Facebook o las manadas digitales: la nueva fábrica de opinión, por Éric Fottorino


Las redes sociales como Facebook, Twitter o Instagram tienen gran importancia hoy en día en la formación de nuestras opiniones políticas. En el mismo momento en que el mundo parece ser cada día más complejo, Facebook propone una visión simplificadora, una visión sin matices ni contradicciones.

Imaginen un quiosco de prensa nuevo y diferente. Un quiosco donde solo encontrarían un periódico, aquel que correspondiera con sus opiniones, y nada más. Ninguna confrontación, ni siquiera de pocos segundos, con una publicación que pudiera contradecir sus convicciones. Un quiosco donde se podría ir con total tranquilidad, con la seguridad de no exponerse a ninguna influencia susceptible de herir su manera de ver la vida, la época, la sociedad, el mundo que le rodea. Este confort absoluto, o esta avería organizada del pensamiento, es lo que nos depara el universo de Facebook.

Un arresto domiciliario intelectual y cognitivo, un estrechamiento de lo real remoldeado por los algoritmos encargados de mantenerle encerrado en un grupo de amigos que piensan igual, reaccionando a las mismas noticias, movilizándose por las mismas causas y, sobre todo, contra ellas. Alimentados por contenidos voluntariamente divisores y destinados a producir reacciones borreguiles en sentido único. Unas manadas digitales, en suma.

Esta descripción de tintes orwelianos no es ninguna distopía. Es nuestro día a día, y amenaza ser también nuestro mañana, si no tenemos cuidado con este encierro social y editorial en el que nos encierran las redes sociales, empezando por Facebook. El espejo sujetado por esas tecnologías sofisticadas nos devuelve una sombra digital que se limita a nuestro reflejo fiel e inquietante, al abrigo de la alteridad, del diferente, del cuestionamiento.

El documental creado por Thomas Huchon para el medio audiovisual Spicee, explica de manera concreta y heladora este determinismo (La nueva fábrica de opinión). Periodista especializado en el estudio de los artificios digitales ligados a la información, el realizador ha querido mostrar una experiencia simple en su enunciado, pero edificante en sus conclusiones. Con sus estudiantes de la escuela de periodismo donde enseña, muestra las etapas progresivas del encierro de un individuo en la radicalización de la información. Creando en Facebook unos perfiles marcados políticamente, de varios partidos, se ha dedicado a observar cómo una información es presentada desde diversos ángulos, con un sesgo ideológico y emocional que varía según la sensibilidad del usuario percibida por el algoritmo. 

Dicho de otra manera, una vez que se empieza a leer el mundo según las inclinaciones que el usuario ha dejado aparecer en la red, es imposible salirse de ellas. Todo está hecho para vivir con comodidad en este pensamiento único. Hay que ser conscientes de la fragilidad de la información moderna que, bajo apariencia de un pluralismo ilimitado, estrecha la realidad y termina por alterar gravemente la percepción que tenemos de ella. Como si los amigos de Facebook designaran primero a nuestros enemigos. ■ Fuente: Le1hebdo