El virus de la propaganda: la exportación china por la que debemos preocuparnos, por Jean-Yves Heurtebise


El SARS-CoV-2 es un virus tremendamente moderno. Y como todo lo que es moderno:
1. Es "Made in China"
2. No le gustan los mayores
3. Se desplaza a toda velocidad
4. Lleva a la población a quedarse en sus casas mirando pantallas
5. Justifica la expansión de medidas de control para todos, en todas partes y en toda ocasión.

Una vez que se ha "convencido" a todo el mundo (o casi) en el interior del país, hay que exportar el producto...

Sin duda, por el hecho de que se nos parece tanto es por lo que le tenemos miedo. El diablo moderno: Xi Jinping, el gran conjurador, que ha salvado a la humanidad por su gestión valiente y ejemplar de la epidemia (esto decían el Global Times y el People´s Daily) y gracias a sus "métodos a la antigua" (según dijo la OMS), ¿no evocaba ya, como lo señalaba Emmanuel Dubois de Prisque, una lucha contra el "demonio"?
Justamente, Richard Dawkins, en un ensayo célebre titulado Viruses of the Mind, comparaba la religión con un virus. Según Dawkins, la religión no tiene ningún fundamento racional y, por lo tanto, ningún contenido semántico válido no debe su fuerza más que a su capacidad de transmisión de huésped a huésped. La religión y su estudio se basarían así en la "memética": la ciencia de la propagación viral de los "memes".

China estaría exportando su propaganda...

Semióticos serios han criticado la idea del "meme" poniendo de relieve sobre todo que no es más que un signo empobrecido, sin más contenido que el de su replicación. ¿Crítico? ¿O más bien perfecta definición? Ya que... ¿qué es aquello que no tiene contenido propio, sin vida y que no existe más que por su difusión? Sí, eso es, un virus. Un virus pero, también, una información falsa.

Si el virus se presta tan bien a la propaganda es porque la propaganda es ella misma viral. Y ¿quién es el mayor maestro de la propaganda en la era moderna sino el Imperio-Partido post-maoísta chino? Si es cierto que "China es la religión de los chinos" (según Simon Leys) y que la religión es un virus (Dawkins), habría que decir: China es el "virus" de los chinos. Dicho de otra forma: la propaganda no es más que un proselitismo para uso interno pero, una vez que se ha "convencido" a todo el mundo dentro, hay que intentarlo fuera.

Réplica elaborada sabiamente

La diplomacia pública china del COVID-19 es, pues, un caso de estudio: ¿cómo darle la vuelta a un desastre sanitario en forma de propaganda política alabando el modelo... que ha permitido su difusión? Si el virus no ha diezmado a la humanidad en los próximos meses, será estudiado pronto en las clases de marketing. Después de haber sido atacado injustamente (por definición, toda crítica hacia China es injusta y mal informada) por sus métodos (¿"a la antigua"?) incluyendo drones, big data, reconocimiento facial-a pesar de-las-mascarillas-de-protección y secuestro manu militari hacia el centro de aislamiento más cercano, era previsible que el Imperio contraatacara.

Este contraataque puede dividirse en varias etapas, sabiamente elaboradas.

Primero, hay que "rectificar los nombres" (Confucius): está prohibido decir "neumonía de Wuhan". Para rodear el origen, se expande la duda sobre los datos científicos establecidos: el 27 de febrero, el principal experto chino en virología, Zhong Nanshan, declara que el coronavirus podría no ser originario de China. El 12 de marzo, el portavoz del ministro de Asuntos Exteriores sugiere en un tweet (estando Twitter prohibido en China) que el virus ha sido llevado a Wuhan por el ejército americano (recordemos que el médico que anunció la aparición del virus fue arrestado por "falsos rumores"). Como consecuencia, Trump, que había hablado primero de "virus extranjero", evoca ahora un "virus chino". ¿Adecuado? Puede que no. ¿Racista? Bueno, se habla de "gripe española" (que vendría, por cierto, de China) o del "virus del Nilo", sin que ni España ni Egipto muestren su enfado. Sin embargo, Pekín, a través de sus embajadores en Japón e Irán, envió a sus ciudadanos un mensaje aconsejándoles de protegerse contra el "virus japonés" o el "virus iraní", y también han hablado del "nuevo coronavirus americano"...

Los americanos, amenazados, y los italianos, recompensados

Siguiente paso: reescribir la historia. China no es ya el hogar del virus que escondió a su pueblo y al mundo durante tres semanas. Es el bastión de la resistencia contra el mal, la vanguardia heroica de su erradicación gracias al dominio total sobre su población.

Después, se da rienda suelta en la intranet china a la sátira de los "fallos" de los demás. Fotomontajes que comparan a Xi Jinping con bata frente a Trump en la Casa Blanca o el hospital construido en dos meses frente a los hospitales americanos. Dibujos que muestran lo que sucede en otros países: El Presidente de Italia criticado por no ponerse una mascarilla; el de Irán caricaturizado como un idiota que no sabe qué hacer, etc. Se amenaza a los Estados Unidos con limitar las exportaciones de medicamentos mostrando a la vez su generosidad donando mascarillas a Italia (recompensando así el compromiso de Roma con la "Ruta de la Seda" comercial china). Mientras en China habían criticado a los gobiernos extranjeros por controlar a los chinos que viajaban a otros lugares y que la OMS, siempre fiel, había declarado que era inútil cerrar las fronteras, Pekín ponía a los extranjeros llegados a su suelo en cuarentena. Corea del Sur, que había dejado sus puertas abiertas a los chinos, vio cómo se le cerraban las de China.

Todo está preparado para la gran inversión discursiva: no sólo el virus no es de Wuhan, no solo ha sido frenado por el Partido comunista, sino que, además, los países contaminados en Occidente lo han sido, no por exceso de apertura a la "mundialización china" sino por falta de confianza hacia el modelo chino. El 12 de marzo, Zhong Nanshan afirmaba que el virus podría estar bajo control de aquí a junio... bajo la condición de que todo el mundo haga como China. Entonces, habría que darle la vuelta a la idea de Dawkins: no es la religión la que es un virus sino el virus el que se ha convertido en religión. Si es cierto que China es la religión de los chinos, ¿será el COVID-19 el profeta? ■ Fuente: Causeur