«Metapolítica», de Marion Maréchal (ex-Le Pen), por Charlotte Belaich


Marion Maréchal (ex-Le Pen*) recupera el concepto del filósofo italiano Antonio Gramsci, según el cual la lucha política se lleva a cabo, en primer lugar, sobre el terreno cultural. Marion se expresa ahora, precisamente, a través de su escuela de formación de la élite de la derecha, pero no se trata ya de “política” sino de “metapolítica” (el ISSEP). 

Lo dice ella misma: «Con este proyecto soy fiel a lo que siempre he defendido durante mi mandato: el combate cultural, la metapolítica. Transmitir la cultura, el conocimiento, nuestros valores civilizacionales, no puede hacerse únicamente por la vía electoral… Desde hace varias décadas, el conjunto de los vectores del pensamiento ideológico ha sido detentado por la izquierda. Y ha infiltrado su dominio cultural casi hegemónico a través de la prensa, la educación y la cultura». La revista Valeurs actuelles apoyaba esta empresa y titulaba su argumentario: «Marion Maréchal-Le Pen signa su retorno metapolítico».

El concepto fue introducido en el siglo XVIII por Joseph de Maistre, pensador visceralmente antirrevolucionario, que él mismo sacó, a su vez, de la filosofía alemana. Designa el estudio de todo lo que sostiene a la política, no la política cotidiana, sino las ideologías que influyen en la sociedad y la estructuran. Pero fue, sobre todo, el filósofo Gramsci quien popularizó la metapolítica ‒sin citar nunca, no obstante, esta palabra‒, desarrollando la idea según la cual el combate político debe llevarse a cabo, primeramente, en el terreno cultural. Miembro fundador del Partido comunista italiano, Gramsci afirmaba que la economía no es la única clave en la lucha por el poder. Sin hegemonía ideológica no hay posible victoria en las urnas. «La palabra metapolítica, tal y como es utilizada por una parte de la derecha, es una tentativa para usar la reflexión hecha por Gramsci», explica el politólogo Jean-Yves Camus. Marion Maréchal escribía en la revista Valeurs actuelles que ya era «hora de aplicar las lecciones de Antonio Gramsci».

Mucho antes que ella, la escuela de pensamiento conocida como Nouvelle Droite (Nueva Derecha), fundada en 1968 en torno al GRECE (Grupo de investigación y estudios por la civilización europea), ya había adoptado esta estrategia. Alain de Benoist, pensador central de esta escuela, fue uno de los principales artesanos de este laboratorio de refundación ideológica de una derecha radical que se veía más “refinada” que el entonces Front National. «La Nouvelle Droite ensayó la popularización de sus tesis a través de medios como Le Figaro magazine para influir en políticos como Michel Poniatowski y que los partidos de derecha adoptaran otra lógica distinta a la de la derecha clásica», observa Jean-Yves Camus.

En el seno del FN, esta estrategia fue adoptada por François Duprat, ensayista y figura “frontista” en la década de los 70, que lo explicaba así: «No debemos dejar a nuestros adversarios, marxistas y regimenistas, el monopolio de la presentación histórica de los hombres, los hechos y las ideas. Porque la historia es un maravilloso instrumento de combate y sería vano negar que una de las razones más importantes de nuestras dificultades políticas reside en la explotación histórica y la deformación sistemática de las experiencias nacionalistas del pasado». O de cómo dar lustre a una visión del mundo descalificada por la historia contemporánea. Es lo que intenta hacer hoy Marion Maréchal: regenerar la derecha más que intentar ocupar un sillón, a imagen de su tía Marine. Por eso, ella quiere «ganar, ante todo, el combate cultural»… en la revista Éléments fundada precisamente por… Alain de Benoist. «Esta estrategia parte de una constatación: la derecha, que hace campaña con temas duros, como Sarkozy en 2007, se aleja de sus compromisos una vez alcanzado el poder, explica Jean-Yves Camus. Esta anomalía, según Marion Maréchal, se debe al hecho de que las élites han sido ganadas por las ideas del adversario, gangrenadas por el legado de “Mayo del 68”».

Este es, por otra parte, uno de los temas centrales de Marion: la liquidación de la herencia del 68. La única solución, para ella, es cambiar la lógica ideológica de la nueva generación política. De ahí la fundación de su escuela. Es uno de los objetivos del enfoque metapolítico: provocar un big-bang ideológico para mover las divisiones, con el punto de mira puesto en una derecha que combine la libre empresa y el nacionalismo, el conservadurismo y la unión en torno a la cuestión identitaria. Porque, más que nunca, existe hoy un combate cultural que debe llevarse a cabo frente a un islam ofensivo que aprovecha el debilitamiento de la cultura occidental.

