Marine Le Pen y la deconstrucción europea: la confederación europea de las patrias, por Mathilde Lanathoua (I)


El rechazo de la Unión europea ocupa un lugar preponderante en el programa del Rassemblement National (antiguo Front National, en adelante RN) de Marine Le Pen. Este rechazo condiciona, de hecho, la mayoría de sus proposiciones claves: la restauración de un Estado fuerte y soberano, el retorno al franco (ahora matizado en favor de una reforma del euro), el reforzamiento de las fronteras para luchar contra la inmigración masiva y la instauración de un proteccionismo económico.

Considerando que el proyecto europeo, construido en detrimento de los Estados-nación, es un total fracaso y que la crisis actual no es más que el signo de su agonía, Marine Le Pen propone la “deconstrucción europea”:

«La Europa de Bruselas» sería un «super-Estado eurocrático» cuya tutela conduce a la ruina a millones de europeos. Francia debería recurrir al artículo 50 del tratado de la UE para «renegociar los tratados» a fin «de poner fin a la servidumbre de Francia, restaurar nuestra soberanía nacional en el conjunto de dominios en los que ha desaparecido, recuperar nuestro poder». Un «ministerio de soberanías» sería el encargado de la renegociación de los tratados «para restaurar la soberanía nacional».

La prioridad de Le Pen es el restablecimiento del control de las fronteras gracias a una salida del espacio Schengen. Francia debería igualmente recuperar su moneda y su política monetaria, saliendo de la zona euro y volviendo al franco, lo que debería permitir, en fin, efectuar devaluaciones competitivas. Estas negociaciones se dirigirían también a hacer que el derecho nacional vuelva a primar sobre el derecho europeo. Finalmente, la contribución neta francesa al presupuesto europeo debería ser nula, al objeto de liberar beneficios para el apoyo de la agricultura francesa.  

Marine le Pen precisa que, en caso de fracaso en las negociaciones, se realizaría un referéndum sobre la salida de la UE. Numerosas medidas serían, en cualquier caso, inmediatamente adoptadas, tales como el abandono de la bandera europea en los establecimientos públicos, la suspensión de la aplicación de las directivas europeas «de liberalización de los servicios públicos», o el abandono de la PAC (política agrícola común).

Como alternativa a la UE, Le Pen propone una «Europa de las Naciones», fuera de las instituciones europeas, dirigida a una cooperación industrial, cultural y científica. Se trataría de una «asociación libre de Estados europeos compartiendo la misma vision y los mismos intereses sobre temas tales como la inmigración». Más allá de esta «Europa de las Naciones», ella contempla también una «Unión paneuropea» de Estados soberanos, que integraría también a Rusia y Suiza, respetando los respectivos estatus de neutralidad, así como el derecho y la fiscalidad nacional. En ningún caso sería admitida Turquía.

La estigmatización de la UE en el corazón del discurso del RN es un rasgo común a la gran mayoría de los partidos de derecha radical europeos. Acusan a las instituciones europeas por el diktat que imponen a los Estados y consideran que los presuntos logros de la Unión, ya sea el euro, el mercado único o la libertad de circulación, son absolutos fracasos. Esta virulencia se explica por la profunda antinomia que existe entre los objetivos de la integración europea y el de estos partidos. Los mismos principios del proyecto europeo son incompatibles con la visión y las prioridades del RN.

La integración europea: un enfoque antinacional

La construcción europea fue lanzada con el primer objetivo de «establecer los fundamentos de una unión cada vez más estrecha entre los pueblos europeos», no limitándose a la cooperación, sino a la integración, implicando un reparto de la soberanía, transferencias de competencias a escala supranacional, la primacía del derecho europeo sobre el derecho nacional y el otorgamiento de una ciudadanía europea que superase el marco nacional, todo lo cual podría, en opinión de algunos, tender hacia el federalismo, hacia un Estado postnacional. Esta concepción choca frontalmente contra la concepción nacionalista, soberanista y diferencialista del RN, según la cual la nación y el Estado son indisociables, y la nación francesa, por su excepcionalidad, no podría ser puesta en el mismo plano que otros países en el seno de la Unión.

La soberanía nacional no puede, según esta visión, ser ejercida más que por el Estado-nación, y cualquier cesión de parte de la soberanía y transferencia de competencias a la Comisión europea o al Banco central europeo, es considerada por el RN como un abandono de soberanía, una servidumbre del gobierno francés frente a las agencias bruselenses.

La identidad nacional no puede, por las mismas razones, concebirse y perpetuarse más que en su marco natural, el Estado-nación, por lo que estaría amenazada de desaparición en la UE. Su integración en este “conglomerado” contribuiría a “diluirla en una suerte de imperio impotente, privado de identidad”. Ya Jean-Marie Le Pen decía en 1992: «El tratado de Maastricht destruye nuestra identidad nacional. Transfiere nuestra soberanía a un super-Estado federal europeo». Y su hija Marine decía: «el dogma europeísta procede de un enfoque supranacional, es decir, fundamentalmente antinacional». La visión del RN está en las antípodas de Jean Monnet, el cual aseguraba en su época: «El sentimiento de solidaridad entre las naciones nos llevará a superar los nacionalismos (…) Sobre estos antiguos basamentos hay que edificar un nuevo estrato. Lo supranacional reposará sobre los cimientos nacionales. No habrá así ninguna renuncia a pasados gloriosos, sino una nueva expansión de las energías nacionales, puestas al servicio común de la comunidad supranacional».

El espacio común y la ampliación: el dogma de la apertura de fronteras contra la nación

Antinacional por su enfoque supranacional, la integración europea también lo sería por la supresión de las fronteras nacionales, la imposición de un espacio común de libre circulación donde la competencia es libre y la creación del espacio Schengen, que hacen imposible el proyecto fundamentalmente proteccionista del RN, dirigido a detener la inmigración y poner en marcha un “patriotismo económico” mediante el restablecimiento de los derechos aduaneros y de la preferencia nacional.

