Los peligros de una "sociedad sin cash" ¡Mañana, todos fichados!, por Guillaume Travers


Por todo el mundo, voces influyentes se elevan para pedir la retirada de la circulación de los billetes de banco más grandes y finalmente hacer desaparecer los pagos en metálico. Si la llegada de una "sociedad sin cash" (cashless society) puede parecer una pura cuestión tecnológica, no lo es para nada. Los intereses son considerables. La desaparición del pago en metálico permitirá una vigilancia generalizada y una centralización todavía mayor de la economía.

Bajo el auspicio de la ONU, y con el sostén de numerosas instituciones financieras multinacionales (como Visa, Mastercard y la Fundación Bill y Melinda Gates), reunidos en el seno de la Better Than Cash Alliance, una presión creciente se ejerce sobre los gobiernos del mundo entero para pedir la retirada progresiva del dinero en metálico del sistema monetario. Actualmente Suecia es el país que se ha lanzado más ardorosamente a esta vía. En 2016 menos del 1% de los pagos (en valor) se hicieron en metálico. Numerosas tiendas no aceptan más que pago electrónico, por tarjeta o teléfono. En cuanto a iglesias y albergues, estos son cada vez más los equipados de terminales de pago. la voluntad de suprimir el dinero en metálico se hace sentir en Europa, donde los billetes de 500 euros no se imprimen desde finales de 2018. En muchos países (12 de 27 en Europa), los límites de pago en metálico han sido recientemente reglamentados. En Francia desde 2015, los pagos en metálico entre particulares y empresas son limitados por ley a 1000 euros. Finalmente, en Estados Unidos, el antiguo Secretario del Tesoro Larry Summers es partidario de la retirada "lo más rápido" de los billetes de 100 dólares, el mayor corte, representando el 78% de todo el metálico en esta divisa.

La "guerra al metálico"

¿Porque semejante voluntad de suprimir los pagos en metálico? La más acabada defensa de la "sociedad sin cash" se debe a Kenneth Rogoff, profesor de economía en Harvard, en The Curse of the Cash, aparecido en 2016. Para este antiguo economista jefe del FMI, si todos los pagos son electrónicos, un gran número de actividades informales serán difícilmente prestadas: Así, en la medida en que el metálico permite un anonimato total de las transacciones, ellas son, según Rogoff, el modo de pago privilegiado para un gran número de actividades criminales: tráfico de drogas, terrorismo, corrupción, etc. Por otra parte, las transacciones en metálico permiten también el fraude y la evasión fiscal. Si el pago electrónico se generaliza, potencialmente ningún intercambio escaparía a los impuestos.

El segundo argumento principalmente avanzado por Rogoff, es más técnico, y concierne a la política monetaria. En período de crisis, los bancos centrales tienden a bajar los tipos de interés, con la esperanza de relanzar la economía. Sin embargo, la existencia de dinero en metálico implica que las tasas de interés no pueden descender por debajo del 0%, o solo de manera muy marginal, porque entonces el público retiraría sus depósitos de los bancos para guardar billetes. Este límite de los tipos de interés al 0% (Zero Lower Bound) limita la capacidad de acción de los bancos centrales, y es considerada por Rogoff como una fuente de ineficacia. Si el metálico desapareciera, a la inversa, los bancos centrales podrían imponer no importa que tasa negativa sin que los depositantes pudieran hacer nada (aparte de deshacerse de su moneda consumiendo): los poseedores de dinero verían como su moneda se derretiría con el tiempo. Numerosos gobiernos y bancos centrales, en Europa o en Japón, consideran seriamente la posibilidad de imponer tasas fuertemente negativas.

Evidentemente, Rogoff es consciente de que el abandono del dinero en metálico creará potencialmente problemas para los más pobres y para aquellos que no tienen acceso a cuentas en el banco, y para el 25% de los adultos que no tienen tarjeta de crédito. la retirada de metálico, si es total, necesitara de políticas públicas para dotar de medios de pago a estos individuos, aún podemos pensar que al menos durante la fase de transición, su condición se degrade: imaginemos en la actualidad hacer un pago con tarjeta a un músico en el metro. Por esta razón, Rogoff sugiere que las monedas y los billetes pequeños puedan seguir en circulación más tiempo.  Pero otros, van más allá todavía, piden una "guerra al metálico" (war on cash), que no salvaría ni siquiera a los billetes pequeños y a las monedas.

