La masonería en la base del transhumanismo, por Mickaël Fonton


Procreación médica asistida, vientres de alquiler, eutanasia, y otros marcadores de una sociedad donde la persona se libera de todo límite natural para obedecer únicamente a su razón o seguir nada más que sus deseos. Una sociedad que las logias masónicas han contribuido fuertemente a formar.

Son pequeñas frases que hacen las delicias de los conspiracionistas. En febrero de 2017 el entonces presidente Hollande fue recibido en la sede del Gran Oriente de Francia (GODF) en la calle Cadet de París. Después de haber alabado a los pensadores y promotores de la democracia y de la República francesa, Hollande declaró: “La masonería no hizo la Revolución, pero la preparó”. Y un poco más tarde dijo: “La mayor parte de las leyes de libertad adoptadas entre 1870 y 1914 fueron pensadas y trabajadas en las logias”. De ahí a pensar que esas famosas logias, donde el secreto es la norma, constituyen los arcanos oficiosos de un poder que se escapa a los no iniciados y se emplea de manera muy concreta para orientar el destino de una nación, no hay más que un paso.

Un paso que se hace muy rápido. “Los maestros del Gran Oriente o de la Gran Logia quieren cambiar la sociedad” explica Serge Abad-Gallardo al medio católico Aleteia, que pasó veinticuatro años en la logia del Derecho Humano, en el seno del GODF. “Leyes como la del aborto, la eutanasia o el matrimonio homosexual corresponden a las ideas masónicas de emancipación del individuo que no se refiere ya más que a sí mismo, sin ningún otro límite moral aparte de los que se imponga”.

En el caso preciso del aborto, tema de actualidad tras el fallecimiento de Simone Veil, un anterior Gran Maestre de la Gran Logia de Francia, Pierre Simon, médico y ginecólogo, había confesado con orgullo que las leyes relativas a la liberalización de esta práctica habían sido “pensadas y maduradas en logias incluso antes de haber sido debatidas por los diputados”, confirma el filósofo Thibaud Collin. “La vida no es más que un material, la persona tiene que construirse a sí misma, etc.”. “La masonería cree en su propia utopía”, dice el masón arrepentido, “todo lo que es posible para un ser humano puede y debe serle permitido. La moral se deduce del pacto social y no de la ley natural querida por Dios”.

¿Una antropología anticristiana? “Sobre las leyes de bioética o aquellas que tocan al sentido de la sexualidad, un cierto número de logias han hecho un trabajo de zapa concienzudo y determinado”, confiaba a esta revista el obispo de Toulon, Monseñor Rey, para quien “en la visión masónica, es la persona quien debe definirse a sí misma, construirse a sí misma. En el plano práctico, esta visión conduce a una moral que es finalmente muy ombliguista y subjetivista”.

En la vanguardia, a comienzos del siglo XX, del programa republicano de laicización de la sociedad francesa, los trabajos de la masonería son bien conocidos: separación de las Iglesias y del Estado; escuela pública laica y obligatoria; Seguridad Social; hoy, aborto, matrimonio homosexual o eutanasia. “Entre muchas de las causas que movilizan a la masonería”, decía Hollande, “está la defensa de la dignidad humana. Porque los masones han considerado siempre al ser humano como tal, ustedes están a la vanguardia de los combates actuales contra el dolor, por el derecho a morir con dignidad”. Una eutanasia que algunas logias contemplan no reservar solo a las personas que estén en sus últimos días.

Este ser humano que “no tiene otro objetivo que sí mismo”, como decía Albert Camus, ¿no encarna simplemente una inclinación, legítima, de nuestra naturaleza humana? ¿Un simple aspecto de nuestra condición? “No es el ser humano en sí mismo que quiere así alzarse por encima de su condición, que tiene ese orgullo, ese apetito de poder”, corrige Xavier Martin, profesor y especialista de la filosofía de las Luces. “Al contrario, es una pequeña élite en la que estas ideas son muy presentes y que propaga esta visión de la naturaleza humana con el objetivo de remodelar toda la especie. Escuchar a Macron reclamar los ideales de las Luces ante una asamblea de parlamentarios dóciles es bastante sorprendente incluso si, como casi todo el mundo, no utiliza la palabra “Luces” de forma correcta”.

¿Hasta dónde llegará esta ideología racionalista, cientifista y relativista que impregna ya tantas ideas y tantos cerebros de nuestra sociedad? “Un humanismo ateo, que toma al ser humano como única referencia, no puede sino llevar al transhumanismo”, confiaba Thibaud Collin. El transhumanismo comparte en efecto con la masonería el carácter utópico, el rechazo del ser humano en su finitud física, intelectual, moral, en su realidad ontológica. Cierto, los masones piensan sobre todo en la emancipación del ser humano a través del ejercicio de sus facultades personales, mientras que los adeptos del transhumanismo sueñan ya con el añadido de la tecnología en proporciones inéditas. Pero es difícil ver en nombre de qué los primeros impedirían a los segundos continuar e ir más allá con su gran proyecto. Fuente: Valeurs Actuelles