El supervivencialismo debería ser la cuestión más simple y evidente para la mayoría de la población. Entrevista a Piero San Giorgio


Después de trabajar varios años para empresas del sector informático en diferentes zonas del planeta, Piero San Giorgio, de ciudadanía suiza, decidió dedicarse plenamente a practicar y dar a conocer el supervivencialismo como herramienta para salir adelante en cualquier situación difícil.

¿Cómo empezó su interés por la supervivencia hasta el punto de dedicarse plenamente a este ámbito?

Mi idea de la supervivencia no ha sido la clásica de: ¿Qué pasaría si me perdiera en la selva o si me encontrara perdido en el océano? Aunque esos pensamientos son realistas y pertinentes, mi idea ha sido la de entender que estamos en un mundo con recursos limitados que se reducen a medida que nuestro consumo aumenta, y que la población humana aumenta también de manera exponencial. Los recursos que se están agotando son fundamentales para el buen funcionamiento de un sistema económico extremadamente complejo. Este corre el riesgo de hundirse por la acumulación de tendencias como son: la superpoblación, las migraciones masivas, las guerras y la desestabilización de los sistemas tradicionales del mundo; la especulación en los precios no solo de las materias primas sino también de los productos alimenticios. 

Otra tendencia importante son las crisis y los problemas hídricos ligados a la falta de agua potable, sobre todo en los países donde existen los crecimientos más fuertes de población. También tenemos el agotamiento de la fertilidad de las tierras debido al monocultivo intensivo que destruye, agota los suelos y reduce su capacidad de producir cada vez más cantidad. Se ve hoy en día cómo esas producciones por hectárea comienzan a disminuir.

Finalmente, están los vaivenes financieros de nuestras economías que están basadas en la deuda. En cualquier momento podemos caer desde una crisis económica, que ya existe, a una crisis estructural. Crisis que se caracteriza por el desempleo y el aumento de la pobreza, que son desigualdades percibidas como injustas por una gran parte de la población. 

¿Cómo definiría usted el supervivencialismo?

Para mí, esta técnica consiste en ser un adulto responsable. Es decir, una persona que es libre, que sabe defenderse, que sabe salir delante de forma independiente o que, si tiene un trabajo, tiene suficientes competencias para cubrir las necesidades de su familia.

También consiste en ser previsor, intentar anticiparse al futuro y prepararse de forma adecuada incluso para las cosas pequeñas: si saliera usted de viaje o de vacaciones, ¿qué guardaría en el coche que le permitiera dar la alerta en caso de accidente? En el otro extremo, para cuestiones más serias: en caso de hundimiento de una economía, de una civilización, ¿qué le permitiría a usted y a su familia o amigos aguantar lo mejor posible entre el medio y el largo plazo? Por lo tanto, la cuestión puede ir de lo relativamente sencillo a lo muy complejo, como el cambio total de forma de vida.

Usted anuncia un hundimiento económico. ¿Cómo se puede estar seguro de semejante eventualidad y cómo puede ayudar el supervivencialismo a ser una respuesta en esa caída de los sistemas económicos?

Solamente se está seguro de dos cosas en la vida: la muerte y los impuestos. Yo no anuncio un hundimiento económico como un profeta o un adivino; digo solamente que la posibilidad de una convergencia de factores importantes está muy cerca y puede conducirnos a un hundimiento económico. La forma de este hundimiento puede ser variable: depende de la temporada en la que llegue, de la velocidad a la que venga y puede resultar en varios niveles. Puede ser un gran corte de electricidad que se prolongue varios días y que nos haga llegar a un nivel superior de estrés, una “ruptura de la normalidad”: es decir, cuando salimos de la norma en la que estamos acostumbrados a vivir. La noción es relativa a cada uno: para el campesino de Mali, la ausencia de electricidad no cambia en nada su día a día. Pero para el urbanita de París o Nueva York, una ruptura de normalidad sin electricidad durante varios días, ¡sería el apocalipsis! 

