Feminismo interseccional y decolonial: ¿el Estado impide la emancipación de las mujeres musulmanas?, por Philippe Kerlouan



Quizás no sea demasiado conocida fuera de Francia, pero Rokhaya Diallo se define como “una feminista interseccional y decolonial”. El que no la conozca no se pierde gran cosa. Pero debéis saber que, en una tribuna publicada recientemente, ella acusaba a Francia de “islamofobia”, especialmente respecto a las musulmanas que llevan el velo. 

Y da igual el medio en que lo haga: una revista francesa o una cadena de televisión internacional controlada por el presidente turco Erdogan que, como todo el mundo sabe, es un gran demócrata.

El título de su columna es significativo: “La obsesión francesa sobre las mujeres musulmanas revela un deseo de control, no de liberación”. Estima que la sociedad francesa, lejos de defenderlas, está obnubilada por la idea de “excluirlas” de la esfera pública. Así, ella califica la ley de 2004 sobre los símbolos religiosos en las escuelas públicas de atentado contra la libertad: “En nombre de la emancipación de las mujeres, las mujeres musulmanas han sido desterradas del espacio público a causa del velo”. Ella compara las críticas al velo con la “fantasía de una Francia blanca, en la cual todos los ciudadanos con otro bagaje cultural deben asimilarse”.

Viendo ciertos barrios, uno tiene el sentimiento de que no todos los musulmanes, franceses o no, quieren asimilarse, pero nuestra polemista sabe utilizar todos los recursos de la dialéctica para intentar demostrar lo contrario: los “blancos” son los culpables de estas afrentas neocolonialistas que ella no deja pasar la ocasión de denunciar. Hay que recordar que ella se inclinó por los “Indígenas de la República” y que, en 2017, apoyó la organización de los campamentos de verano, donde muchos talleres estaban reservados “a cualquier persona que no sea blanca”.

Rokhaya Diallo busca invertir las situaciones en su favor. Si las mujeres musulmanas no se emancipan, ello no es por falta de cultura, es por la falta de cultura que se les quiere imponer. A propósito del hiyab vendido por Decathlon, ella considera que, en un chocante movimiento de unanimidad, los políticos de todo el espectro ideológico han condenado firmemente el marketing de esta vestimenta realizado por la marca francesa, diciendo que ofendía los llamados “valores franceses”. Juicio aproximativo, porque el asunto ha provocado controversias hasta en el seno del partido mayoritario.

Cuando se considera que el sectarismo es la expresión de la libertad y el comunitarismo es una quimera del nacionalismo, todo es posible, incluso lo más aberrante. “Cada vez que una mujer musulmana reclama sus derechos y demuestra que no es sumisa, se le recuerda que debe permanecer invisible”, pretende esta feminista. Es en nombre de su libertad, por supuesto, que esas mujeres se pasean con el velo integral, sin embargo prohibido por la ley de 11 de octubre de 2010, que dispone que “nadie puede, en el espacio público, llevar cualquier cosa destinada a ocultar o disimular su rostro”. La presión intelectual es tal que esta prohibición fue dictada no en nombre de la laicidad sino por razones de orden y seguridad públicos.  

Rokhaya Diallo acusa a los políticos de “hacer todo lo posible para impedir (a las mujeres musulmanas) hacer cualquier cosa fuera de sus casas”. Hasta le reprocha a Macron haber declarado que el hiyab no era “conforme con la civilidad de nuestro país”. Ironías de la historia, ella juzga que el presidente francés no es lo bastante multiculturalista. ¡Dios sabe, no obstante, los esfuerzos que él hace por serlo! Pero esto no debe ser todavía, en su opinión, suficiente. Como si no viera libertad más que en la sumisión. ■ Fuente: Boulevard Voltaire