¿Renovación religiosa cristiana en Europa?, por Richard Palmer


Sintiéndose amenazados por los musulmanes, los europeos buscan la cohesión cultural en su herencia cristiana. Parece extraño hablar de un renacimiento cristiano en Europa. Las iglesias están muriendo. Pero, en política, la religión está volviendo de forma importante. 

La iglesia de Capernaüm en el centro de Hamburgo, en Alemania, tiene nueva administración y recibe más frecuentación que en el pasado. La sala principal puede acoger a 500 fieles. Con los antiguos propietarios del edificio, la iglesia evangélica, solamente se presentaban 20 personas cada semana. Sin embargo, para los nuevos propietarios la sala todavía se queda pequeña. ¿Por qué este cambio tan tremendo? Porque ahora es el Centro islámico Al-Nour.  

El cambio es simbólico de la tendencia que barre Europa. En Londres, desde 2001, 500 iglesias se han convertido en casas privadas, y más de 400 mezquitas han abierto sus puertas. En 2016, 7 iglesias francesas fueron demolidas, 26 puestas a la venta, y muchas otras convertidas en oficinas, pisos, gimnasios, etc. En ese tiempo, desde 2003, más de 1.000 mezquitas francesas han sido construidas.

Parece, pues, extraño hablar de un renacimiento cristiano en Europa. Las iglesias están muriendo. La religión tiene un papel menos importante que nunca en la vida cotidiana del pueblo. Pero, en política, la religión está volviendo de forma importante.

Más que nunca, los políticos hablan de la herencia religiosa de su nación. La utilizan para diferenciarse de los musulmanes. Hablan de su importancia para su cultura. Aunque los europeos no vayan a la iglesia, ni dejen a la religión dictarles cómo deben vivir su vida, se vuelven hacia la religión para decirles quiénes son.

La Europa del Este


Ya en 2014, la revista católica “Primeras cosas” señalaba esta tendencia emergente en Europa central y oriental: “En Hungría, en Croacia, y en otros lugares de Europa del Este, una revolución profamilia, provida y un redescubrimiento de las raíces cristianas emerge. Desapercibido en la sombra de un Occidente secularizado, el rol público de la religión creció en la Europa oriental desde la caída del comunismo. Este proceso se aceleró considerablemente a medida que la crisis de los inmigrantes en Europa se agravaba. Desde 2013, cerca de 3 millones han solicitado asilo en la Unión europea. La UE no documenta la religión de los solicitantes de asilo, pero la gran mayoría viene de los países mayoritariamente musulmanes. Según PewForum en 2010, cerca de 19 millones de musulmanes vivían en la UE, hoy son más de 25 millones. Así, la UE registró un aumento de alrededor del 10 por ciento de su población musulmana solo por la crisis de los refugiados.

Mientras que millares de musulmanes llegaban cada año, trayendo su religión con ellos, y estableciendo numerosas mezquitas, los dirigentes europeos cambiaban su retórica de la laicidad estricta y comenzaban a subrayar hasta qué punto sus naciones eran cristianas.

El Primer ministro húngaro Viktor Orbán fue uno de los primeros en tomar esta dirección. En 2015, declaró categóricamente: “Pienso que tenemos el derecho de decidir que no queremos que un gran número de musulmanes llegue a nuestro país”. “No olvidemos que aquellos que llegan han sido educados en otra religión y que representan una cultura radicalmente diferente”, escribía en el periódico Frankfurter Allgemeine Zeitung. “La mayor parte de ellos no son cristianos, sino musulmanes. Esto es una cuestión importante, ya que Europa y la identidad europea están arraigadas en el cristianismo”.

Orbán ha sido seguido por otros después. El primer ministro eslovaco, Robert Fico, dijo 2016: “Yo no quiero ver una comunidad musulmana en Eslovaquia. No queremos cambiar las tradiciones de este país, que se apoyan sobre la tradición cristiana”. El presidente de la República Checa advirtió en 2016 que la integración de los musulmanes en Europa “es prácticamente imposible”. Después, el ministro polaco del Interior dijo que la presencia de la población refugiada, en su mayor parte musulmana, era una “bomba de relojería”.