Cualquiera que sea nuestro lugar de residencia, nuestro nivel social o de rentas, nuestra capacidad física, solo con que aumentemos nuestra resiliencia, limitaremos el impacto que un posible hundimiento pueda tener sobre nosotros. Por lo tanto, el supervivencialismo debería ser la cuestión más simple y evidente para la inmensa mayoría de la población. 

¿Qué respondería usted a aquellos que les toman por unos "conspiracionistas" o unos "iluminados"?

Esas personas deberían reflexionar sobre lo que ya hacen los Estados. El Estado francés, por ejemplo, publica unos documentos que nos enseñan a ser más resilientes en caso de crisis, incendio, inundación o catástrofes similares.

Un ciudadano que esté preparado para soportar 24, 48 o 72 horas de crisis no será un peso para la comunidad; al contrario, podrá incluso ayudar a otras personas porque tendrá una linterna de bolsillo, una batería de recambio, mantas, algo de comida o agua para cubrir las necesidades de emergencia de su familia e, incluso, de otras personas. 

Aquellos que piensen que el supervivencialismo es “conspiracionista” o “iluminado” deberían coger el avión para ver el estado real del mundo. Incluso sin ir demasiado lejos, los que viven fuera de Europa pueden observar fácilmente que hay lugares donde un espíritu de supervivencia es necesario ya que el mundo es brutal y violento; un lugar donde las personas se pelean por los recursos como los alimentos, la electricidad o, simplemente, por algo de lo que vivir. Hay que darse cuenta de que, hoy en día, tenemos millones de personas que no tienen acceso al agua potable y limpia todos los días, o que están dispuestos a pelear por la comida. Se ve en los contextos catastróficos como en Somalia o, en los años 90, en Liberia o Sierra Leona, donde los conflictos degeneraron rápido en guerra civil por el acceso a los recursos. Esas guerras no suelen ser solo políticas.

También se observa que, con el crecimiento de la población, incluso entre nosotros con las oleadas migratorias, la criminalidad aumenta. Esto debería abrir los ojos a la gente sobre la necesidad de prepararse también de forma individual. 

La otra razón por la que la mayor parte de las personas no piensan es que están acostumbradas, desde hace setenta años, a tener un Estado protector, un Estado providencia que paga y protege y, en su conjunto, funciona todavía. Sin embargo, he dicho en mi definición que hay que ser un adulto responsable y no un niño. 

En sus libros, usted se refiere a las BAD, “Bases Autónomas Duraderas”. ¿De qué se trata?

La BAD es un lugar de resiliencia, un lugar donde se trabaja nuestra autonomía, es un concepto de arraigo, de autonomía a largo plazo. Lo ideal es que se sitúe en el campo, pero también podría estar al fondo del bosque. Igualmente podría ser el piso, la casa o un apartamento de vacaciones; incluso también un barco o similar.

En función de los medios, la geografía, el entorno, nos crearemos esta base con una idea de sedentarismo, a priori. He definido en mis libros los siete criterios de las necesidades fisiológicas que deben guiar la idea de la BAD: el agua, los alimentos, la salud, la energía, los conocimientos, la defensa y la vinculación social. Estos elementos están relacionados unos con otros y son totalmente indispensables. Descuidar uno de ellos puede provocar un desequilibrio y, por lo tanto, poner en peligro nuestra capacidad de autonomía. 

El conjunto de sus escritos y conferencias se basa en el hundimiento económico pero, si no llega nunca, ¿para qué habrá servido todo esto?

Primero, habrá servido para encontrar a mucha gente que tiene ideas, que ya hacen cosas en sus casas para trabajar la propia autonomía. Es, por lo tanto, un enriquecimiento mutuo. Muchas personas no han esperado ver mis libros para prepararse, para ser supervivencialistas o realizar prepping. Simplemente, consiste en dedicarse a su huerta, aprender a defenderse o aprender nuevos oficios. 

