Las raíces del islamo-izquierdismo, por Valérie Toranian


¿De dónde viene el islamo-izquierdismo? ¿Cuáles son sus raíces históricas? ¿Por qué esta corriente política marginal, encarnada por una izquierda radical muy poco representativa, despliega tanta influencia en la vida cultural universitaria, en la sociedad y en los medios? ¿Cómo se ha producido esta deriva de la izquierda que conducirá a una auténtica fractura ideológica en el seno del campo progresista?

«Desde su origen, los grupos revolucionarios han tenido por objetivo principal fundirse con las masas para orientarlas mejor. Si ellas llegan a ser islamistas (…), los marxistas deben aportarles un “apoyo crítico”. Tal era, en 1920, la consigna del Congreso de los pueblos de Oriente, que se celebró en Bakú bajó la égida de la Internacional comunista», recuerda el periodista Christophe Bourseiller.

El vínculo histórico entre ciertas ideologías de izquierda y el islamismo es innegable, reconoce el sociólogo y filósofo Raphaël Liogier. Se construyó «a partir del siglo XIX, en parte a través de la crítica del Occidente moderno», y se convirtió en el «campeón de la lucha contra el capitalismo destructor, portando las reivindicaciones de los condenados de la Tierra». 

De ahí la seducción que continuamente han ejercido sobre cierta izquierda los Hermanos Musulmanes, que supuestamente encarnan el islamismo más “social”. He aquí por qué Tariq Ramadan, nieto del fundador de la hermandad, disfrutó de cierto prestigio y constituirá, a principios del siglo XXI, el principal puente entre los trotskistas franceses y los Hermanos Musulmanes, escribe Christophe Bourseiller.

La “ummah”, la comunidad de musulmanes, sustituye poco a poco al proletariado internacional. Sintiendo que la clase obrera se les escapa a partir de la década de los 80, incluso la CGT ocupará su lugar con la religión. «Es casi divertido, escribe el filósofo Denis Maillard, ver al personal de la CGT ‒sin duda sólidos materialistas ateos‒ negociar paso a paso para que, con el micrófono en mano sobre los aparcamientos de las fábricas, “los camaradas magrebíes pueden, como todo el mundo, practicar su religión”». Más allá de la anécdota, señala, «la irrupción del hecho religioso en el seno mismo del sindicalismo es el síntoma del debilitamiento (incluso el colapso) de las instituciones de la socialdemocracia».

¿Cómo definir el islamismo-izquierdismo? Para el académico fundador de Primavera Republicana, Laurent Bouvet, este movimiento «combina un radicalismo político muy marcado, especialmente en la reivindicación de un cierto grado de violencia contra el Estado y las fuerzas del orden», y una «tradición anticapitalista con una complacencia, cuando no una connivencia, con la causa islamista». La laicidad, prosigue, «es vista como un espantapájaros, en el mismo rango que la República, el Estado, la Nación… Es rechazada (…) como una herramienta en manos de los dominadores occidentales, “blancos”, cristianos (y judíos) contra aquellos que aparecen (..) como la figura ideal de los dominados: los musulmanes». 

“Islamo-izquierdismo” es una “palabra comodín” que no significa realmente nada y que sirve para descalificar al adversario en el debate de las ideas, acusan los partidarios de la izquierda que reivindican un combate contra la islamofobia. «El islam no es solamente denigrado, objeto de condescendencia, asimilado a la religión del colonizado. Se ha convertido en el objeto de la angustia de ser colonizado por aquellos “que nosotros una vez colonizamos, es decir, árabes y africanos», explica Raphaël Liogier.

Denunciar el racismo es una evidencia para cierta izquierda radical. Pero ¿y el antisemitismo (contra los judíos)? «Desde los años 2000, la izquierda radical no ha sido capaz de frenar un antisemitismo militante cuyo virulento antisionismo es, con frecuencia, su falsa máscara», constata Didier Leschi, director de la Oficina francesa de la inmigración y de la integración. Como prueba, «la incapacidad de las organizaciones de extrema izquierda para excluir de sus manifestaciones de apoyo a la causa palestina, los eslóganes judeofóbicos y las corrientes claramente antisemitas que se reclaman del islam». 

Igualmente, la incapacidad para ver el mortal antisemitismo de origen árabe-musulmán. Y la incapacidad para tomar distancias con Houria Bouteldja, portavoz del Partido de los indígenas de la República, cuando estos indigenistas “asocian judío” y “peligro homosexual”, fustigan al “imperialismo gay” que estaría dirigido a imponer en el Tercer mundo una occidentalización de las sociedades y una desvirilización de los hombres indígenas (…) “Este tipo de prosa, si no fuera porque sale de la boca de una mujer de origen inmigrante, sería inmediatamente descalificada”, remarca a Didier Leschi.

Pero Houria Bouteldja, por el contrario, tiene derecho en las columnas de Le Monde a una tribuna de apoyo firmada por intelectuales radicales, recuerda Jean-Claude Michéa. Esto dice mucho, prosigue el filósofo, «sobre el estado de descomposición moral e intelectual, y del pánico ideológico, de esta fracción de la extrema izquierda que, visiblemente, no tiene más ambición intelectual, actualmente, que la de demostrar por todos los medios que pertenece a la parte “recuperable” de la “raza blanca”». 

El islamo-izquierdismo, precisa el historiador Jacques Julliard, es el rechazo y el odio a la identidad francesa: «todo pasa como si solamente los dominados, los antiguos colonizados, tuvieran el derecho a una identidad, pero no los franceses, porque ellos son culpables. Se trata de un “neovichysmo”. En efecto, Pétain siempre está ahí culpabilizando a los franceses (…) Francia ha cometido crímenes, yo siempre los he combatido, pero pasar el tiempo pidiendo a los franceses que hagan penitencia, eso es “petainismo”, no republicanismo».

El periodista Edwy Plenel es una de las figuras más mediáticas de la corriente islamo-izquierdista. Explicó en la televisión, después de la masacre de Charle Hebdo en enero de 2015, que “el odio no puede excusarse en el humor”. ¿Una forma de sugerir que los dibujantes y diseñadores del semanario se lo habían buscado…? Su sitio, Mediapart, retransmite inmediatamente después de cada atentado una campaña, no contra el islamismo, sino contra la islamofobia y el estado de urgencia.

Para Alain Minc, que conoció bien al periodista trotskista en la época en que él dirigía la redacción de Le Monde, Plenel, “medio policía, medio profeta”, se ve como el heredero de Charles Péguy, el “deshacedor de entuertos”, y de Frantz Fanon, el defensor de los condenados de la Tierra.

«Plenel es un realista, en el sentido filosófico medieval del término, es decir, alguien que cree en la realidad de las ideas más que en la verdad de las multiplicidades. No cree lo que ve, pero ve lo que cree», escribió el filósofo Michel Onfray en su análisis con escalpelo del “plenelismo”. Racismo, islamofobia, xenofobia: tres palabras bajo la pluma del periodista-vedette de Mediapart para fustigar permanentemente al interlocutor. Pero, prosigue el autor de Cosmos y decadencia, «si decimos que el Corán contiene versos homófobos, misóginos, falócratas, belicistas, antisemitas, y realmente están ahí, y que su uso político asusta a cualquiera que defienda los valores republicanos franceses, a saber, libertad, igualdad, fraternidad, laicidad, porque considera que estos valores están en peligro, si decimos todo esto, entonces es que, según Plenel, somos culpables de odio hacia todos los musulmanes, y entonces, efectivamente, ningún diálogo es posible». ■ Fuente: Revue des deux mondes