La retórica es popular. Las encuestas en Polonia y Bulgaria muestran que tres cuartas partes de las personas encuestadas quieren que su país cese de aceptar inmigrantes musulmanes. Los dirigentes católicos apoyan igualmente esta posición. A pesar de que el papa Francisco haya sido uno de los dirigentes más eminentes apoyando a Europa a acoger más inmigrantes, los obispos superiores del Este entonan un cántico diferente. Monseñor Jan Graubner, antiguo jefe de la Conferencia Episcopal checa, dijo que su país no debería acoger más que “refugiados cristianos”.

En un encuentro del mes de febrero dirigentes católicos de la República Checa y de Eslovaquia, el actual presidente checo de la conferencia de obispos, el cardenal Dominik Duka, declaró: “Toda la historia de la humanidad muestra cómo la inmigración descontrolada provoca la violencia y los conflictos, así como el hundimiento económico y cultural”. “Cuanto más grande es la comunidad musulmana, más probable es la violencia. En semejante situación, es legítimo informarse sobre la religión que esas gentes profesan, y su beneficio para nuestra sociedad”, decía el arzobispo Stanislav Zvolensky, el jefe de la conferencia de obispos eslovacos. “No deberíamos olvidar que el cristianismo y el islam son, a pesar de todos los esfuerzos por el diálogo, en conflicto permanente. Una vez que uno de los bandos toma el control, hay siempre un conflicto”.

El Oeste


En el Oeste, los obispos que hablan con franqueza son raros, pero todavía existen. El más célebre es el cardenal Cristophe Schönborn, que es considerado como un posible sucesor del papa actual.

“Habrá ahora una tercera tentativa de conquista de Europa por el islam?” se preguntaba Schönborn en 2016. “Muchos musulmanes lo piensan y lo esperan” y dicen “Europa ha llegado al final”.

Luc Ravel ha sido nombrado hace poco arzobispo de Estrasburgo (Francia) por el papa Francisco. En julio, Ravel dijo a los periodistas franceses: “Los creyentes musulmanes saben muy bien que su tasa de natalidad es el que hay hoy, y lo llaman el Gran Reemplazo. Dicen de una forma muy calmada y muy positiva que “un día, todo eso será lo nuestro”.

Esta tendencia se extiende incluso a los líderes políticos de Europa occidental.  

Europa occidental se asienta en el lugar tradicionalmente más secular sobre la Tierra. Hacia finales de 2015, una encuesta internacional de Gallup mostraba que Europa del Oeste y Oceanía eran las solas regiones del mundo donde alrededor de la mitad de la población era atea o no religiosa. Pero, incluso aquí, la religión política también vuelve.

En Francia, el muy religioso François Fillon fue designado para dirigir Les Républicains —el principal partido conservador de Francia. “¡Ayuda! ¡Jesucristo vuelve!” fue el gran titular del perióddico Libération.

Robert Zaretsky, de Foreign Policy, escribió: “Legiones de franceses, hombres y mujeres, que no han conservado su fe, votarán sin embargo en masa por un político que sí lo ha hecho. En un país donde poco más de cinco ciudadanos sobre cien van con asiduidad a la iglesia, el peso del catolicismo es todavía evidente. Calificó a esos electores de “zombis católicos de Francia”. Al final del todo, Fillon se hundió completamente, habiendo sido alcanzado por un escándalo financiero. Así, Marine Le Pen y su partido del Frente Nacional de extrema derecha intentaron levantar el estándar de la cristiandad.

Rogers Brubaker, un sociólogo de la Universidad de California, dijo a la revista Atlantic que la religión de Le Pen es “un cristianismo secularizado en cultura”. “Es una cuestión de pertenencia más que de creencia”. Brubaker lo describió como un cristianismo que dice: “Nosotros somos cristianos, precisamente porque ellos son musulmanes. Por otro lado, no somos cristianos en un sentido sustancial”.

