El mundialismo fundado sobre un orden regional. La UE es el primer paso para el Nuevo Orden Mundial, por Jeanne Smits


No es un complot: existe una voluntad de crear una gobernanza global cuyo advenimiento será facilitado por la aglomeración en regiones donde los Estados soberanos ceden sus prerrogativas nacionales a organismos regionales tales como la Unión europea. La UE es, en efecto, el primer ejemplo, pero no el único, señala Alex Newman para The New American. Fabricar el Nuevo Orden Mundial ‒así lo denominan sus propios partidarios– à partir de un nuevo orden regional que pasa principalmente por los acuerdos de librecambio cuyo establecimiento y extensión continúan sin cesar para ir hacia una integración política global.

¿Su denominador común? Estos acuerdos de librecambio cada vez más extendidos en el espacio van a la par de la creación de nuevas burocracias supranacionales y de tribunales de justicia encargados de controlar el respeto de sus disposiciones por los Estados signatarios. El patchwork que así se forma ‒ya sea la Unión europea, América del norte, o a través de la Unión africana y la Unión eurasiática– se distingue por el hecho de que las diferentes zonas se solapan. Lo que hoy se elogia como un multilateralismo benefactor se convierte así en una red cada vez más tupida, siempre más dispuesta para integrarse definitivamente bajo la autoridad de la ONU o de cualquier otro organismo que pueda crearse. La novedad, hoy, es la resistencia de ciertos países y una desafección creciente de los pueblos, a los que se denuncia por sus tentaciones populistas.

La mecánica del NOM a través del nuevo orden regional
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Fue en la década de los años 1950 cuando los mundialistas o globalistas hablaban abiertamente de su marcha hacia un gobierno mundial bajo la égida de las Naciones Unidas. El cofundador del Council on Foreign Relations, John Dulles, escribía entonces: «La ONU no representa una etapa final de desarrollo del orden mundial, sino una etapa primitiva. A ella le corresponde principalmente la creación de las condiciones que harán posible una organización más desarrollada», si bien la actual Carta de las Naciones Unidas sería lo suficientemente fuerte, según este cofundador del CFR, para servir de fundamento a un “gobierno mundial” o a una “federación mundial”.

La idea no debió prender tan rápidamente como lo deseaban estos representantes del “Estado profundo”. Alex Newman observa que un informe, publicado en 1962 bajo el título “Un mundo efectivamente controlado por las Naciones Unidas” gracias a la financiación del departamento estadounidense y  al alto funcionario del CFR Lincoln Bloombield, sugería el recurso al regionalismo a gran escala. Proponía «unidades cada vez más importantes desarrolladas por la vía de la unión aduanera, la confederación, el regionalismo, etc., hasta que, finalmente, unidades más amplias las fusionasen bajo un paraguas global». Y esto es, de hecho, lo que se está desarrollando ante nuestros ojos desde entonces, comprendidas guerras y amenazas que forman parte de la estrategia recomendada por el informe Bloomfield.

«Esto será mucho más eficaz que un asalto frontal»
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En abril de 1974, esta estrategia estaba ya firmemente implantada. El Foreign Affairs, la revista del CFR, explicaba que «el edificio del nuevo orden mundial debe ser construido desde lo bajo hacia lo alto en mayor medida que desde lo alto hacia lo bajo». Richard N. Gardner, alto cargo del departamento de Estado, explicaba en el mismo artículo que hacía falta ir mordisqueando poco a poco las soberanías nacionales: «Esto será mucho más eficaz que un asalto frontal a la antigua». Un asalto frontal, en efecto, tenía el riesgo de despertar a los pueblos: había que actuar lentamente, en la sombra. A los Estados les sería más fácil ceder partes de su soberanía a organismos regionales.  

Zbigniew Brzezinski, del CFR, próximo a David Rockefeller y a la Comisión Trilateral, desplegaba un lenguaje similar: «No podemos lanzar un gobierno mundial en un único y rápido paso. Para acortar el camino, la condición previa, en vistas de la futura globalización, es una regionalización progresiva, porque a través de la misma podremos avanzar hacia unidades mayores, más estables, más cooperantes». Ese mismo año, la ONU creaba las bases de su “Comisión sobre la gobernanza global”.

En el punto donde nos encontramos, la progresión de este plan está lista para realizarse a gran escala, con la Unión europea destacada del pelotón. Por algo Mijail Gorbachov la describió como “el nuevo soviet europeo” durante su visita al Reino Unido en el año 2000. En 2012, el entonces presidente, no elegido, de la Comisión europea, José Manuel Barroso, antiguo maoísta revolucionario, ponía en evidencia las supuestas “maquinaciones” que los antimundialistas denuncian desde hace décadas: «Debemos ir hacia una federación: tal es nuestro horizonte político», decía sin ambages.