La constitución de un espacio común donde circulan libremente los bienes, servicios, mercancías y personas es, por principio para el RN, una herejía, porque el control de las fronteras debe derivar estrictamente del dominio soberano. Este proyecto no puede sino debilitar al máximo el papel del Estado y suprimir cualquier tipo de frontera, todo lo cual procede del ultraliberalismo. La UE se presenta por el RN como “el caballo de Troya de la mundialización ultraliberal”. La libre circulación y competencia estarían prohibidas por el patriotismo económico y la preferencia nacional.

La ausencia de delimitación de las fronteras europeas y las políticas de ampliación de la UE constituirían, por lo mismo, un peligro para la nación, cada vez más diluida en un gran conjunto anónimo. La perspectiva de adhesión de Turquía, poblada por 80 millones de habitantes, mayoritariamente de confesión musulmana, sería simplemente insoportable.

La Unión europea, la antecámara de un Estado total y global

Para el RN, este enfoque antinacional y este liberalismo hacen de la construcción europea un agente del mundialismo. Marine Le Pen designa así la ideología que defiende un “mundo globalizado sin Estados” en el cual se impondrían “universalmente, el modelo occidental americano y un hombre nuevo que sólo estaría unido a los demás por sus pulsiones consumistas”. Este mundialismo reposa sobre el dogma transnacional, que haría desaparecer las fronteras y se dirigiría a “imponer la idea de un país sin pueblo”, así como sobre “el dogma neoliberal del dejar-hacer”, imponiendo finalmente su ley a los Estados como lo demostraron las crisis de las deudas soberanas. El “monstruo europeísta” deviene así en “la antecámara de un Estado total, global, mundial”. Para el RN, el mundialismo y el islamismo son los dos totalitarismos modernos y el “sueño europeísta” no sería más que un vector de los mismos.

Unidos en la diversidad: una amenaza para la identidad

La visión frontista tiene, además, una visión de la persona y de la identidad radicalmente opuesta a los valores del proyecto europeo. El nacionalismo del RN implica que los intereses de los franceses “estén antes que los intereses de los demás pueblos, incluidos el resto de europeos”. Promover un interés general europeo por la Comisión europea, por encima del interés nacional francés, es para el RN una violación del principio de los pueblos a disponer de sí mismos. Esta reflexión se encuentra también en casi todos los partidos de derecha radical europeos.

El pensamiento profundamente inigualitario del RN insiste sobre el carácter excepcional y superior de la identidad francesa: «Nosotros creemos que Francia ocupa un lugar singular en Europa y en el mundo, porque nuestro pueblo resulta de la fusión única de las virtudes romanas, celtas y germanas», afirmaba Jean-Marie Le Pen en 1988, añadiendo después que “sin desigualdad, Francia no sería Francia”.

Los valores del proyecto europeo serían la igualdad y la solidaridad entre los pueblos que se han enfrentado durante siglos y han visto desaparecer su civilización humanista en los horrores de las dos guerras mundiales. El RN no comparte esta herencia. La UE habría intentado hacer imposible la guerra entre los pueblos europeos, uniéndolos siempre más estrechamente y haciéndoles compartir los valores universales que, presuntamente, constituyen los derechos inviolables e inalienables de la persona, la igualdad, el pluralismo, la no-discriminación, la tolerancia, la justicia y la solidaridad. Estos valores se reflejan en una de las divisas de la UE: “Unidos en la diversidad”. Pero el RN sólo concibe la proximidad en la similitud, entre “países de civilizaciones vecinas, de niveles de desarrollo económico y social comparables”, como recordaba Marine Le Pen.

Esta similitud la encuentra el RN, por ejemplo, en otros partidos europeos de derecha radical, igualmente nacionalistas, soberanistas y antiinmigracionistas, con los cuales forman en el Parlamento europeo la "Europa de las Naciones y las Libertades". Sus otros miembros: la Liga Norte italiana de Matteo Salvini, el Jobbik húngaro, el Partido de la Libertad austríaco (FPÖ) de Heinz-Christian Strache, el Vlaams Belang belga-flamenco, el Partido de la Libertad holandés y el Partido nacional-demócrata sueco. El antiguo grupo “Identidad, Tradición, Soberanía” se disolvió por sus fuertes tensiones internas. Según estas formaciones políticas, los europeos se encuentran ante una elección binaria: o se opta por la mundialización, que es el proyecto de la UE, y la disolución de los valores de nuestra civilización, o se elige la Nación.

El dogma europeísta, un proyecto irracional

El RN no admite los fundamentos ni la posible eficacia del proyecto europeo. Marine Le Pen martillea este mensaje a lo largo de sus discursos para impugnar la racionalidad de las políticas europeas, denunciando “el dogma europeísta”, “el dogma de la apertura de las fronteras”, “el dogma de la libre competencia” y “el dogma del euro”. Con ello, pretende que el desarrollo de la UE es incontrolable. Los actores europeos proseguirían su empresa a alto coste sin tener en cuenta su peligrosidad y sus fracasos. Los gobiernos europeos, cegados por “el dogma europeísta” se obstinarían en presevar la zona euro en lugar de sacar a la Unión de la crisis. Serían estos “europeístas” los que deformarían la realidad explicando, para reforzar la UE, que la crisis es asunto de una “falta de más Europa”. Como siempre, dice Le Pen, el fracaso de la política europea es tratado con más federalismo europeo, como los médicos de Molière trataban la anemia de sus pacientes con una sangría. (Ir a 2ª parte)

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