Sexualidad: los lobbies hacen la guerra, no el amor. Los lobbies progresistas utilizan el género y la sexualidad como arma política, por François Martin


Lejos de ser una cuestión de orden privado, la sexualidad es una poderosa arma política. Los lobbies progresistas la utilizan contra la Iglesia y la “dominación” masculina para imponer mejor su punto de vista.

Es habitual decir que, en materia sexual, la libertad individual prevalece por encima de todo. La sexualidad sería la cuestión más privada y, en consecuencia, la menos política que existe. En realidad, es exactamente lo contrario. No hay cuestión más política, pese a las apariencias, que la sexualidad.

Las cuestiones sociales, y por lo tanto políticas, vinculadas a los comportamientos sexuales son absolutamente primordiales, porque de los comportamientos sexuales dependen las actitudes en relación con la noción de familia y educación, pero también en relación con la filiación, el arraigo, el trabajo, el consumo y la relación con los demás. El comportamiento sexual determina, a fin de cuentas, una actitud y una filosofía en relación con la vida en general. A pesar de las distintas fuerzas políticas, el sexo está, por estas razones, en el corazón de una batalla ideológica sin cuartel. Muchos ejemplos lo demuestran.

La Iglesia, madre de todos los males
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Uno de ellos es el descrédito que sufre la Iglesia católica en la sociedad actual. Jérôme Fourquet se equivoca en este punto. No hay desinterés por la Iglesia. Lo que hay, visiblemente, es una voluntad de hacerla callar, incluso de hacer desaparecer, políticamente y, si es posible, también socialmente. En el plano de la sexualidad, las posiciones que defiende oficialmente, son, de hecho, contrarias a la filosofía de la libertad sexual sin tabús ni prohibiciones que propone el progresismo moderno. En el mejor de los casos “conservadora”, en el peor “rígida”, “atrasada”, incluso “medieval”, la Iglesia es, en cualquier caso, una vergüenza, un obstáculo para vivir y bailar en círculos.

Los medios, grandes defensores del progresismo, tienden a menospreciar a los interlocutores católicos, a minimizar las persecuciones o las profanaciones de que son objeto. Después de todo, si el progresismo es el “Bien”, la Iglesia y sus fieles, salvo que abracen las tesis relativistas (evitando tomar posición) en materia sexual, están claramente en el campo del “Mal”, y si experimentan retrocesos y reveses es por este hecho. 

Este es el criterio con el que deben juzgarse los recientes ataques contra la Iglesia en el caso de la pedofilia. Estos graves hechos deben ser juzgados y condenados en todos los ámbitos, sin embargo, las demandas se centran casi exclusivamente contra esta institución: no sucede lo mismo en los ámbitos deportivo, educativo, hospitalario, etc. ¿No existen delitos de este tipo en estos ámbitos? En todos los actos y actitudes reprochables o condenables hay una especial y constante “omertá” contra la Iglesia, lo que constituye una evidente intencionalidad política.

Esos hombres que explotan a las mujeres
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El otro ejemplo, que tiende a mostrar que la cuestión sexual es una guerra ideológica sin cuartel, es la lucha de las feministas contra la presunta “dominación masculina”.

La afirmación, repetida constantemente en los medios de comunicación, de que "una mujer muere cada tres días bajo los golpes de su compañero” es, por ejemplo, muy escuchada. Efectivamente, es cierto que cada año mueren en Francia unas 110 mujeres al año asesinadas por sus compañeros (cónyuge, pareja, excónyuge o expareja). Este número de muertes es tremendo, pero según los datos estadísticos representa el 0,00069% si consideramos que hay 32 millones de personas que viven en pareja. Menor es el número de hombres que mueren a manos de sus parejas femeninas, unos 30 al año. En general, se producen en Francia 930 asesinatos al año, cifra en la que se incluyen las anteriores. De ello podría concluirse que, en general, la relación entre hombres y mujeres que viven o han vivido en pareja es bastante aceptable, contra lo que se dice habitualmente. Sin embargo, los medios insisten en fabricar una guerra de género entre hombres y mujeres, dando prioridad así a un combate político dirigido a desmantelar la concordia entre los sexos.