El nuevo orden regional encarnado por la UE
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Se puede decir que la UE posee ya numerosos atributos del poder regaliano: el de emitir moneda a través de la moneda única, una agencia de mantenimiento de la ley, el esbozo de un ejército continental, los tribunales que imponen la jurisprudencia europea en los Estados miembros, etc. Bruselas, en este sentido, es más poderosa de lo que es Washington respecto a los Estados norteamericanos, pues detenta incluso la capacidad para rechazar los presupuestos nacionales.

La Unión africana también se halla comprometida en esta vía, con sus conatos de parlamento, fuerzas armadas y corte de justicia… Trabaja en el establecimiento de una moneda continental, con la puesta en marcha de tres inmensas zonas de librecambio, apoyadas por la aparición de un nuevo pasaporte africano único. No debe extrañar que el exdictador marxista Robert Mugabe fuera proclamado presidente de esta UA por antes de su derrocamiento por el ejército de Zimbabue. La financiación de esta amplia operación está asegurada por los EE.UU., la UE y China ‒Pekín construyó la sede central de la Unión africana, todo un símbolo.

La Unión de los Estados de América del Sur (UNASUR o UNASUL) participa también de la misma lógica y se construye sobre el modelo de la UE, con objetivos comunes como la moneda, el ejército, el parlamento, etc. Los problemas con Venezuela, sin embargo, han retraído a algunos de sus miembros. En cualquier caso, otros organismos supranacionales trabajan en la integración sudamericana: Mercosur, la Alianza bolivariana, el CELAC, entro otros.

La Unión eurasiática también prepara el NOM
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La Unión eurasiática, aun en su estado de unión de cooperación económica, es un ejemplo particularmente sorprendente de la marcha coordinada hacia una gobernanza mundial. Vladimir Putin, lejos de oponerse, según algunos comentaristas, estaría trabajando en la red formada por Rusia, Bielorrusia, Kazajistán, Kirguizistán y Armenia, para reunir a los antiguos países satélites de la Unión soviética. Putin se vanagloriaba en el Izvestia del proceso tan rápido de formación de la Unión eurasiática gracias a “la experiencia de la Unión europea y de otras federaciones regionales”, al tiempo que ponía en evidencia su conformidad con las normas y principios de la OMC. Desde esta perspectiva, Rusia estaría de acuerdo plenamente con el movimiento general para participar en “el establecimiento de un desarrollo sostenible global”. Quizás por ello, Putin cree en el futuro de la Unión europea y la Unión eurasiática la formación de “una comunidad armoniosa de economía que vaya de Lisboa a Vladivostok, una zona de librecambio que podría recurrir a modelos de integración más sofisticados”. Otros observadores, no obstante, ven en estas aspiraciones de Putin hacia el “orden mundial” un intento para ganar tiempo y extender su proyecto eurasiático a todo el viejo continente en detrimento de la propia UE.

«Dispersar fragmentos de soberanía poco a poco»
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En 2000, el periódico italiano La Stampa, publicaba unas declaraciones del exprimer ministro Giuliano Amato, en las que afirmaba claramente la naturaleza del plan, sin tomarse la molestia de disimular. «La Unión europea está a la vanguardia de un mundo cambiante: designa un futuro de Estados sin soberanía. La nueva entidad no tiene rostro, y los que la gobiernan no pueden ser identificados… Es así como se hace Europa: creando organismos comunitarios para dar la impresión a los gobiernos nacionales de que están sujetos a un poder superior… Creo que este método lento pero eficaz es mucho mejor que dar importantes bandazos institucionales, pues libera a los Estados nacionales de toda ansiedad al mismo tiempo que les despoja de su poder, de su soberanía, poco a poco, evitando las transiciones bruscas, para ir del poder nacional al poder federal».

Henry Kissinger, otro gran y eterno mundialista, hablaba claramente del Proyecto. En su libro World Order, publicado en 2014, hablaba de la «necesaria estrategia coherente capaz de establecer un concepto de orden entre las diferentes zonas regionales vinculando a los mismos entre ellos». Kissinger abogaba abiertamente por una «estructura de reglas y normas internacionales», y saludaba a Europa en su proyecto de «transcender los Estados». La UE, desde entonces, no oculta su voluntad de apoyar estos órdenes regionales, en particular en el continente americano, como lo detalla su informe “Estrategia global” publicado unos días después de la votación sobre el Brexit. Y todo ello en nombre de una humanidad que no han votado los pueblos. ¿Acabaremos por amar al Big Brother