Veo en mis conferencias personas de todas las tendencias políticas, edades, personas marcadas por los años 60  y la idea de volver a la naturaleza, por ecología; otros, mucho más jóvenes que se preguntan cómo será su futuro, qué oficio escoger: grandes escuelas, universidad o más bien dedicarse a la agricultura  biológica en una cooperativa, por ejemplo. 

También hay personas llegadas de todos los puntos. He conocido a quienes han vuelto a su casa en el Magreb o en el resto de África para crear allí cooperativas de desarrollo local de producción de verduras ecológicas. Por lo tanto, hay una gran variedad de perfiles y visiones diferentes. 

Si después de todo, es lo que espero, no hay hundimiento económico, por lo menos habremos aprendido a tener una vida más autónoma y menos dependiente de un sistema económico, social y político que es cada vez más pesado y burocrático y que nos ofrece pocos espacios de libertad. Ese espacio nos es necesario para producir nuestra propia alimentación o adquirir la certeza de que, en caso de sufrir un problema, estamos preparados para salir adelante sin ayuda de terceros o del Estado.

¿Cómo explica el retraso que tenemos en Europa en el ámbito del supervivencialismo en relación a Estados Unidos?

No creo que haya retraso; más bien hemos abordado la cuestión de forma diferente. Es decir, en Europa, muchas personas eran ya conscientes de los problemas ecológicos y no han esperado este tipo de libros para preparar su huerto o conseguir algo de resiliencia. La mayor parte de nuestros abuelos eran totalmente resilientes: Tenían sus despensas con alimentos, la capacidad de producir sus propias verduras y también tenían animales. Todo eso se ha perdido.

En Estados Unidos, entre los urbanitas, esa competencia no ha existido nunca mientras que, en Europa, puede ver todavía huertas urbanas en las ciudades (lo que antes se llamaba “huertas obreras” en Francia, que permitían a la gente guardar un vínculo con la tierra y, por lo tanto, un mínimo de autonomía).

Lo que sí es cierto, sin embargo, es que la cuestión de la autodefensa ha sido olvidada en Europa desde los años 30, cuando los gobiernos desarmaron a las poblaciones, probablemente para evitar formas de resistencia y hacer que los individuos fueran dóciles. En Estados Unidos, el hecho de que los ciudadanos tengan armas siempre ha existido y también en mi país, en Suiza. En la mayoría de las regiones del mundo, los Estados siempre han intentado desarmar a sus ciudadanos por lo que se ha olvidado el tema de la autodefensa, con la excepción de los cazadores, muy numerosos en Francia.

Por otra parte, el supervivencialismo, enmarcado en una visión de subsistencia, de defensa, es reciente en Europa pero en Estados Unidos data de los años 1960/1970. La primera película de Rambo, por ejemplo, que no es una caricatura, muestra una visión cultural sobre el supervivencialismo, más bien en la naturaleza, y es del año 1982. Después, tenemos la subcultura que se ha desarrollado en los últimos años, alrededor del bushcraft (adquisición de habilidades en la naturaleza), que favorece la autonomía.

¿Cómo ve el futuro del supervivencialismo?

Siempre es difícil prever el futuro pero creo que, muchas personas, frente a la precariedad económica y los riesgos del terrorismo, quieren recuperar una parte de esa autonomía y de esa resiliencia que han perdido. Ambas han estado delegadas en el Estado y en el sistema económico complejo tal y como lo conocemos.

Me parece que cada vez hay más ciudadanos, sobre todo jóvenes, que quieren reapropiarse de las herramientas de su libertad y de su defensa. Incluso pienso que los Estados deberán ceder y autorizarles a defenderse ya que dicha institución no podrá garantizar la seguridad y el bienestar económico de su población. El contrato social se va a romper y las personas se van a ir preparando por sí mismas cada vez más. 

Por supuesto, en caso de que llegue una crisis, también se verán las disfuncionalidades en la actitud de quienes esperan la ayuda de los demás frente a los que saben desenvolverse solos. Cuantas más crisis vengan, más personas se interesarán por el supervivencialismo. Fuente: SurvivalMag