¿Trump declarará la guerra a Irán?, por Antoine de Lacoste


Trump y la mayoría de los americanos no han olvidado los sucesos que siguieron a la revolución iraní de 1979. Su odio al régimen fundamentalista chiita es profundo. Pero Irán es también el enemigo número uno de Israel. 

Desde el inicio de su mandato, un país obsesiona a Donald Trump: Irán. Hay varias razones para ello. La historia, en primer lugar. La revolución islámica de 1979 arrebató el poder al Sha de Persia, que era un indefectible aliado de los Estados Unidos. Esta revolución, además, fue el escenario de la toma de rehenes en la embajada norteamericana en Teherán. Se prolongó durante varios meses y fue una tremenda humillación para Estados Unidos. Las fuerzas especiales enviadas para liberarlos fracasaron y el accidente de un avión provocó numerosas víctimas entre los comandos americanos.  

Trump, como muchos americanos, no ha olvidado estos sucesos y su odio al régimen fundamentalista chiita es profundo. Pero Irán es también el enemigo número uno de Israel. Durante lustros, Israel no ha dejado actuar, junto a los Estados Unidos, para la destrucción de los regímenes, incluso de países enteros, que pudieran constituir una amenaza para su seguridad. Este fue el caso del Irak de Sadam Hussein, podría haber sido también la Siria de Bachar el-Assad.

Rusia, convertida nuevamente en una gran potencia geopolítica, ha aprovechado la oportunidad de una flexibilización del régimen iraní, seguida de la elección de Rohani en la presidencia, para devolver a Irán al concierto de las naciones tolerables. Esto pasaba por un acuerdo según el cual Irán cesaba en sus esfuerzos por dotarse del arma nuclear. Después de laboriosas negociaciones, los estadounidenses, los europeos, los rusos y los chinos firmaban un tratado en Viena el 14 de julio de 2015.

Trump siempre ha denunciado este acuerdo y, a lo largo de su campaña presidencial, anunció que los Estados Unidos se retirarían del mismo. Lo que hizo el 8 de mayo de 2018, pese a la unánime oposición de los otros signatarios. En apoyo de esta retirada, él adujo que los iraníes no respetaban el tratado y continuaban con sus investigaciones nucleares, lo que era desmentido por los observadores e inspectores internacionales enviados a Irán.

Pero esto no era suficiente para Trump: lo que él desea profundamente es destruir tan odioso régimen. Como no puede embarcarse en la invasión de un país con más de 80 millones de habitantes nacionalistas y desconfiados, utiliza el arma de las sanciones, prohibiendo a todos los países del planeta comerciar con Irán. Grandes empresas europeas han salido del país, a regañadientes, siguiendo los dictados de Estados Unidos. La idea es empobrecer a la población hasta el punto de que ésta se lance a la revuelta.

Cínico y aleatorio cálculo. El régimen iraní no se amedrenta y anuncia que bloqueará el estrecho de Ormuz si se le impide la exportación de su petróleo. Esta medida limitaría enormemente el comercio de Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes y Arabia Saudí, todos ellos aliados de Estados Unidos, en marco de su gran alianza histórica con el eje sunita.

Los norteamericanos, evidentemente, no pueden tolerar tal eventualidad y la tensión aumenta cada día que pasa: varios petroleros saudíes han sido saboteados y varios drones han sido enviados sobre las estaciones petrolíferas de Arabia Saudí. Los rebeldes hutíes del Yemen, apoyados por Teherán, han reivindicado los ataques, pero los observadores ven la mano oculta de Irán.

La flota americana patrulla cerca de las costas iraníes e Irán está presto a defenderse. El consejero John Bolton, antiguo colaborador de la administración Bush, que nunca se ha arrepentido de la calamitosa intervención estadounidense en Irak, enciende la llama e intenta acelerar el derrocamiento del régimen iraní. Hasta tal punto que Trump declaraba: “Soy yo quien modera a John Bolton, ¿no es increíble?”

Entre tanto, Arabia Saudí, que sueña con debilitar el poder de Irán en la región, avanza con paso firme en esta estrategia de tensión, mientras Rusia y China hacen un llamamiento a la moderación y la negociación.

Esta partida de póker no está exenta de peligros ciertos. ¿Atacará finalmente Trump a Irán? Fuente: Boulevard Voltaire