Otro aspecto de esta "guerra" es la lucha llevada a cabo por las feministas por la igualdad entre hombres y mujeres en el dominio del trabajo. Una investigación reciente permite plantear algunas cuestiones interesantes.

De su lectura se desprende claramente que la cifra del 23,8%, que suele ser mediatizada como la "brecha más elevada en materia de desigualdad salarial", es engañosa, ya que mezcla el trabajo a tiempo completo y el trabajo a tiempo parcial. Si bien es cierto, según el estudio, que el 80% de los empleos a tiempo parcial (que el estudio equipara arbitrariamente a "empleos precarios", lo que no es necesariamente el caso) son ocupados por mujeres, es evidente que el hecho de mezclar trabajo a tiempo completo y a tiempo parcial falsea totalmente las estadísticas. Para hacerlo bien, hay que medir las diferencias entre trabajos parciales femeninos y masculinos, así como entre trabajos a tiempo completo en unos y otros. Esto no se hace así, por lo que el resultado, evidentemente, no es el mismo. En realidad, si el método utilizado comparase las diferencias en ambos tipos de trabajo, la diferencia no sería más que del 9%. Pero no es esta cifra la que interesa a los medios progresistas.

¿Qué lectura hacer de estas estadísticas? El hecho de que la discriminación no lo explica todo. Numerosas parejas modulan sus trabajos o sus carreras para integrarlas en sus respectivas estrategias familiares. En el caso de las parejas con bajos ingresos será más habitual que las mujeres ocupen empleos a tiempo parcial (o empleos en la función pública, donde ellas son mayoría) para liberar tiempo que dedicar a sus hijos. La misma modulación en el caso de las personas con altos ingresos. Algunas mujeres diplomadas, después de haber sido contratadas con un salario igual al de los hombres, eligen ralentizar sus carreras y no progresar jerárquicamente para así poder dedicar más tiempo a sus familias. Al contrario que los hombres, ellas no se dejan “devorar” por la empresa, y esa elección es más que legítima.

No negamos la existencia de discriminación, sólo señalar que la mayoría de las estadísticas publicitadas están falseadas. Los estudios nunca incluyen las estrategias familiares en relación con los hijos. Siempre presentan las diferencias como imposiciones o sufrimientos obligatorios, cuando no siempre es el caso. Este enfoque no es un descuido, siempre está dirigido políticamente.

El sexo es vida
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Detrás de los ataques contra la Iglesia, defensora de un modelo caduco del pasado, detrás de la puesta en escena del enfrentamiento en las parejas, detrás de la reducción de las mujeres a puros objetos profesionales sin otra estrategia que la de trabajar lo más posible, se oculta un cálculo muy sórdido: hacer de los hombres y las mujeres individuos desafiliados, abandonados a la máquina liberal. Cuando los hombres y las mujeres se conviertan definitivamente en enemigos, ya no habrá parejas, y ellos sólo podrán reunirse esporádicamente como socios sexuales momentáneos.

Los lobbies progresistas lo saben bien: la sexualidad es la noción política por excelencia. A través de ella, se puede promover, bien una sociedad humana y pacífica, que se organiza en torno a la familia y los hijos, donde el trabajo y el dinero tienen, sobre todo, el sentido de la gratuidad y del don familiar, o bien una sociedad puramente liberal, centrada en torno a los deseos individuales y al trabajo como medio y pretexto para satisfacerlos sin límite. En su lucha encarnizada para imponer una sexualidad de autoservicio y de “barra libre”, los lobbies progresistas-sexualistas son los cómplices, perfectamente conscientes, de los poderes económicos. Pertenecen al mismo mundo. Aunque siguen siendo una minoría, estos lobbies han tomado el poder y los imbéciles les dejan hacer. Como en todas las materias, las ovejas parecen no ver que hay lobos al otro lado… y estos lobos se convertirán en totalitarios, no estamos lejos de ello. Bienvenidos a Orwell. Fuente: Causeur