Izquierda Onfray y derecha Zemmour: ¿mismo combate?, por Axel Vontargier


El estado de descomposición de la derecha francesa en las últimas elecciones europeas requiere una profunda reflexión política e ideológica. En caso contrario, Macron será reelegido y completará su proyecto mundialista.

Es evidente que, si no se hace nada, dentro de dos años, Emmanuel Macron será reelegido como presidente en 2022 (hasta 2027). En otro artículo, yo recordaba las razones por las que, en Francia, no habrá relevo en el Elíseo. No hay que insistir mucho en ello para comprender la necesidad de una unión de las derechas. Hace falta saber si los líderes de las distintas formaciones políticas de la derecha tendrán la valentía de salvar esta frontera, que ahora es más simbólica que nunca, entre su línea político-ideológica y la representada por la Reagrupación Nacional de Marine le Pen. Por su parte, el aislamiento y la imagen de la presidenta de RN van a conducirla, sin duda, al fracaso en las próximas elecciones presidenciales. 

Este impasse político podría ser trascendido por el debate ideológico. Los pensadores, los intelectuales que nos alertan desde hace años, deben reunirse para superar sus divergencias y unirse sobre lo esencial. Es cierto que, cuando escuchamos las críticas de Michel Onfray sobre la dictadura europeísta maastrichtiana, cuando leemos sus textos decodificando el islamismo, y cuando conocemos las tesis que defiende Éric Zemmour desde hace décadas, podemos decir que lo que les separa ahora es bastante secundario. En efecto, ¿qué es lo que no compartiría Onfray de esta frase que Zemmour pronunció en febrero de 2014, y que sintetiza, finalmente, una buena parte de su pensamiento?: “El gobierno tiene un programa totalitario (…) Quiere destruir todo lo que estructura e identifica a la gente, es decir, la familia, el sexo, pero también la nación (…) Hay una voluntad en la izquierda de completar la nomadización de la población, de convertirla en seres intercambiables, ni auténticamente hombres ni mujeres, ni auténticamente franceses ni extranjeros, ni nada en absoluto. Esto es un proyecto totalitario”. 

Estas dos personalidades encarnan, finalmente, cuando conceptualizan sus impresiones y experiencias, esa Francia de los “chalecos amarillos” que se manifiesta y expresa en las rotondas. Esa Francia que Christophe Guilluy describió como “periférica”, la del sentido común, que vive y comprende los problemas de la nación.

La fractura que separa a los electores de izquierda y de derecha sobre el liberalismo es hoy, más que nunca, obsoleta y caduca. Vemos surgir, en ambos lados, la idea de regulación del librecambio y del proteccionismo. La economía no es, en cualquier caso, más que la consecuencia de una política, y aún más: de una elección civilizacional de los gobernantes. Y será sobre esta amplia cuestión que un pensamiento, que vaya de la izquierda Onfray a la derecha Zemmour, pueda servir de barrera a los mundialistas y su proyecto de mundialización, proyecto aclamado, alto y claro, por Macron. Este proyecto conducirá, ya sea a un gran espacio de consumo multicultural, ya sea, mediante el triunfo del comunitarismo islámico sobre las almas ociosas y desencantadas de nuestros contemporáneos, a perspectivas ampliamente tratadas en las novelas de Michel Houellebecq.

Como podemos ver, el corpus intelectual existe. Ahora, hay que estructurarlo en un pensamiento, en un programa y, evidentemente, encarnarlo políticamente. ■Fuente: Boulevard Voltaire