Eso es un excelente resumen de la tendencia actual a través de toda Europa. El cristianismo no motiva al público a asistir a las ceremonias religiosas o a obedecer a unas reglas religiosas, pero es utilizado para conducir a la ciudadanía a votar por unos dirigentes que parecen religiosos.

Las elecciones del 24 de septiembre en Alemania vieron la misma renovación cristiana. Un partido político dominante que contribuyó a formar la base de la política alemana desde la Segunda Guerra Mundial –la Unión cristiano-demócrata (CDU)— fue fundado por aquellos que buscaban asegurar el carácter cristiano de Alemania. Sin embargo, a pesar de su nombre “cristiano”, se desarrolló progresivamente de manera más secularizada. Parece que numerosos electores castigaron a la CDU en las elecciones de septiembre acudiendo hacia el partido de extrema derecha Alternativa por Alemania (AfD), que obtuvo muy buenos resultados.
  
Foreign Policy escribió sobre “el objetivo del partido, que es el de convertirse en el verdadero guardián de la identidad cristiana de Alemania, y de Europa”. Un grupo de teólogos católicos y protestantes ha formado la organización “Christen in der AfD” para incitar al apoyo hacia el partido. Han advertido que, si Alemania pierde su identidad cristiana, “pondría en peligro nada menos que los cimientos de nuestro sistema de Estado y nuestra civilización”. 

La AfD, sin embargo, es un perfecto ejemplo de ese cristianismo de pertenencia más que de creencia. Sus eslóganes electorales como “¿Burkas? Nosotras llevamos bikini”, son poco más que unos modelos de castidad y virtud. Dos de sus principales dirigentes son lesbianas. Pero aquí es la identidad lo que cuenta. Incluso las dirigentes lesbianas no hicieron gran cosa a favor del “matrimonio” homosexual o cualquier otro tipo de derecho homosexual. En las guerras culturales, ellas están del lado de la derecha cristiana, y la derecha cristiana está encantada de aceptarlas.

El sorprendente éxito electoral de AfD –viniendo de ningún sitio para convertirse en el tercer partido más grande en el Parlamento alemán– muestra el apetito que hay en Alemania por este tipo de religión en política. Pero la AfD no es el único grupo a abrazarse a la herencia cristiana. El partido hermano de Angela Merkel, la Unión cristiano-social (CSU) se ha acercado también bastante a la misma. El partido tiene buenas relaciones con Viktor Orbán. Le ha invitado incluso a viajar a Baviera, a pesar de una gran oposición en el gobierno federal alemán.

Karl-Theodor zu Guttenberg, el mejor orador de la CSU en las últimas elecciones, aportó un mensaje cristiano. En el festival Guillamoos, declaró ante una multitud entusiasta: “Si no estamos preparados para amar nuestra cultura, otros empezarán a definir nuestra cultura”, añadiendo que Alemania debe proteger su “sociedad occidental judeocristiana”.

“Si salís en agosto con temperaturas de 35 a 38 grados centígrados y pasáis por una calle de Múnich y veis a un señor de Abu Dhabi y, a una distancia considerable, una o dos mujeres vestidas con niqab detrás de él, yo no veo en eso mucha libertad”, dijo. La “¡supresión de la mujer no tiene cabida en nuestra cultura!”. Sus declaraciones son más suaves que el mensaje de la AfD o de otros en Europa del Este. Pero son más fuertes que lo que muchos políticos occidentales tradicionales están dispuestos a decir. Fueron acogidas con aplausos entusiastas.

Una tendencia creciente


El redescubrimiento por parte de Europa de su identidad cristiana es sobre todo una reacción al islam. La inmigración musulmana está cambiando la naturaleza de las ciudades europeas, y el islam radical las ataca frontalmente. El tiempo ha probado que la inmigración y los ataques no van a desaparecer. En respuesta, la Europa secularizada se convierte en más cristiana.

“Sabemos quiénes somos solamente cuando sabemos quiénes no somos, y muchas veces solo cuando sabemos contra quiénes somos” escribió Samuel Huntington en su clásica obra The Clash of Civilizations (El choque de civilizaciones). “Para las gentes que buscan la identidad y que reinventan la etnicidad, los enemigos son esenciales”. Muchos enemigos de Europa han sido musulmanes. Así, el continente adopta la lengua, los símbolos y la identidad del cristianismo, porque es lo que les distingue más claramente de sus enemigos.

