La Carta Europea de Lenguas Regionales y Minoritarias: lo que esconde el engendro…, por Guillaume Faye


Bajo el pretexto de defender las “lenguas regionales” (bretón, occitano, corso, alsaciano, vascuence, etc.) con un objetivo, en apariencia, de preservar la identidad y el arraigo de nuestras provincias, se preparan disposiciones legislativas bastante retorcidas. 

El objetivo cínico de la izquierda en el poder no es evidentemente preservar nuestras identidades regionales sino hacer recular la lengua nacional en beneficio, por un lado, de los dialectos regionales, pero sobre todo, del árabe y de las lenguas extraeuropeas, asimiladas a las “lenguas minoritarias”. Desencriptemos el asunto.

Un embrollo jurídico
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En Francia, el gobierno adoptó, sin mucho ruido, el 31 de julio de 2015, un proyecto de ley constitucional autorizando la ratificación de la Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias, en estos términos: “La República puede ratificar la Carta Europea de Lenguas Regionales y minoritarias aprobada en Estrasburgo el 5 de noviembre de 1992”. La palabra importante aquí es “minoritaria” y no “regional”. “Minoritaria” en la neolengua significa “inmigrante”.

En 1999, el Consejo Constitucional había declarado que esta Carta Europea era contraria a la Constitución porque contradecía el principio de igualdad contemplando unos derechos específicos para “grandes grupos de locutores de lenguas minoritarias” en el interior de los “territorios”, otorgándoles el derecho de emplear su otra lengua en lugar del francés “en la vida pública”, es decir, ante las “autoridades administrativas y servicios públicos”. El Consejo Constitucional subrayó que esta Carta europea “ataca los principios constitucionales de indivisibilidad de la República, de igualdad delante de la ley y de unicidad del pueblo francés”. El gobierno socialista de entonces hizo caso omiso de estas indicaciones. Democracia...

El Consejo de Estado, el 30 de julio de 2015, advirtió también que la Carta de las Lenguas Regionales no era conforme a los principios constitucionales. En su opinión, abría la puerta a las reivindicaciones particularistas y se corría el riesgo de dinamitar “el pacto social”.  ¿Vamos, pues, a revisar la Constitución mediante una “ley constitucional” para pasar por encima de la opinión del Consejo de Estado y la sentencia del Consejo Constitucional?

Hay que saber que tanto los defensores como los adversarios de esta Carta de Lenguas Regionales pelean y reclaman en nombre de los mismos principios de igualdad y de no discriminación. Esta historia de las lenguas regionales es, pues, un embrollo ideológico más.

Según esta Carta de lenguas “regionales y minoritarias”, una persona que esté frente a los tribunales o a cualquier otra administración tiene perfecto derecho a no utilizar la lengua mayoritaria en favor de la lengua regional que corresponda. Esto es una broma tremenda. Todo el mundo sabe que el 100% de los bretones, corsos, alsacianos, vascos, catalanes y antilleses hablan perfectamente la lengua nacional, y que el 95% no dominan en absoluto su “lengua regional”. Y los que la dominan no tienen ningún interés en complicarse la vida exigiendo a los demás el emplearla en su relación con las administraciones públicas.

En realidad, aparte del bretón que es un caso especial y que ha sido modernizado, que es una lengua viva, enseñada y resistente al mismo nivel que el corso, las “lenguas regionales” de Francia son piezas de museo, unas curiosidades totalmente fuera de la historia como el occitano, por ejemplo. Es una constatación histórica. En cuanto al alsaciano, no es una lengua propia, sino un dialecto germánico en vías de desaparición. Es una pena. Nadie impide, a los defensores de todas estas lenguas, enseñarlas, extender su uso y escribirlas. ¡Pero no para emplearlas ante las administraciones públicas!

De hecho, se desvía, a sabiendas, el objetivo de la Carta Europea de las Lenguas Regionales: esta última estaba destinada a unos países europeos que tienen, en efecto, además de la lengua nacional, varias lenguas vivas locales y muy habladas. ¡Pero éste no es el caso de todos los países donde hay más de una lengua!

Un plan disimulado contra la lengua nacional
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Esta ratificación de las lenguas regionales y minoritarias tiene como objetivo, la verdad sea dicha, otro muy diferente que el de defender las lenguas europeas minoritarias y arraigadas. Se trata de permitir a las poblaciones de origen inmigrante el hacer valer su lengua nativa y tener el derecho de no emplear la lengua nacional. No nos harán creer que un bretón, un corso o un alsaciano delante de un tribunal, de una ventanilla de la Seguridad Social o ante un formulario administrativo no pueden emplear la lengua nacional y preferiría su lengua “regional” que, en el 99% de los casos no domina o incluso ignora totalmente.

Sin embargo, existe, desde hace poco tiempo, dos nuevas categorías de poblaciones: 1) inmigrantes, en general clandestinos, que no dominan el francés; 2) otros que, aunque lo dominen, por reivindicación u hostilidad, no esperan más que una sola cosa: la instauración del árabe o del turco (como un derecho) en la práctica oficial lingüística. Imaginamos las consecuencias. Serán imposibles de gestionar. Delante de un tribunal o una administración, una persona podrá utilizar su “lengua minoritaria” para ralentizar o frenar los procedimientos solicitando traductores, por ejemplo. A los islamizadores de Europa les parecerá una idea estupenda.   

El objetivo oculto es suprimir el uso oficial del francés instituido desde 1539 en lugar del latín como lengua político-administrativa obligatoria. Se trata de un trabajo apenas disimulado de desnacionalización y deseuropeización. Nuestros vecinos y amigos alemanes, españoles y otros están también en el objetivo. La llegada masiva de oleadas de inmigrantes clandestinos que no hablan casi o hablan mal las lenguas europeas aumenta la urgencia del problema.

Esta Carta de Lenguas Regionales abre pues la caja de Pandora a las reivindicaciones de hablantes de lenguas extranjeras en Francia (y de regionales, nada) que van a decir: ¿Y por qué no nosotros? Es la puerta abierta (¿y querida?) a las exigencias de uso del árabe, el turco o las lenguas extraeuropeas en la vida cotidiana y en sus relaciones con la administración. Se trata de un trabajo de zapa y de subversión. El trotskismo anda cerca, y el islam también...

Los órganos del Consejo de Europa están encargados del respeto de la Carta de Lenguas Regionales. Como en todas las materias, las instituciones europeas no elegidas (pero designadas por sus pares), antidemocráticas, instancias estrictamente partisanas e ideológicas, nos imponen objetivos contra la verdadera identidad europea y la opinión de los pueblos del continente.  

Y al contrario, frente a la dominación de la lengua angloamericana en las instituciones europeas, el Consejo de Europa o la Comisión no hacen nada, no promueven ninguna “carta” de igualdad de las lenguas nacionales. Gran cantidad de documentos no se traducen en las lenguas nacionales y son entregados en inglés. ¿Dónde está la igualdad?

La Carta de Lenguas Regionales es, pues, un engendro, una estratagema ideológica, que utiliza la defensa de las identidades regionales europeas para promover las lenguas y las culturas extraeuropeas, en particular el árabe y el turco. Hace falta ser idiota para dejarse caer en esta trampa.