Viendo la audiencia que tiene la tesis de la “gran sustitución” (Renaud Camus) la propuesta tiene futuro. Atendiendo al “choque de civilizaciones”, el estribillo del combate cultural podría ser, también, un buen golpe político. En una sociedad donde los partidos no están de moda, Marion no es la única en volver a Gramsci. Los Insumisos también lanzan su propia escuela, el medio, según ellos, de «luchar contra la ideología dominante». La última de los Le Pen podría volver al juego político con otros aires pero sin precipitaciones. Preguntado sobre la visita de Marion Maréchal a los Estados Unidos, Sébastien Chenu, portavoz del FN, parecía intentar tranquilizarse repitiendo el discurso de la joven: «Todo esto es lo que hoy se llama metapolítica, la capacidad para hacer avanzar las ideas fuera del combate electoral». Nada que revele una ambición política. ■ Fuente: L´Œil sur le Front

(*) Marion Maréchal-Le Pen suscitó la curiosidad de los comentaristas políticos al retirar, de sus páginas en Facebook y Twitter, el nombre de su “familia” Le Pen, figurando ahora solamente como Marion Maréchal. Un gesto evidentemente simbólico respecto al peso histórico que acarrea este apellido. Algunos verán en ello una prudente toma de distancia política respecto a su abuelo, Jean-Marie, y a su tía, Marine, por parte de la exdiputada del Front National. Pero se trata, sobre todo, de una clarificación. Habiéndose retirado, temporalmente, de la política, ella hace valer su derecho a una especie de anonimato volviendo a su apellido de estado civil.

«No me avergüenzo, ni me avergonzaré nunca, de mi apellido», declaraba Marion intentando cortar de golpe las polémicas. «Es una forma de levantar acta de mi pasado político y de pasar a la vida civil. Y explica que tomó el apellido de la familia Le Pen para lanzarse a la política en 2012 con un claro objetivo: limpiar el honor de este apellido, objetivo de terribles ignominias y furibundos ataques.

Retirada de la vida política después de su salida en la Asamblea del FN en 2017, Marion Maréchal vuelve como directora de una escuela de ciencias sociales y políticas en Lyon, el ISSEP, que lleva especialmente entre sus valores “el arraigo en la identidad cultural”. Ella defiende un “combate cultural y metapolítico”, porque “transmitir los valores civilizacionales” no puede hacerse “únicamente por la vía electoral”.

Pero ambos caminos no son incompatibles y asegurar que Marion se ha retirado definitivamente de la vida política es, sin duda, prematuro. Para el politólogo Jean-Yves Camus, “se trata de adquirir una clara identidad para preparar el futuro”. Marion “tiene un doble interés en borrar el apellido Le Pen: para no aparecer como una competidora de su tía y para no portar la herencia de su abuelo”.

Marion Maréchal explica que desea “crear un proyecto metapolítico” con la ambición de situarse en el cruce de todas las derechas francesas.  «He decidido asociarme para la creación de una academia de ciencias políticas, junto a otros profesionales», escribe, precisando que este proyecto no es «partidario, sino político». La exdiputada expresa su voluntad de cultivar «el terreno en el que todas las corrientes de la derecha podrían reunirse y extenderse» en el seno de esta escuela de pensamiento que se pone como misión la de «detectar y formar a los dirigentes del futuro». «Nosotros proporcionaremos las armas intelectuales, culturales, jurídicas, técnicas y mediáticas a nuestros jóvenes, a fin de que sean lo más eficaces posibles tanto en la empresa como en la política», detalla la musa de la derecha conservadora.

Dibujando los contornos de la famosa “derecha extramuros”, tan querida por Robert Ménard, Marion Maréchal prosigue: «La batalla de las ideas está ganada de antemano, pero no logra transformarse en victoria electoral. En cada cita electoral, la financiación es más escasa, los apoyos más limitados, los relevos más complicados. Es precisamente en este papel que la juventud conservadora tiene una misión que conducir y amplificar. Estoy convencida de que nuestra familia de pensamiento político debe invertir, ante todo, en el campo de la metapolítica».

Dirigiéndose a “la derecha arraigada y emprendedora”, Marion Maréchal rechaza cualquier ambición política personal y afirma que su academia no estará “adherida a ningún partido político”. El futuro lo dirá…