El argumento de la seguridad

¿Qué crédito dar a estos argumentos? En lo concerniente a las actividades criminales, es innegable que el metálico juega un rol importante. Pero sería ilusorio creer que no existe ningún sustituto. La gran criminalidad irá hacia otros modos de pago, como el oro o las cryptomonedas. Un estudio reciente estima por ejemplo que un cuarto de los utilizadores de criptomonedas (bitcoin) compra o vende servicios ilegales. A la inversa, lo que se perfila detrás de la "sociedad sin cash" en una vigilancia generalizada de todos los intercambios económicos, comprendidos entre ellos los no criminales. Toda transacción será registrada y será posible, para el que acceda a estos datos, saber quién compro tal libro, tal objeto, quien frecuenta ese restaurante, etc. Una parte esencial de la vida privada desaparecerá. Todo intercambio será potencialmente transparente para los gobiernos. Tomemos por ejemplo de un gobierno molesto por la existencia de un bar o de una librería; le será posible conocer la identidad de todas las personas que frecuentan el lugar. Y donde la gran criminalidad puede esperar encontrar sustitutos a la moneda, es poco probable que sustitutos como las cryptomonedas se generalicen entre el gran público. Al mismo tiempo que lucha contra el dinero en metálico, un gobierno será capaz de luchar contra esos sustitutos.

En este contexto, si bien los gobiernos se comprometen a guardar confidenciales los datos de pagos y a no utilizarlos, esas promesas serán poco creíbles. En efecto, la utilización de datos de pagos en materia judicial es cada vez más corriente. Además, las promesas de confidencialidad concerniente a los datos privados han sido rotas muchas veces, hay testimonios de múltiples asuntos de escuchas, domésticas o internacionales (escuchas de la NSA). La confidencialidad de los datos de pagos tiene igualmente una dimensión internacional: nuestros propios pagos no serán observables únicamente por nuestro propio gobierno, sino también por gobiernos extranjeros, principalmente los Estados Unidos. En efecto, la sociedad que genera el grueso de las estructuras de pagos en el mundo, SWIFT (con sede en Bélgica), comparte desde 2010 sus datos con el gobierno americano, incluyendo los pagos efectuados en Europa. Antes de eso, los Estados Unidos ya habían utilizado de manera ilegal los datos SWIFT para conocer los pagos europeos. Así que hay detrás de esta cuestión un problema estratégico evidente.

Todo intercambio sin excepción será fiscalizado

Más allá de la única cuestión de la vigilancia, la supresión de la moneda en metálico marcará una elección política a favor de una gran centralización de la organización económica, en detrimento de modos de organización más informales. El largo período histórico permite hacerlo comprender. Tradicionalmente las economías tienen siempre una fuerte dimensión orgánica, lo que deja un lugar limitado a los intercambios monetarios formales. Las economías tradicionales están caracterizadas por el don y el contra don (Marcel Mauss), así que estructuras intermediarias juegan un rol en la distribución de recursos, fuera del sistema de precios (cooperativas, etc.). El crecimiento de los Estados centralizados opera bajo el absolutismo, luego con la Revolución -por la destrucción sistemática de estos modos de organización intermediarios, no monetarios, informales. La razón de esto es simple: para poder elevar los recursos fiscales, los estados necesitan que los intercambios sean formalizados, también los mercaderes. Todo lo aquello que no es del mercado escapa a los impuestos. Así, el crecimiento del Estado y del mercado están íntimamente ligados, y entre los dos contribuyen a hacer desaparecer las interacciones comunitarias y las estructuras intermediarias que hasta entonces habían jugado un rol preponderante. David Graeber nos da numerosos ejemplos en su best seller "Dette, 5000 ans d'histoire" (Actes Sud).

