes y ciudadanos poco integrados, con muy poca politización. ¿Todavía tiene sentido la lucha de clases? ¿Qué categoría de la población puede oponerse a los "empleadores", reencarnados en los rasgos nebulosos del accionista anónimo?

La "lucha de clases" no es un fenómeno sociológico ni puramente político. La identificación de la izquierda con la clase obrera y otras clases salariales lo ha oscurecido todo. La "lucha de clases" es lo que se organiza en torno a la relación capitalista, la transformación de la fuerza de trabajo en mercancías cuyo consumo no sólo renueva el valor de esta mercancía tan particular, sino que también produce un valor adicional. Las formas que expresan la conciencia de esta relación pueden ser muy variadas, pero hemos perdido el hábito de reconocerlas. Por ejemplo, cuando se desarrolla la hostilidad hacia los inmigrantes, particularmente entre los trabajadores (lo vimos en Italia en las últimas elecciones), es en primer lugar porque el inmigrante es percibido como el que viene a competir injustamente con el trabajador "nacional" y por lo tanto debilitará su posición hacia el capitalista. Las "almas hermosas" que nunca se enfrentan a esta situación, sermonean a estos "pobres bastardos" y denuncian a los "populistas". ¡Pero todavía es la lucha de clases la que se está expresando! Como sigue siendo la lucha de clases que se expresa en la ira de los franceses en los suburbios estudiados por Christophe Guilly.

El problema es transformar lo que es sólo reactivo en un movimiento activo que no se enfrente a unos pocos chivos expiatorios (las "doscientas familias") sino que pueda transformar la situación real haciendo prevalecer los intereses del "pueblo" (los de abajo) sobre los "grandes" (los que quieren gobernar) para asumir el problema maquiavélico. Y eso puede tomar muchas formas diferentes: una ciudad que apoya a los huelguistas de una fábrica amenazada, la lucha contra el cierre de una estación, la organización de cooperativas de productores, la organización de guarderías colectivas mutualistas, etc. No prestamos suficiente atención a todos estos pequeños arroyos que bien podrían formar un río grande.

Si la revuelta contra el capitalismo aún tiene la más mínima posibilidad de estallar, ¿vendrá de Occidente o de otras partes del mundo? Después de haber sido el motor de la historia durante muchos siglos, para bien o para mal, ¿no nos hemos convertido en las naciones del mundo de ayer?

El capital da la vuelta al mundo. En Asia y especialmente en China, hay intensas luchas de clases que conducen a salarios más altos y el siguiente continente es África. ¡Pero entonces no queda nada! La Antártida probablemente tiene recursos para explotar, pero no tiene mano de obra humana. Unas cuantas décadas; pero algún día habrá que resolverlo.

Los críticos de Marx le reprochan a menudo por haber dado una visión demasiado optimista de la industria y del progreso tecnológico. ¡Ciertamente no podemos considerarlo como un precursor de la ecología! Pero, ¿hay algo en Marx que permita analizar la crisis ecológica de nuestro tiempo?

Por supuesto, Marx no es un "ecologista". Engels prestará mucha atención al trabajo del padre de la ecología, Ernst Haeckel. Pero Marx presta mucha atención a la terrible destrucción del medio ambiente natural producida por el desarrollo del modo de producción capitalista. El capital destruye las dos fuentes de riqueza que son la tierra y el trabajo, según dijo. Y en su mente, el comunismo es también una forma económica ‒es decir, minimizando el gasto de energía‒ de regular la relación entre el hombre y la naturaleza. Aunque Marx tiene un interés e incluso una verdadera fascinación por la mecánica, de la que es el primer gran analista, las amenazas a nuestro ecumenismo pueden ser claramente entendidas a partir de los análisis de Marx.

La robotización puede causar la degradación de muchos trabajadores en todo el mundo e incluso amenaza la mano de obra barata en los países emergentes: esto es lo que Marx llamó la dominación del "trabajo muerto" sobre el "trabajo vivo". Sin embargo, si el trabajo es cada vez más escaso, si los pobres son cada vez más numerosos y se empobrecen, ¿quién seguirá comprando los productos fabricados por las máquinas, y cómo lo harán los ricos para seguir siendo ricos?

¡Una contradicción mortal del modo de producción capitalista! En una época en la que el trabajo puede llegar a ser "más raro", el capital está más ansioso que nunca por vivir una vida laboral: semanas de trabajo más largas, la semana laboral de 35 horas, un aumento de la edad de jubilación, etc. Lo que interesa al capital es el trabajo libre y sólo la fuerza de trabajo humana puede producir trabajo libre. Las máquinas por sí solas nunca producen más valor del que han costado. ¡Un modo de producción totalmente automatizado no produciría ningún valor añadido!

¿El comunismo sigue siendo una opción válida? De lo contrario, ¿qué alternativa se debería proponer contra el capitalismo, si es que en absoluto otro régimen es sólo posible o deseable? (Pregunta obligatoria)

En mi Introducción al pensamiento de Marx (Le Seouil, 2018), subrayo en el capítulo final: "tenemos no menos sino más razones que Marx para pensar que el modo de producción capitalista está históricamente condenado. ¿A qué dará paso? Lo peor todavía es posible. Pero precisamente, con Marx, debemos recordar que los hombres hacen su propia historia". Por eso no hay tarea más urgente que repensar un "comunismo" que no tendrá nada que ver ni directa ni indirectamente con los sistemas burocráticos colectivistas. Un comunismo que no hará borrón y cuenta nueva del pasado, sino que se basará en todo lo que nuestra historia nos ha dejado. El comunismo consiste, ante todo, en promover el bien común. Este bien común es, ante todo, aquello lo que la vida comunitaria nos proporciona, la vida en una ciudad, como decía Aristóteles. Significa compartir el uso de bienes que no se pueden apropiar en privado: la salud, la educación, el disfrute de la cultura, las posibilidades que se ofrecen para lograr lo que creemos que es una buena vida. También significa protegernos de males públicos como la contaminación, la degradación del medio ambiente y las condiciones mismas de la vida humana en nuestro limitado planeta. El bien común sólo puede ser garantizado por la acción política, de abajo hacia arriba (¡en el fondo está la comuna!). El comunismo, por lo tanto, sin deterioro del estado (esa es la gran diferencia con Marx), pero con un estado que protege a los individuos de la dominación ‒que es la definición misma del republicanismo. Un comunismo que no renuncie a las utopías, sino a la "decencia común" de la que hablaba Orwell.

Nota para los cazadores de brujas: los profesionales "antifascistas" no dejan de denunciar esta entrevista concedida, según ellos, a una "revista de extrema derecha" como Éléments. Si Éléments pretende ser una revisión de ideas "para la civilización europea", es también una revisión abierta al diálogo de ideas, lejos del sectarismo más virulento "a la izquierda", sectarismo que ha tirado por la borda todos los ideales de la izquierda. Mi entrevistador, Thibault Isabel, afirma ser de seguidor Proudhon, defiende el principio de tolerancia y un cierto multiculturalismo, lo cual estoy lejos de compartir, pero es alguien que no puede ser descrito como poseedor de una ideología de extrema derecha (ver sus diferentes libros). Es también en Éléments y en Krisis donde encontraremos buenas bases para la defensa de la obra del difunto Costanzo Preve. Traducción: Carlos X. Blanco Martín. Fuente: denis-collin.viabloga.com