“La inestabilidad y la violencia en el Medio Oriente han conducido a la emigración musulmana hacia Europa”, escribe Jacob Shapiro, analista de Geopolitical Futures. “La inmigración musulmana, a su vez, ha atizado el nacionalismo, a veces con efectos electorales, y ha conducido a una participación europea limitada en las guerras musulmanas”. El terrorismo, subrayó, ha aumentado en Europa desde 2005. El nacionalismo comenzó a aumentar casi en el mismo momento. El terrorismo transforma ya a Europa. “El conflicto muy antiguo entre Europa y Oriente Medio, la cristiandad y el islam, se cuece una vez más”.

Una vez más, ¡la religión juega un papel importante en el destino de Europa!  Durante decenios, Herbert W. Armstrong previó que Europa se uniría en una superpotencia de diez naciones. Pero la mayor parte de la historia del continente es la de una nación europea que combate contra otra. ¿Qué fuerza es tan fuerte como para unir a Europa?

Los ataques del exterior contra Europa son una fuerza motriz potente. Los europeos tienen ciertamente un enemigo común: el islam radical y extremista. Pero hay otro factor importante que comparten todas las naciones europeas: su herencia cristiana.

En agosto de 1978, M. Armstrong escribía en la revista cristiana La Bonne Nouvelle, “Los europeos quieren su propia potencia militar unida. Han hecho un real esfuerzo por la unidad en un mercado común. Pero saben bien que no hay más que una sola posibilidad de unión en Europa, y es a través del Vaticano”.

M. Armstrong tuvo previsto una moneda común en Europa. En la revista La Pure Vérité de 1954, escribió: “Alemania será inevitablemente líder de una Europa unida”, un sentimiento con el que muchos europeos del sur estarían de acuerdo hoy en día. En otra ocasión declaró: “Una cosa sobre la que podéis contar. De hecho, es tan seguro que podéis contar sobre ella: el grito de una unión política en Europa será más fuerte”. En 1952, en otra revista M. Armstrong declaró: “Rusia podría devolver Alemania del Este a los alemanes, y se verá forzada a renunciar a su control sobre Hungría, Checoslovaquia y algunas partes de Austria”, con el fin de completar esta unión.

Mucho de esto ya ha llegado. Las previsiones de M. Armstrong, basadas en la profecía bíblica, se han revelado exactas. Sin embargo, la unión total todavía no se ha realizado. ¿Por qué? M. Armstrong escribió: “No hay más que una sola forma para que este Santo Imperio Romano resucitado pueda realizarse, y es uniendo Iglesia y Estado una vez más, con el Vaticano entre los dos y reinando” (La Pure Vérité, enero de 1979).

La Iglesia católica ha sido el ingrediente que ha faltado en la unidad europea. Y ahora, ese ingrediente se ha añadido a la mezcla.

Las mismas profecías que predicen la unidad europea predicen también que una iglesia tendrá un papel importante en la dirección de esta nueva superpotencia. En el Apocalipsis, 17 se describe a una mujer sentada “sobre grandes aguas”. Su poder se extiende sobre una gran parte de la Tierra. Típicamente, en la Biblia, una mujer representa una iglesia. Los “reyes de la tierra se han entregado a la impudicia” con esta mujer, lo que significa que ella es una potencia política mayor. La renovación religiosa en Europa abre la vía a la vuelta de esta mujer. La Biblia tiene mucho que decir sobre lo que podría ser esta potencia religiosa europea. Y la Historia también. Los imperios religiosos, en estrecha alianza con el Vaticano, se han levantado en varias ocasiones en Europa.

Nuestro libro Alemania y el Santo Imperio romano se parece a esa historia y esta profecía. Prueba cuánto de esta profecía ya se ha cumplido. Muestra lo que va a venir en un futuro próximo, probando al mismo tiempo cuánto de segura es la profecía bíblica. Fuente: La Trompette