La supresión del metálico marcaría una nueva etapa en esta dirección. Si toda transacción es electrónica, todo intercambio deviene formal, salvo si volvemos al trueque. Todo intercambio sin excepción será entonces fiscalizado. Si los partidarios de la "sociedad sin cash" insisten en las recetas fiscales suplementarias que esto genera, ellos no ven los efectos redistributivos de esta fiscalización. En efecto, modos de organización relativamente informales subsisten en el pequeño comercio o en la agricultura. Se prestan pequeños servicios que escapan al intercambio formal: el vecino que viene a ayudar a cortar un árbol, un primo que atiende la tienda un par de horas. La capacidad de hacer pequeños pagos informales ha existido siempre, y permite actividades económicas locales, de talla modesta, de supervivencia. La desaparición total del metálico supondría de manera casi cierta la desaparición de estas actividades: una hecatombe para el pequeño comercio y las explotaciones agrícolas. A la inversa, las grandes empresas no estarían afectadas. Todo su funcionamiento está más formalizado, la evasión fiscal ("optimización fiscal") de la cual ellas se pueden librar, no se apoya sobre el uso de metálico, sino sobre abogados especializados. Comprendemos que no miren con malos ojos la desaparición del metálico.

La autonomía económica

La llegada de la "sociedad sin cash" lleva a una última cuestión fundamental, la de la posibilidad de preservar una forma de autonomía vis a vis de la autoridad política. En la sociedad europea tradicional, la forma de riqueza dominante, al menos desde la antigüedad, ha sido la propiedad inmobiliaria. Esta propiedad fue un atributo de los hombres libres: ella permitía una forma de seguridad, una capacidad de defenderse y auto organizarse. En la fragmentación territorial de la época medieval radica la fuente de la libertad. En la asociación entre riqueza inmobiliaria y libertades locales, Europa se distinguió largo tiempo de la mayoría de los países orientales. En estos regímenes tiránicos, la propiedad inmobiliaria estaba menos fragmentada, las libertades locales menores y la riqueza mobiliaria (oro, joyas) jugaba un rol más importante. Era móvil y anónima en contraste con la propiedad territorial, ella permitía escapar del tirano. Hay una asociación clara entre la organización política de una comunidad y la forma de riqueza dominante (mobiliaria o inmobiliaria). En este sentido, el periodo moderno puede ser visto como el derrumbamiento de un orden fundado sobre la riqueza inmobiliaria (encarnada por la aristocracia), en beneficio de un orden fundado sobre la riqueza mobiliaria (encarnada por la figura del burgués). El hombre "libre" hoy día no es el propietario de una propiedad rústica localizada, sino el detentador de acciones, líquidas y sin ataduras. Por este vuelco, la "libertad" ha cambiado de sentido: tradicionalmente, en Europa, se es libre porque se es de una tierra; hoy día se es libre porque no se es de ninguna parte.

La desaparición del dinero en metálico nos hará entrar en una tercera era, marcada por una dependencia total vis a vis de una autoridad política con prerrogativas potencialmente ilimitadas. En efecto, el fin de metálico permitirá a los bancos centrales decidir las tasas de interés fuertemente negativas sin que nadie pueda hacer nada para proteger su riqueza, ya sea mobiliaria o inmobiliaria. La posibilidad de tasas de interés muy negativas permitirá una forma de arbitrariedad estatal y una pérdida de libertades sin precedentes. Esta será una subversión más profunda todavía del orden tradicional europeo y de la concepción de la libertad que encarna.

Como escapar a la vigilancia generalizada

¿La oposición a la "sociedad sin cash" es un combate perdido de antemano? Ciertamente, los pagos por vía electrónica progresan cada año. Será perfectamente ilusorio oponerse. Esto nos hace comprender que la cuestión no está ahí. Lo que es importante no es el hecho de que utilicemos metálico cotidianamente, sino el hecho de que nosotros tengamos la posibilidad de utilizarlo, Esta posibilidad de transacciones anónimas e informales es lo que permite, si es necesario, escapar a una forma de vigilancia generalizada y de preservar algunas partes más informales de nuestra organización económica. En fin, es porque nosotros tenemos la posibilidad de retirar metálico, no porque lo hagamos realmente, que la capacidad de los bancos centrales para imponer tasas de interés negativas está limitada, por lo que una cierta autonomía económica puede ser preservada. Es por lo que es esencial disociar totalmente la cuestión tecnológica de las cuestiones políticas y económicas subyacentes. ■ Traducción: Juan Luis Manteiga. Fuente: Éléments pour la civilisation européenne